Autor: Río López, Ángel del. 
   Cerca de 100.000 aprendices en toda España se consideran explotados     
 
 Ya.    20/11/1977.  Página: 31. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

CERCA DE 100.000 APRENDICES EN TODA ESPAÑA SE CONSIDERAN EXPLOTADOS

UN IMPORTANTE NUMERO TIENE MENOS DE CATORCE AÑOS Y EL 50 POR 100 DE ESTOS

TRABAJAN MAS DE OCHO HORAS DIARIAS

El Grave problema cultural: el 14 por £ 100 no han realizado ningún tipo de estudios; un 40 por 100

asisten a clases nocturnas en el primer año de trabajo, pero al tercer año sólo continúo el 15 por 100.

De los aprendices que tienen hoy legalizada su situación, el 22 por 100 comenzaron a trabajar antes de

los catorce años.

EI sueldo de un aprendiz de catorce a dieciséis años es de 147 pesetas diarias.

Se ha habido en España una ocupación laboral de las más problemáticas y al mismo tiempo menos

discutidas, ha sido, sin lugar a dudas, la de los aprendices. Bajo este denominación se ha venido

escondiendo una mano de obra infantil, barata, ilegal. Una explotación que en algunos casos ha alcanzado

matices dantescos. Al aprendiz, más que iniciarle en una determinada profesión, se le ha marginado de

unos derechos laborales y encomendado tareas y trabajos que escapan a las propias de su cargo.

Para los patronos, el aprendiz es presa fácil. Es un trabajador que desconoce sus propios derechos y

obligaciones; una mano de obra barata y en muchas ocasiones camuflada. Aunque ahora las ordenanzas

labo rales han matizado más sobre los derechos y situación de los aprendices, no se ha podido borrar la

imagen tradicional del pequeño con ojos infantiles agarrado a una escoba casi más alta que .él y barriendo

el taller donde "trabaja" o el ya célebre chico de los recados, cargado con enormes cestas, sirviendo de

auténtico mozo, tarea que nada tenía que ver con el aprendizaje, de dependiente, por ejemplo.

Cerca de cien mil

La cifra de aprendices en España se aproxima a los cien mil. No» referimos, naturalmente, a los que

pueden ser contabilizados por tener mas de catorce años y estar dados de alta. Pero hay otra cifra muy

importante, difícil de precisar, de menores de catorce años que trabajan sin estar reconocidos y sin las más

mínimas garantías de unos salarios justos. Al menos un 50 por 100 de estos últimos trabajan más de ocho

horas diarias en tareas nada fáciles. Según nos confesaban algunos de estos pequeños, no sólo sufren una

marginacíón laboral, sino humana. Al aprendiz no se le da un buen trato—"Los oficiales nos pegan e

incluso se cachondean de nosotros", no* decían—, se le encargan trabajos Inapropiados—"Nos mandan

fregar los wateres"—y se les obliga a echar horas extra que luego no se les abonan.

Según una recient´e encuesta, un 57 por 100 de los chicos aprendices y un 73 por 100 de las chicas

desconocen qué trabajos son prohibitivos según ias ordenanzas laborales. Cuando consideraron por propia

intuición que los trabajos que se íes encargaban escapaban a los propios de su edad, el 56 por 100 plantó

cara a los patronos, el 34 por 100 acudió a un compañero para que los defendiera y sólo un 10 por 100 se

dirigieron a los enlaces sindicales para verse representados en sus derechos.

De estos casi cien mil aprendices reconocidos en toda España el mayor porcentaje se emplea en talleres,

fábricas e industrias (un 30 por 100); un 25 por 100 aproximadamente están ocupados en los comercios y

el resto en actividades diversas.

La necesidad de trabajar a edades tempranas por imponderables económicos, ser hijo de viuda y tener que

"arrimar el hombro" y la deserción de la escuela, que motiva el empleo como castigo paterno.

Se calcula que un 40 por 100 de los chicos mayores de catorce años que trabajan continúan sus estudios, o

los inician, asistiendo a clases nocturnas. Al año de trabajar, el 60 por 100 de éstos abandonan los estu-

dios, y a los dos años, tan sólo un 15 por 100 sigue su formación cultural.

De los aprendices que hoy tienen legalizada su situación laboral, aproximadamente un 22 por 100

comenzaron a trabajar antes de los catorce años. Su antigüedad en la empresa comienza a partir de ser

dado de alta en el trabajo, perdiendo en este sentido el tiempo que haya estado trabajando antes. En

cuanto a la escala de ascensos, hasta un año de permanencia reconocida en el oficio no se le puede

considerar aprendiz de segundo año, por lo que continúa siendo un tiempo muerto el prestado antes de los

catorce años.

Por lo que entresacamos la respuesta de uno de los encuesta-dos: "La situación de explotación en que

vivimos los aprendices no es un problema solamente nuestro ni fruto de ninguna "casualidad", sino que es

debido a motivos más amplios, basados en intereses... de una determinada clase que tiene todos los

privilegios sobre la otra, a la cual pertenecemos los aprendices." Hay otra opinión de un muchacho de

dieciséis años un tanto generalizada: "Si tienes unas ideas cristianas sobre el trabajo, ya te toman por

comunista; en cuanto dices algo raro, ya eres comunista."

Una opinión generalizada: "Nos explotan"

Hemos charlado con un amplio grupo de aprendices. Tengo que confesar que me ha sorprendido la

madurez que el esfuerzo y la lucha cotidiana en el trabajo imprimen a estos chicos, que en otras

circunstancias apenas han salido de las puertas de la niñez y caminan hacia la adolescencia entre libros,

ilusiones y una vida todavía fácil.

Maribel Gómez, dieciséis años: "Trabajo en un pequeño taller de costura, instalado en la misma casa de la

dueña. Considero que lo que gano es muy poco. Las aprendizas tenemos que bailar con la más fea. Fíjese

usted que incluso hasta hace poco mi maestra me mandaba por las mañanas que le hiciera las camas."

José Javier Alonso, quince años: "Trabajo en un ta-ller de mecánico. Empecé a los trece años y hasta el

año pasado estuve barriendo, aguantando todas las bromas que los mayores gastan a tos aprendices y

hasta alguna que otra patada en el trasero. Yo se lo dije a mi padre; le dije también que quería irme, pero

no me hizo caso; me salió diciendo que él también había empezado así y que ahora era oficial. En cuanto

a trabajo, creo que nos explotan."

Gregorio Sanchidrian, quince años: "Mire usted, yo tenia que salir de trabajar a las seis de la tarde; pues

bien, me tengo que quedar a recoger, o ,sea a barrer el taller, hasta las ocho, que salen los que hacen horas

extras, pero a mi no me pagan nada por esto. Eso es un abuso, pero como en todos los sitios pasa..."

Manuela Lozano, dieciséis años: "Trabajo en una tienda de confecciones. Me pagan únicamente el sueldo

base; sin embargo, nos hacen trabajar como brutas. Tenemos todo el día encima a un controlador que

nos tiene ajustado el trabajo y hay que sacarlo como sea. No tenemos tiempo para respirar, y esto sí

que es una explotación."

Juan Benavides, trece años: "He empezado a trabajar hace dos meses. No me gustaba el colegio y

solía hacer novillos. Entonces me dijo mi padre que me pondría a trabajar, porque por la calle podría

convertirme en un sinvergüenza. Sin embargo, en el taller tengo que oír cada cosa que hasta me da

vergüenza."

Ángel del Río López

 

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