Cataluña, hoy     
 
 El País.    28/03/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Cataluña, hoy

LAS JORNADAS sobre Cataluña, hoy, que se inauguraron en el palacio de la Unesco de París el pasado

día 23, y que durarán hasta el 7 de abríl próximo, se proponen ofrecer una muestra significativa del

panorama cultural y de las características políticas, sociales y económicas de la comunidad autónoma

dentro de la España actual. Cuadros de Miro, Dalí y Tapies, el recital de Montserrat Caballé, la actuación

de Lluis Llach, proyecciones de películas, representaciones de danza, teatro y miraos y una exposición

bibliográfica permitirán a los parisienses una sumaria aproximación a la realidad cultural catalana. Las

conferencias y los coloquios sobre una amplia diversidad de temas servirán igualmente para dar a conocer

los jperílles de la economía y los rasgos de las instituciones de autogobierno de la Cataluña autónoma.

La utilización en sentido restrictivo del término Estado, identificado con ía Administración central, no es

formalmente incorrecta, corno se ha encargado de repetir Leopoldo Calvo Sotelo con la Constitución en

la mano, En efecto, tanto el articulo 149 de nuestra norma fundamental como otros textos legales dan pie

para esa estrecha interpretación. Sin embargo, también figura en la Constitución otra definición más

amplía y sustancial-mente más exacta de ese equívoco término. Así, el artículo 137 señala que «El Estado

se organiza territorialmente en municipios, en provincias y en las comunidades autónomas que se

constituyan*. Con la dependencia de la hermenéutica jurídica, parece claro que sólo la resuelta aceptación

política de que las comunidades autónomas son también Estado puede acabar con los equívocos, a los que

tan aficionados son los adversarios de nuestro sistema democrático. Pues los fantasmas indepeadentistas

que algunos creen adivinar en los corredores de las comunidades autónomas y en los despachos y

Cámaras de las instituciones de autogobierno nacen a veces de los armarios centralistas de los juristas que

asesoran a ¡os ministros. Mientras la clase política no tenga claro que el Estado no se identifica con la

Administración central y sus delegaciones periféricas, sino que incluye a los órganos de autogobierno de

las comunidades autónomas y a la Administración local, resultará muy difícil que esa obvia realidad sea

también aceptada por los sectores sociales y por las instituciones hacia las que dirigen maliciosamente sus

voces tronítonantes los grupúsculos que interpretan como un riesgo para ta unidad nacional el Estado de

las autonomías.

Nadie se escandaliza porque los alcaldes de Madrid, de Barcelona o de otras capitales hagan viajes

oficiales al extranjero y celebren entrevistas con aitos dignatarios. No hace mucho tiempo, por ejemplo,

Enrique Tierno Galván fue recibido en México por el presidente López Portillo sin que nadie se rasgara

las vestiduras, a diferencia de lo que ocurrió con la audiencia del Papa a Jordi Pujol. Por esa razón, que el

presidente de la Generalidad ó, en el futuro, el lendakari vasco puedan ser mirados con recelo cuando

cruzan las fronteras es cosa sólo explicable por ¡a enorme susceptibilidad, cercana a la paranoia, que

despiertan en algunos las autonomías de las nacionalidades históricas. Si bien resulta evidente que la

autonomía es la única vía para acabar con el enraizamiento social de las veleidades independentistas, la

machacona propaganda de varias largas décadas y los prejuicios ideológicos, cuando no ia mala fe de los

compañeros de viaje del golpísmo, transforman en inevitable secuencia histórica ese antagonismo

estructural entre autonomísmo e independentismo y presentan a las instituciones de autogobierno como el

primer paso de una dialéctica interna que llevaría ineluctablemente a la ruptura de la unidad española.

Desgraciadamente, para disolver ese macizó núcleo de prejuicios, bastante extendidos dentro de la

Administración civil y militar y en sectores sociales nada desdeñables, no basta con que se recuerde desde

Madrid que las comunidades autónomas son también Estado. Los dirigentes y cuadros de Convergencia

Democrática y del PNV, partidos que encabezan las instituciones de autogobierno de Cataluña y del País

Vasco, deben tener presente, por su parte, que los enemigos de las autonomías y de las libertades

escudriñan con lupa sus comportamientos públicos para cazar el más mínimo gesto susceptible de ser

deformado y manipulado como prueba irrecusable de propósitos independentistas. Las instituciones de

autogobierno catalanas y vascas tienen, por supuesto, perfecto derecho a actuar de la forma que

consideran conveniente, dentro de ios marcos de la Constitución y de los respectivos estatutos. Pero

también deben recordar que las formas a veces suplantan a los contenidos y que ia falta de matices, de

cortesía o de delicadeza puede ser interpretada como una agresión a la unidad española por las miradas

maliciosas o desconfiadas que atisban sus posibles errores.

Por esa razón hay que resaltar el buen sentido y la cordura que han rodeado ei planteamiento de las

jornadas catalanas en París, inauguradas por Iñigo Cavero y por Jordi Pujol, que viajó a la capital francesa

en compañía del ministro de Cultura y que se alojó en la Embajada española durante su breve estancia. Ya

durante la tensa noche del 23 de febrero el presidente de la Generalidad había dado un notable ejemplo de

valor cívico, responsabilidad política y sentido del Estado al hacer pública su conversación con el Rey —

aquel «tranquilo, Jordi, tranquilo» fue el primer flash de esperanza en momentos sombríos— y al dirigirse

por radio y por televisión a los catalanes y a los demás españoles. Ahora, en París, al situar por encima de

toda sospecha que la Cataluña autónoma es parte integrante de la historia, del presente y del futuro de la

España contemporánea, ha mostrado de nuevo que los prejuicios o la mala voluntad son los principales

responsables de esa injustificada y subversiva identificación entre autonomía e independentismo con la

que hacen terrorismo ideológico los enemigos de las libertades, de la Constitución y de la democracia.

 

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