Autor: Miguel Rodríguez, Amando de. 
   Música para un manifiesto     
 
 Diario 16.    31/03/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

AMANDO DE MIGUEL

Catedrático de Sociología de la Universidad de Barcelona

Música para un manifiesto

Seguramente habrán oído hablar del «manifiesto para la igualdad de los derechos lingüísticos en

Cataluña», publicado por DIARIO 16 el 12 de marzo pasado. El revuelo que se ha armado es tanto que

fuera menester algunos comentarios por este «primer firmante» del documento, quien aclara: «Quede

claro que no fui su redactor.»

Los principales firmantes del documento lo éramos porque las represalias laborales podían ser menores en

nuestro caso. El problema de la discriminación lingüística que denunciábamos afecta sobre todo a

maestros y familias con chicos en edad escolar.

El manifiesto ha demostrado lo mínimo que pretendía: que hay en Cataluña dos comunidades lingüísticas.

No siempre se establecen los lazos por los apellidos, sino por los intereses. Los sociólogos han estudiado

en repetidas ocasiones lo que, con expresión actual podríamos llamar «síndrome del jenízaro». El

converso o el mestizo exagera su segunda identidad.

Los jenízaros eran los soldados de la guardia personal de los sultanes turcos. Su fanática fidelidad se pro-

baba, paradójicamente, porque habían renegado del cristianismo. Pero dejemos la erudición de las

historias y vayamos a los hechos actuales.

Elisa Serna, conocida «cantante castellana» que se considera «huéspeda» de Cataluña entra a saco en el

manifiesto y nos considera a los firmantes como «auto-titulados intelectuales y profesionales». Si es que

logro traducir bien su sonoro catalán (diario «Avui», 18 de marzo), la expresión me recuerda aquellas

otras de «las llamadas» Comisiones Obreras «o los sedicentes» intelectuales con que la pobre ironía de las

declaraciones oficiales franquistas acogían la clandestina realidad.

Cantante jenizara

La argumentación de la cantante jenizara es tan absurda como la de los diálogos de los malos manuales de

«aprenda usted el idioma tal en diez lecciones». Se podría resumir en esta especie de loco silogismo: «El

castellano no está discriminado en Cataluña, porque la mayor parte de los periódicos se escriben en

castellano, lo que prueba que el franquismo persiguió al catalán.

La cosa no tendría mayor importancia si no fuera porque el especioso argumento se repite como una

consigna en las reacciones al manifiesto de marras. Cierto es que el castellano está empezando a ser

discriminado y ciertísimo es que el catalán lo ha sido mucho más. Pero no encuentro una justa relación

causal entre ambos hechos, excepto si el primero se quiere que sea una especie de venganza colectiva del

segundo.

Es del todo evidente que la mayor parte de los medios informativos escritos de Cataluña se vierten

mayormente en castellano. Sólo que la presión más verdadera para esa preferencia idiomática es la del

mercado. No es menos cierto, que con ocasión de informar sobre el manifiesto, casi todos los diarios de

Barcelona han olvidado de «reportar» sobre los hechos que en él se denunciaban.

Perezosa adulación

En su lugar han seguido la técnica de la «perezosa adulación», demandar la opinión de conocidas

personalidades en posición políticamente preeminentes, las cuales, por lo general, nos han cubierto de

gruesos improperios. Así los firmantes hemos aparecido como fuerzas de ocupación, perseguidores, rusos

en Ucrania, sectarios, demagogos, envenenadores peligrosos, indocumentados, anticatalanes,

pluriempleados que vienen a quitar el pan a los catalanes.

Todo eso y mucho más nos han espetado, sin que nadie haya rectificado. Y luego dicen que el manifiesto

ha enfrentado a las dos comunidades. Hasta se ha insinuado por un alto político catalán que con todo esto

pretendemos «desestabilizar» a Cataluña. Santo cielo.

Hago gracia a los lectores de repetir aquí los términos del manifiesto. Ahora hablo por mí mismo. Mi idea

es que todos los niños de Cataluña deben ser educados en su idioma familiar (o en el que prefieran,

catalán o castellano) y deben aprender el otro, todo ello de manera gratuita.

Que ese supuesto igualatorio no se cumple se demuestra en los miles de profesores que abandonan cada

año el territorio catalán, a pesar de lo difícil que resulta encontrar empleo en otro sitio. Cataluña siempre

fue tierra de inmigración. Esta, su grandeza histórica, puede empezar a perderla.

La «propuesta»

Al manifiesto le ha nacido ya la «propuesta» de un grupo de sonoros nombres de la intelectualidad

catalana que opinan lo contrario. Anotaré sólo el último punto porque da una idea de lo que podríamos

llamar la Cataluña insólita: «Declaramos estar dispuestos a... solicitar la inspección de los organismos

internacionales competentes para que verifiquen y juzguen imparcialmente la situación de la lengua y la

cultura y las posibilidades reales en el ejercicio del derecho de los catalanes al autogobierno.» O sea, la

descolonización.

 

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