Autor: Alonso, Pilar. 
   Veterinarios: una profesión marginada     
 
 Arriba.    01/05/1977.  Páginas: 4. Párrafos: 13. 

En España hay diez mil veterinarios repartidos entre los titulares (municipales) y funcionarios

(Agricultura), más el sector privado

La labor del veterinario en España se ejerce no sólo en el campo clínico, sino también en las ramas de

Bromatología y Zootecnia

AUNQUE de momento nadie les ha prestado mucho atención, ellos, los veterinarios, uno de las

profesiones más olvidadas y marginadas en la sociedad española, han dado un toque de atención y han

reclamado soluciones para sus múltiples problemas. Por un lado, los estudiantes y «penenes» de

Veterinaria de Madrid mantienen un encierro voluntario en la Facultad desde el pasado 29 de marzo, que

no interfiere para nada su vida académica; y, por otro, quinientos profesionales contratados del Ministerio

de Agricultura tienen un paro técnico con el fin de conseguir reivindicaciones profesionales y

económicas. Pero no para ahí la cosa. Tanto los veterinarios de la Unión de Veterinarios Titulares

(municipales) como el Cuerpo Nacional de Veterinarios (funcionarios de Agricultura) tampoco están

contentos con el ejercicio de su profesión. Se quejan de subempleo y de contar con pocos medios para

sacar adelante su trabajo. La situación de los veterinarios españoles es conscuencia directa del inmenso

olvido que ha sufrido la ganadería por parte de la Administración, y así como los que trabajan la tierra,

nuestros hombres del campo, se rebelaron hace un mes tras cuarenta años de cargar ellos con el proceso

industrial del país, también ganaderos y veterinarios pueden en cualquier momento denunciar su situación

y la de la ganadería española, que, lógicamente, tampoco goza de muy buena salud.

Los estudios universitarios de Veterinaria han pasado por diversas etapas. En el 57 se graduaban en

España trescientos treinta veterinarios, mientras que diez años más tarde sólo lo hacían sesenta y siete.

Las causas que se apuntaron hace diez años para esta crisis fueron los bajos sueldos, las raras oposiciones

y tas oscuras perspectivos. En estos momentos la Facultad de Veterinaria acoge en sus pocas aulas a más

alumnos de lo permitido por la solidez —más bien poca— de su edificio, y. según me cuentan tos propios

alumnos, la avalancha se debe a la masíficación universitaria, por una parte, y a los rebotados de otras

carreras, principalmente de Medicina, por otra. En España hay cuatro Facultades de Veterinaria: en

Córdoba, León, Madrid y Zaragoza. Su función también ha variado, ya que. originalmente, el veterinario

era clínico; es decir, curaba animales; pero además existen los aspectos de higiene, producción, economía

del animal y sus productos, además de la demanda que existe en el campo privado, en el cuidado de los

animales de compañía, que en nuestro país no se ha impuesto de momento con tanta fuerza como en otras

naciones más desarrolladas.

ESTUDIANTES SIN GRANJA

Lo primera y más importante reivindicación de los estudiantes de Veterinaria de Madrid encerrados en su

Facultad desde el 29 de marzo es una granja experimental, donde ellos puedan trabajar directamente con

los animales. Los más viejos del lugar me dicen que la reivindicación de la granja viene del año 47 y que

hasta el momento no les han dado ni buenas palabras. Un estudiante de último curso me dice que no ha

puesto una inyección en los cinco años de carrera. «Una Facultad de Veterinaria sin granja —me dicen a

coro los estudiantes encerrados— es como una de Medicina sin hospital. El vicerrector nos ha dicho que

lo concesión depende de la política presupuestaria, y, de momento, no hay dinero. Nosotros pedimos que

la construcción se haga en cuatro fases, en cuatro años; luego se autoabasteceria a través de sus propios

productos. Para terminar con el encierro necesitamos que nos ofrezcan ya el solar y el compromiso del

presupuesto necesario para su construcción.» La Facultad de Veterinaria de Madrid está situada a la orilla

izquierda de la autopista de La Corana, cerca de la Facultad de Políticas y de las nuevas instalacions de la

Presidencia del Gobierno. La Facultad se hizo hace ocho años para quinientos alumnos y hoy la ocupan

mil setecientos, repartidos en los cinco cursos. Hace seis cursos se paso de ochenta a más de doscientos

estudiantes sólo en el primer curso. En estos momentos hay unos 450 alumnos oficiales en primero.

