Autor: Perpiñá Rodríguez, Antonio. 
   Socialismo, estatismo, autogestión     
 
 Ya.    27/10/1977.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

SOCIALISMO, ESTATISMO, AUTOGESTIÓN

A. PERPIÑA RODRÍGUEZ

Después de analizar en anteriores artículos la naturaleza y fines del socialismo, el académico A. Perpiñá

Rodríguez se ocupa en este nuevo trabajo de los medios que el socialismo ha empleado o propugnado en

los diferentes momentos históricos para alcanzar sus metas. Puede decirse -afirma el doctor Perpiñá-

que el problema es más importante que el de los mismos fines.

EL, socialismo es una situación social y, por lo mismo, no viene "de las encinas y de las rocas" (que diría

Platón), sino de "las costumbres de los hombres mismos". Ea realización humana; pero si toda operación

racional del hombre implica una conexión de fines a lograr y de medios a utilizar al efecto, en el

socialismo tenemos que encontrar arnbas cosas. La cuestión de fines parece clara: justicia social, libertad,

igualdad y fraternidad en todos los órdenes, singularmente en el económico. ¿Y los medios? Aunque éslos

instrumentalmente estén subordinados a las finalidades, lo cierto es que aquí, como en muchas otras

circunstancias de la vida, el problema que ellos plantean es más grave y casi puede decirse, más

importante que el de los fines mismos.

TODA transformación social y política, reformista o revolucionarla, supone dos cosas: la reforma

institutionum, o reforma de las normas de convivencia en común (singularmente de las jurídicas, con su

poder de coacción), y emmendatio morum-empleamos la terminología de la encíclica "Quadragesimo

anno"-, o cambio en "las costumbres de los hombres mismos", toda vez que de igual suerte que las

ideas. Ideologías o ideales so se realizan por sí, sino por la acción humana, las normas jurídicas, morales,

etc.. son también algo espiritual que sólo toma cuerpo histórico en los usos y prácticas cotidianos. Ahora

bien : ¿qué medio utilizará el ideal socialista para cumplirse, el de la reforma normativa o el da cambio de

los espíritus individuales? Desde ahora podemos ya adelantar que muy preferentemente se ha inclinado

por la primera solución, el cambio de las normas e instituciones, por la revolución o informa política, y no

por la reforma o revolución ética, subjetiva e individual. Probablemente el sentido más profundo de la

revolución cultural china (en lo que no tuvo de lucha por el poder) era volverse hacia el cambio inicial de

los hombres, como, a su manera, entendía también el comunista "no marxista" italiano Antonio Gramsci

y, en ciertos momentos, e! propio Jruschov. La "socialización" de las relaciones socioeconómicas debería

haber venido así como consecuencia de la "socialización" da las conciencias. El criterio clásico marxista

se orienta en dirección contraria.

PERO ese objetivismo transformador ha tomado una dirección muy concreta. Apenas empezó a plasmar

la Idea socialista en ideas claras se empezó a considerar como medio adecuado para su realización la

supresión de la propiedad privada. Antes que Marx, los saintsimonianos proclamaron que para continuar

la revolución era menester liquidar el "último privilegio" que quedaba, la propiedad privada. Por su parte,

el Manifiesto de 1848 de Marx y Engels diría que "los comunistas pueden resumir su teoria en esta

fórmula única: abolición de la propiedad privada". Y se inicia lo que hemos llamado tercera

transfiguración de la idea socialista, junto al obrerismo y el dogmatismo (YA, 278). ¿Fórmula única?

Pues entonces ya no hace falta más para establecer el socialismo. Basta esa reforma institucional para

realizarlo, aunque la experiencia compruebe que no lleva aparejadas la justicia social y la igualdad

económica. Se produce así el fenómeno bastante corriente de desplazamiento del fin por el medio, la

sustitución de lo que originariamente se deseaba por el medio instrumental, que ahora aparece como fin

en sí. Y ello porque la sosolo como el medio necesario para llegar al socialismo, sino que además se

disputaba como medio suficiente, cuya suficiencia quitaba toda preocupación sobre su eficacia. Es algo

análogo a lo que sucedería si loa médicos pensaran, sin más que inyectar penicilina curaba todas las

enfermedades (infecciosas o no), con lo que su cometido profesional ya no era devolver la salud, sino

"poner penicilina"..., aunque el enfermo aa muriera por causas ajenas a sus conocimientos científicos.

Podríamos definir al socialismo tras aquella transfiguración como el penicilismo social absoluto.

¡Socializar, socializar!, aunque empeore la salud del cuerpo social.

