Autor: Apostua, Luis. 
   El año del cambio esencial     
 
 Ya.    31/12/1977.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

31XII77

NACIONAL

Pag. II - YA

SEMANA ESPAÑOLA

EL ANO DEL CAMBIO ESENCIAL

Los dos grandes problemas:

- La economía, sin otra solución que Ia puesta en marcha.

- El orden público, con sus vertientes de terrorismo político y delincuencia común.

¿Mejor o peor que al acabar 1978? Al margen de las valoraciones subjetivas o de partido, lo más

importante y lo que diferencia realmente a un año de otro es el profundo cambio cualitativo en las fuerzas

operantes en nuestra Patria. En 1676 acabó con las fuerzas democráticas todavía a la defensiva y

atrincheradas en la descunfianza recuérdese ni abstención en el referendum de diciembre , para pasar en

sólo doce meses a una situación en que todos los partidos democráticos están instalados en el poder sea en

función de gobierno o de oposición, cosa que, a esos efectos, viene a ser lo mismo.

A su vez, el año se subdivide claramente por la fecha electoral de junio en dos semestres, de los cuales el

último es el realmente importante para una concepción clara del problema, Como es lógico y humano, no

todos los hechos del semestre han sido positivos. La enumera ración de las dificultades pone temblores en

el ánimo más tranquilo; pero, como decía un pote inglés, hay que mirarlas de frente y preguntarnos cuál

de esos problemas tiene solución. Y cómo puede ser la solución. En primer lugar, la. crisis económica da

tono a toda la actualidad, incluidos los problemas del Gobierno. La realidad es que no hay más salida que

la trazada; durante las discusiones previas al Pacto de la Moncloa se puso de relieve que ningún partido

tenía una solución de recambio a la que proponía el Gobierno. Los partidos socialista o comunista sólo

podían proponer sus modelos, que no son los de una economía libre o de mercado; se trataba de salvar la

crisis económica y, posiblemente, salvar la economía capitalista. Con todo lo que ello comporta. Pero esa

alternativa pasaba necesariamente por un proceso revolucionario que sólo desde la ultraizquierda no

parlamentaria se sigue propugnando. La izquierda asentada sabía de antemano que tenía que aceptar las

principales reglas del juego, y ésta era quizá la fundamental. El proceso que ha llevado a las izquierdas

europeas a aceptar este cuadro histórico es muy complejo, pero es elocuente.

El segundo problema de España es el orden público, que se distingue en dos vertientes. De un lado, el

terrorismo de origen político, y cuyo color es variable de una situación a otras. De otro, la escalada de la

delincuencia normal, acrecida por una cierta sensación de impunidad y por el "desembarco" de una

pléyade de menores de edad que, carentes de escuela y de trabajo, son el azote de los vecinos y la

pesadilla de las autoridades policiales y de los jueces. En ninguna de estas dos vertientes es lícito a nadie

prometer o pronosticar remedios súbitos y milagreros. Las llamadas a un "hombre de orden"

son pura retórica, porque las causas de la delincuencia no son pasajeras y no acabarían con nietos

cambios políticos. Es un precio más a pagar, durante algunos años, a causa de que empegamos a vivir la

segunda fase-la más penosa-de la creación de las grandes ciudades, que parecían el orgullo de la

nación. Es la crisis de inadaptación y de pérdidas de valores sociales y religiosos, que en otro tiempo

actuaban como frenos casi espontáneos. Pero es, quizá, el precio que menos desea pagar el buen vecino.

El buen vecino está dispuesto a aceptar restricciones económicas o a frenar su nivel de vida. Pero aspira a

que su modesta vida no sea turbada por una delincuencia endémica. En una palabra, no quiere ni oír

hablar de la "naranja mécánica" de la violencia gratuita.

A mi entender, aun con todos los altibajos de la vida política, y parlamentarla, los hechos que más

profundamente atañen a los ciudadanos son esos dos. Pero también creo evidente que nadie desea el

regreso a una dictadura por el hecho de que existe una plaga da delincuentes juveniles.

Queda el terrorismo político, con una situación específicamente grave, la del País Vasco. Este sí es un

riesgo real para la democracia, porque pone en peligro no la tranquilidad familiar, sino la unidad de la

nación y la estabilidad general de todo el sistema. Esta será, la amenaza más permanente contra los

verdaderos valores de nuestra paz en el próximo año.

Luis APOSTUA

 

< Volver