Cuando fui a visitar a los encerrados, un gran andamio cubre toda la fachada para asegurarla, ya que la

solidez del edificio dejo mucho que desear. «En el reciente Congreso Internacional de Anatomía afirman

los estudiantes— los asistentes tenían que entrar de cinco en cinco al pabellón, y en prácticas de anatomía

se dio un aprobado general porque no se podían llevar o cabo las prácticas en el laboratorio. Cuando se

pensó hacer esto Facultad, una Comisión de especialistas vía jó a Utrecht para visitar un centro modelo y

vinieron con lo copia exacta de aquello; pero cambió una Dirección, y en quince días se ideó esta nueva

Facultad sobre terrenos de desmonte de to autopista. Nosotros queremos ver los planos; pero el arquitecto

ha muerto y no sabemos cómo conseguirlos.»

NECESIDADES SOCIALES DE LA VETERINARIA

Los estudiantes de Veterinaria —la sala de Juntas convertida en un gran dormitorio— están contentos con

el campo de trabajo donde pueden ejercer su profesión: «No es como en otros países, que lo profesión se

ejerce en exclusiva en el campo clínico, sino que nosotros abarcamos, ademas de esa especialidad, otros

campos, como la Bromatología y la Zootecnia.» Lo que realmente piden los futuros veterinarios es que se

establezcan bien las necesidades sociales de la Veterinaria; que otros profesionales, como agrónomos,

farmacéuticos e Incluso médicos no nos hagan la competencia en ciertos sectores». Otra de sus

reivindicaciones es el plan de estudios, que lleva funcionando hace cuatro años, y falla. «Queremos que el

nuevo plan de estudios se elabore de acuerdo con tas necesidades reales de la sociedad y con la

colaboración de profesionales, que conocen bien la problemática de la Veterinaria.» Y queda lo del paso

elevado y lo de la vaca.

Cinco accidentes mortales se han producido a la altura de las Facultades de Políticas y de Veterinaria al

cruzar los estudiantes y otras personas la autopista. Ahora se ha instalado una valla, que impide el paso de

un lado a otro, paso obligado, ya que los autobuses dejan en la orilla opuesta a la de los centros de

estudio. Existe un paso subterráneo a la altura de Políticas; pero alumnos y profesores lo rechazan por sus

condiciones de inseguridad y piden un paso elvado, ya que tienen los de Veterinaria— un autobús que les

lleva a 1a misma Facultad, pero sale cada media hora y no da de sí para mil setecientos alumnos.

«De momento —confían los futuros veterinarios—, don Guillermo Fernández-Cuartero, ingeniero jefe de

Obras Públicas, se ha comprometido a que en octubre del 77 esté construido el paso.*

MIL SETECIENTOS ALUMNOS Y UN VACA

También el presupuesto es el pulcable de la ausencia de prácticas, que son voluntarias, ante la falta de

material. «La única vaca que hay es propiedad del profesor de Fisio-patología; pero ahora está preñada y

no podemos tocarla. También tenemos un perro, que está gordo, que lleva ocho años con nosotros, y sazo

más veterinaria que todos los alumnos juntos. Las prácticas las hacemos a base de frascos, con parásitos,

semillas, y en los exámenes tenemos que distinguir los frascos.» Los contactos de estudiantes y no

numerarios, que defienden la postura del encierro para hacer patente que «hemos llegado hasta el límite»,

se han reducido al vicerector, señor Arcina, «que dice que el problema es político y no tendrá saludan

hasta después de tas «lecciones», y al secretario general de la Facultad, señor Lozano, y vicerrector señor

Calvo, «que no sólo no nos dieron soluciones, sino que se negaron a admitir las nuestras».