PERO no acaba ahí el proceso t r a n s figurador de la idea socialista en sus vicisitudes históricas. Hablar

de transferencia de los atributos de la propiedad desde los individuos a la sociedad es un equivoco y una

raíz de confusión. Aparte de que lo que con esa socialización tiene lugar es la liquidación de toda

propiedad (propio y común son términos contradictorios, dijo ya un jurista francés del siglo pasado), la

grave cuestión que se plantea es doble: ¿qué grupo o conjunto concreto sustituye al individuo en el goce

de los beneficios económicos de las cosas y quiénes se subrogan en el disfrute de los derechos de

administración dominicales? He aquí el gran problema organizativo de la reforma institucional socialista,

que viene a resolverse pura y simplemente por L e n i n más que por Marx: el grupo a que corresponde al

disfrute de los bienes, en lugar del individuo, es el Estado mismo, la comunidad nacional, y, naturalmente, los que

sustituyen a !los propietarios en sus atributos de gestión y dirección son los dirigentes del Estado, los

gobernantes y funcionarios. Si en la primera fase de esta tercera t r a n sf iguración el socialismo remata

en la pura socialización, en esta segunda fase ¡a socialización se metamorfosea en estatificación. Del

socialismo hemos pasado al estatismo, Léanse y óiganse las declamaciones socialistas y comunistas y se

verá que los lemas de justicia social, igualdad económica, etc., han sido desplazados por las fórmulas de

supresión de la propiedad privada, socialización, nacionalización, transferencia al Estado. El medio

institucional ha desplazado al fin éticosocial.

EL modelo histórico lo dio la revolución rusa de 1917 (no la Commune parisiense de 1871. como

quisieron Marx y Engel. Por eso Schumpeter, en su obra fundamental "Capitalismo, socialismo y

democracia", publicada hacia 1940, podía escribir que el socialismo consiste en la atribución a "una

autoridad central" del control de la economía y que en las sociedades modernas no le concebía sino como

"un aparato burocrático gigantesco". No obstante, diez años después, en una conferencia pronunciada

poco antes de morir, entendía que liabia otros posibles caminos hacia el socialismo, en particular uno que

recordaba la estructura institucional preconizada por la encíclica "Quadragesímo anno".. Como es sabido,

una estructura se esboza en el principio de subsidiariedad: lo que los cuerpos intermedios y subordinados

puedan hacer por al, que no lo haga la comunidad superior (el Estado). La doctrina derivaba de un justo

recelo hacia las gigantescas máquinas estatales, y de ahí la "desestatificación" del socialismo apuntada

por Schumpeter. Pero ¿qué grupos intermedios podían desempeñar esa función? Dentro de la sociead

industrial seria ingenuo pensar en otros que no fueran las empresas. Y es que de 1940 a 1950 se había

iniciado en Yugoslavia el fenómeno de la autogestión. Desde entonces el 1917 soviético iba siendo

superado y i aparte la alternativa laborista inglesa) se presentaban dos opciones institucionales: estatismo

o autogestión. Esta última va ganando terreno, y un triunfo (?) notable lo consiguió en el mayo parisiense

de 1968, donde no se pedía colectivismo estatal, sino autogestión.

ENTRE nosotros, no parece que el euro comunismo-tan "renovado" en muchas cosas- haya acusado

recibo de los nuevos aires socializantes, mientras que el PSOE alguna vez ha hablado de socialismo

"autogestionario", pero sin con. vicción ni entusiasmo. Su "renovación" no ha llegado a hacer olvidar los

tiempos de Pablo Iglesias, aunque hace mucha falta. Y hay otro fenómeno también muy serio. Con la

autogestión está sucediendo algo similar a lo que pasó con la estatificación: el medio institucional

reemplaza al fin social y se piensa que todo consiste «n la autogestión, el control obrero, etc., sin ver que

esas estructuras normativas pueden muy bien rematar en situaciones contrarias a las finalidades

socialistas. Yugoslavia-como en la otra acera la URSS-lo demuestran, al menos por ahora.

CABEN otros medios de llegar al socialismo. El "reparto" en la agricultura (para las grandes fábricas es

inconcebible, el "consejismo" o dirección no de las autoridades públicas estatales ni de los

autogestionadores de empresa, sino al modo de los soviets bolcheviques, la "reforma fiscal" (acogida ya

por Jean Jaurés a principios de siglo y aun considerada por el propio Lenin corno más eficaz que la

confiscación)... Se trata siempre de medios institucionales que, como tales, no deben eclipsar laa

finalidades últimas perseguidas. Quien aspire a ser socialista consecuente sólo ha de ser dogmático (con

dogmatismo práctico, no teóricoescolás tico al modo de Althusser y compañía en cuanto a los fines;

respecto de los medios ha de ser pragmático, permanecer con espíritu abierto para poder ver qué fórmulas

de reforma convienen aquí y ahora. En todo caso, habrán de tenerse presentes dos cautelas, que nuestros

partidos políticos soslayan bonitamente: la reforma institutionum no será nunca nada sin la previa o

simultánea enmiendatio morum. Mientras los ciudadanos, de todas las clases sociales, sigan siendo

egoístas y olviden la fraternidad y la solidaridad humana ("de todos los hombres), no habrá socialismo,

por mucho que se perfeccionen los artilugios institucionales y normativos; y, por otra parte, estos

mecanismos de reforma presuponen siempre uno esencialmente requerido por todos ellos, cual es ta

previa socialización del Estado (en el colectivismo estatal) o de la empresa (en la autogestión). Una y otra

implican la democratización efectiva, la igualdad de todos los miembros del grupo (en lo que deban ser

iguales), sin la cual lo fínico que tendrá lugar será la sustitución de las desigualdades e injusticias

capitalistas por las desigualdades e injusticias socialistas, el tránsito del dominio más o menos despótico

de los propietarios al imperio de los funcionarios (del Estado, de) partido, de los sindicatos o de la

empresa).

A. PERPIÑA RODRÍGUEZ

(De la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas)

 

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