Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Carta a Tácito     
 
 ABC.    02/11/1974.  Página: 23. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

2 DE NOVIEMBRE DE 1974 EDICIÓN DE LA MAÑANA.

CARTA A «TÁCITO»

«Debemos pensar que una línea política ha muerto ayer.» Así, con esa nitidez, se expresa «Tácito» en la

nota de urgencia publicada con motivo del cese de los ministros Barrera y Cabanillas.

No es ésa exactamente mi opinión. Esa línea política, la de la apertura y el diálogo, ni ha muerto ni puede

morir. Pero, sobre todo, no debe. Los problemas siguen siendo los mismos. Urgentes y graves. Y ni uno

solo de los postulados de que partían Cabanillas y Barrera, en su actuación política, ha perdido vigencia.

Sigue vigente la ineludible precisión de estructurar, con honrada claridad, el pluralismo social. Continúa

en pie la necesidad de alcanzar la incorporación de todos los españoles, los jóvenes especialmente, a las

tareas de la cosa pública. Está en vigor la aceptación de la critica, desde la Prensa y desde fuera de ella,

como fiel contraste de cualquier actuación pública. Siguen siendo válidos, en fin, todos y cada uno de los

objetivos que el presidente Arias —hombre de honor— señaló en su discurso el 12 de febrero y en sus

declaraciones de septiembre.

Y si todo lo anterior es operativo, la línea política que pretende asumirlo y realizarlo no ha muerto,

aunque dos excelentes ministros, insertos en ella por sus convicciones y actos, hayan cesado. No es, pues,

ésta la hora de abandonar el campo, del «apaga y vámonos» y dejar nada menos que el futuro en manos

retrogradas.

Nada ni nadie nos dice que los dos nuevos ministros piensen de otra manera, ni menos aún qué él

presidente del Gobierno haya, de grado o no, olvidado su programa o desertado de su puesta en

práctica. No sean, pues, los grupos de opinión —entre ellos, y en muy destacado lugar, el que se integra

en las filas de «Tácito»— quienes nieguen su colaboración. También desde la discrepancia leal se

colabora.

No ha triunfado el inmovilismo. No ha sucumbido la fuerte corriente de la apertura. En toda tarea política

continuada hay que recibir heridas y rasguños en el largo caminar. Pero mientras con sus actos el

Gobierno no demuestre otra cosa; mientras no se clausure el diálogo ni se amordace la labor crítica, ni

quien tiene el Poder se desdiga de las solemnes promesas a plazo hechas a la nación; mientras quepa

alcanzar desde nuestras premisas constitucionales la democratización estructurada del sistema, no todo se

ha perdido. O ¿es que alguien pensaba que no íbamos a encontrar resistencias?

Ayudar y urgir, ésa es la pauta para quienes, como «Tácito» y tantos otros, quieren un país más habitable.

No exiliarse ni siquiera por inacción. Ayudar a que el Programa Arias sea efectivo, real. Urgir su puesta a

punto. No en otra cosa, entiendo, consiste el patriotismo en 1974.

Insensato seria repetir la frase histórica «que gobiernen ellos». «Ellos» no pueden de verdad gobernar de

espaldas a la poderosa realidad social, y lo que ésta pide, a lo que tiene derecho, está muy claro: construir

con un futuro estable y en participación con reconocimiento eficaz —legal— del derecho de todos a

hacerse oír dentro del respeto a las normas constitucionales, en el marco jurídico de una Monarquía

asentada en el pueblo y que a él se debe.—

José María RUIZ GALLARDON.

 

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