Ganaderos y veterinarios están de acuerdo en que España no puede permitirse el lujo de importar 100.000

millones de pesetas en productos agropecuarios cuando nos podemos abastecer tan ricamente con una

producción racionalizada. Las conclusiones de la reciente Asamblea de Presidentes de Hermandades de

Labradores y Ganaderos de La Coruña lo decían muy claro: «Que el más eficaz, auténtico y responsable

servicio que nuestros gobernantes pueden prestarle a la comunidad es el de posibilitarle un sector

agropecuario racional y debidamente ordenado y competitivo a nivel internacional, capaz de garantizar a

los españoles una cobertura de necesidades sin dependencia exterior. Esto se consigue permitiendo una

justa rentabilidad y protegiendo, en principio, con decidido afán, las producciones nacionales. Algo

parecido a lo que hizo la Administración con la industria y todo lo contrario de lo que vine haciendo con

el sector agropecuario. En modo alguno pueden seguir siendo los productos ganaderos extranjeros las

divisas que compensen y faciliten nuestras exportaciones industriales.»

LOS PROFESIONALES

Para don Frumencio Sánchez Hernando, presidente del Consejo General de Colegios Veterinarios, esta

marginación del campo español, de la agricultura y de la ganadería ha repercutido muy

desfavorablemente en la profesión veterinaria. «Hemos sido injustamente tratados —nos dice— por la

Administración, ya que el papel de los veterinarios es muy importante a varios niveles; pero

especialmente en lo que se refiere a la alimentación y a la sanidad. El objetivo de la profesión es defender

la ganadería y proteger al consumidor. Desde un punto de vista ganadero tiene una excepcional

importancia porque defiende y conserva la salud animal, lo que hace que se produzcan más y mejores

alimentos, precisamente de origen proteínico, que son los que más demandan las nuevas sociedades de

mejor nivel de vida.» Los males de nuestra Veterinaria vienen de bastante lejos; pero se agravaron en el

71, con la desaparición de la Dirección General de Ganadería.

En una carta dirigida al Ministro de Agricultura, los profesionales veterinarios se referían a los orígenes

de sus problemas: «La Veterinaria española, prioritaria durante muchos años en el fomento, conservación

y desarrollo de nuestra cabaña nacional, recibió en el año 1931 el respaldo de la sociedad española a

través de las Cortes, mediante la aprobación de la ley de Bases de la Dirección General de Ganadería e

Industrias Pecuarias. A partir de 1939, de forma paulatina e inexplicable, se le fueron restando

atribuciones y cometidos a dicha Dirección General, con perjudicial impacto sobre la ganadería española.

Tal acción negativa culminó en 1971, con su desaparición. Las sucesivas reestructuraciones del

Ministerio de Agricultura no han servido realmente para otra cosa que para anarquizar la acción ganadera,

para incrementar una burocracia de altos cargos y para crear un profundo malestar social, profesional y

económico, que sólo puede tener solución mediante una rectificación de la política administrativa.»

Estas acusaciones siguen en pie, yo que ese ansiado «organismo nacional ganadero que unifique, dirija y

potencie la política ganadera, hoy dispersa», de momento no llega. Esta es la primera reivindicación de

los veterinarios, además de que en dicho organismo la responsabilidad rectora sea competencia de la

profesión. «Porque gracias a la labor de los veterinarios —nos dice don Frumencio Sánchez— se

consigue que actualmente la renta nacional ganadera —mas de doscientos mil.

