Juntos o barridos     
 
 Diario 16.    09/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Juntos o barridos

A los socialistas se las van a dar todas en el mismo carrillo si no resuelven

cuanto antes el problema de su unidad. Si la familia socialista se presenta a

las elecciones en orden disperso el porcentaje de votos que alcanzarán entre

todos será tan bajo que puede quedar definitivamente comprometido su futuro

papel en la vida política española. Si, por el contrario, van a las elecciones

formando un frente unido será mucho más fácil que se aseguren desde ya el lugar

que les corresponde en el proceso de establecer y consolidar la democracia.

El peligro que acecha a los socialistas es la posible reproducción aquí del

esquema italiano, en virtud del cual el Partido Socialista ha quedado triturado

y virtualmente evaporado entre democristianos y comunistas, que casi ocupan en

exclusiva la escena política y han dado lugar a eso que se ha llamado "el

bipartidismo imperfecto". Los socialistas españoles deberían recordar que en las

primeras elecciones italianas el Partido Socialista estuvo, aunque ligeramente,

por delante de los comunistas. Las posteriores discrepancias y escisiones

debilitaron progresivamente a los socialistas italianos, cuyo porcentaje actual

anda por el 10 por 100, mientras los comunistas han llegado ya al 34 por 100.

Un ejemplo que muestra la fuerza de la unidad es el de los socialistas

franceses, que en 1969 ponen fin a la situación decadente en que se hallaban con

la creación de un nuevo Partido Socialista, al que se unen otros grupos de

tendencias próximas. La consecuencia ha sido que mientras en las elecciones

presidenciales de 1969 el candidato socialista obtiene un escuálido 5 por 100,

en las legislativas de 1973, pasaron del 20 por 100, y todo hace pensar que en

la actualidad han superado ese porcentaje convirtiéndose en el primer partido de

Francia.

Los socialistas españoles deben acabar de una vez con la inveterada manía

nacional de excomulgarse mutuamente, de hacerse unos a otros autos de fe

ideológicos y de continuar con el juego infantil de los maximalismos. Los

ciudadanos españoles, futuros y próximos electores, no entienden esos matices ni

les interesa la batalla de las siglas. Pero son muchos los que se inclinarán por

la opción socialista si se presenta de una manera seria y coherente. Son muy

respetables las posiciones personales y las anteriores trayectorias políticas,

pero es el momento de atenerse a realidades.

Esa evidencia muestra el papel central que ocupa el PSOE en la familia

socialista y la conveniencia de que asuma, sin aniquilar a los demás, la función

catalizadora en ese obligado proceso de unidad. Todos los partidos que se dicen

socialistas deben dar la prueba de madurez de abandonar sus peculiares

trincheras y resolver de una vez el problema de su presente atomización.

Un gran Partido Socialista en el que quepan, como en otros países europeos,

todas las tendencias que auténticamente pertenecen a esa estirpe ideológica; un

Partido Socialista que se convierta en el eje y centro de gravedad de la

izquierda es absolutamente necesario en este país. A los militantes y dirigentes

socialistas les corresponde echarle sentido común al tema poniéndose a la altura

de sus responsabilidades para evitar las tentaciones de los extremismos y los

particularismos.

 

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