Los quinientos veterinarios contratados del Ministerio de Agricultura piden la actualización de sus

haberes y que se aclare su situación jurídico-administrativa

Los estudiantes de Veterinaria de Madrid reivindican una granja experimental desde el año 47

La Facultad de Madrid se hizo hace anos ocho cursos para quinientos alumnos, y hoy estudian en ella mil

setecientos

Ganaderos y veterinarios creen que España no puede permitirse el lujo de importar den mil millones de

pesetas en productos agropecuarios millones de pesetas— supere a las rentas nacionales agrícola, y

forestal. Protege también la riqueza del mar; cuya renta sabemos supera los cincuenta mil millones de

pesetas; de ahí la gran importancia económica de la profesión. Por otra parte, también los animales

pueden ser portadores de más de doscientas enfermedades transmisibles al hambre, como brucelosih,

rabia, triquinosis, carbunco, etcétera. De ahí su Importancia sanitaria.»

NO A LAS IMPORTACIONES

Los diez miI veterinarios que ejercen su trabajo en todo el país reclaman retribuciones más justas para

prestar un mejor servicio a la Administración y a la sociedad, especialmente a la ganadería y a los

ganaderos, ya que España puede autoabastecerse de alimentos nobles y proteínicos sin tener que recurrir a

las importaciones, lo que trae consigo primas a la ganadería extranjera, con claro perjuicio para el

desarrollo de lo nuestra, con lo que se podrían disminuir el paro, los divisas y las enfermedades.

Los veterinarios deben estar en todos los mataderos de España, en las centrales lecheras, en las lonjas

pesqueras, en los mercados de abastos y en el sector privado, donde su función se ha reducido ante la

progresiva sustitución de la máquina por los animales.

Pero los veterinarios acusan que los mataderos no están en condiciones higiénicas y que ellos no disponen

de la dotación necesaria para vigilar todos los alimentos. «En la profesión —afirma el presidente del

Consejo— existe un hondo malestar y una inquietud que no sabemos dónde va a parar. Hay quinientos

veterinarios en paro técnico en el Ministerio de Agricultura, y los estudiantes, con los que simpatizamos

totalmente, ya que creemos que sus reivindicaciones son justas y legitimas, también están en contra de su

plan de estudios y de la escasa dotación de las cátedras.» Otra de las espinas que llevan clavada los

veterinarios es que el Departamento de Agricultura esté copado por ingenieros agrónomos y que la

plantilla de veterinarios, funcionarlos del Ministerio, no ocupe ningún cargo importante. También están

en contra de la posible creación de un organismo Autónomo de Sanidad Animal, con categoría de

Subdirección General, en el Ministerio de Agricultura, ya que consideran que dicho organismo dispersaría

tos servicios y agravaría la situación del sector ganadero y de los consumidores. A consecuencia de todo

esto —nos explica el señor Sánchez Hernando— existe un gran desconcierto entre tos ganaderos;

tenemos una ganadería enferma, llena de parásitos, que no produce ni rinde lo suficiente, y, por supuesto,

entre lo que se paga en origen por el ganado y los precios que paga el consumidor, existe un desequilibrio

total.»

LO QUE PIDEN LOS VETERINARIOS A LA ADMINISTRACIÓN

Un organismo nacional ganadero que unifique, dirija y potencie la política ganadera, hoy dispersa, dentro

del cual quedaría englobada la Agencia de Desarrollo Ganadero. En e! citado organismo nacional

ganadero reclama su responsabilidad rectora la profesión veterinaria.

Creación de una Dirección General de Sanidad Veterinaria en el Ministerio de la Gobernación,

indispensable para adecuar los servicios a la exigencia de la moderna sanidad.

Desarrollo del decreto 106/72 sobre nuevas funciones y complementos del Cuerpo de Veterinarios

Titulares, dentro del Ministerio de Agricultura.

Aplicación a los veterinarios titulares del régimen de complementos e incentivos, actualización de trienios

y derechos pasivos como rigen para los demos funcionarios de la Administración Civil del Estado. Que

desaparezcan también las discriminaciones retributivas que padecen los veterinarios funcionarios públicos

con respecto a otros funcionarios de igual rango.

El Consejo General de Colegios Veterinarios, como representante de los estamentos veterinarios, y

teniendo en cuenta sus misiones profesionales y las opciones que la sociedad puede ofrecerle, hace valer

sus derechos reconocidos por la legislación vigente de ser oída antes de la redacción de los planes de

estudio de veterinaria por el Ministerio de Educación y Ciencia, manifestando su disconformidad con tos

ciclos de estudios que se proyectan implantar.

Creación, con la denominación de Veterinarios del Estado, de un cuerpo al servicio de la Administración

Civil, con la estructura interna conveniente y respetando los derechos adquiridos de los actuales

funcionarios que se habrán de integrar en él.

Solicitar, una vez más, la creación de la Real Academia de Ciencias Veterinarias.

LOS CONTRATADOS

En toda España hay cuatrocientos noventa veterinarios, que trabajan en el Ministerio de Agricultura, en

paro técnico desde el 28 de marzo pasado, un día antes del encierro de los estudiantes. El 23 de febrero se

celebró una Asamblea Nacional de veterinarios contratados por el Departamento de Agricultura,

repartidos por todas las Delegaciones Provinciales, que llevan ejerciendo su labor una media de quince a

veinte años, y reciben en la actualidad un safarlo de 21.000 pesetas mensuales. Los veterinarios

funcionarios de Agricultura reciben unos sueldos que oscilan, según la categoría, de 50.000 a 120.000

pesetas mensuales aproximadamente. «En esa Asamblea —nos dice don Rafael Crespo, veterinario

contratado de la Delegación de Córdoba— fijamos dos reivindicaciones: la actualización de nuestros

haberes, en primer lugar, y que la Administración nos definiera nuestra situación jurídica administrativa,

en segundo lugar. Dimos de plazo hasta el 28 de marzo, y al no ser atendidos fuimos al paro técnico.

En estos momentos estamos dialogando con el Subsecretario de Agricultura, que está haciendo todo lo

que puede, y tenemos nuevas Impresiones.» Los contratos de estos cuatrocientos noventa veterinarios han

sido renovables hasta 1973, en que se les garantizó una continuidad, ya que no necesitaban renovación

cada cinco años, como el resto de los contratados.

El pasado 7 de abril, por la ley de Funcionarios, a todos tos veterinarios no funcionarios del Ministerio de

Agricultura se les coloca al mismo nivel que al resto de los profesionales ya funcionarios. «Esta es una

medida —nos dice el señor Crespo— que entrará en vigor el año próximo, mientras que la actualización

de los haberes se prolongará durante cuatro años, así que tampoco soluciona nuestra situación, puesto que

existen auténticos contratos leoninos, que han firmado nuestros propios compañeros.» Concretamente, lo

que los veterinarios contratados piden y están negociando en la actualidad —por otra parte, ya tienen

impuesto ante los Tribunales el contencioso-administrativo— es la equiparación de sus haberes en una

cuantía correspondiente, como mínimo, al 80 por 100 de un funcionario de carrera de su mismo nivel; y

que les digan realmente lo que son tras largos años de servicio, si funcionarios o contratados.

Hasta aquí las reivindicaciones pendientes de unos profesionales que buscan su autentico puesto en la

sociedad, la identidad que perdieron cuando la España agraria quedó abandonada a su suerte. Ahora que

los campesinos nos han demostrado recientemente que el campo no está muerto, ni siquiera dormido, y

que ganaderos y veterinarios están unidos por conseguir una mejor ganadería, es muy posible y deseable

que esta lucha que acaba de iniciar la profesión veterinaria nos beneficie a tos consumidores, a todos.

Pilar ALONSO

 

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