Autor: Urbano, Pilar. 
 Desayuno en el Ritz: Jordi Pujol. 
 Hay una campaña para expulsar a los catalanes de la política española     
 
 ABC.    09/04/1981.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

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POLÍTICA

JUEVES 9-4-81

«Desayuno en el Ritz»: Jordi Pujol

«Hay una campaña para expulsar a los catalanes de la política española»

Se ponen firmes, en dos filas, los mozos de escuadra en e! patio zaguanero del belfísimo palacio de la

Generalidad. Llega el «honorable Pujol», «el president». Baja del coche oficial. Se compone el nudo de la

corbata y nos alarga la mana, combinando una, dos, tres, cuatro, cinco, seis sonrisas con uno, dos, tres...

seis leves tics de parpadeo del ojo derecho. Allí estamos las seis periodistas de «los desayunos del Ritz»,

que, excepcionalmente, como hicimos con el «lendakari» Garaicoechea en el Ajuria Enea, nos hemos

trasladado a la Generalidad.

Se sienta en la cabecera de una amplia mesa redonda, poblada de viandas para desayunar. «¿Qué se dice

por Madrid?» Nos miramos las seis periodistas. Silencio. Yo rompo el fuego, disparando hacia diana: «Se

dice... en ios altos niveles políticos que empieza a preocupar más un futuro separatismo catalán que un

presente terrorismo vasco. »

«Desde antes de las elecciones del setenta y siete, Cataluña ha llevado la reivindicación autonómica por

un camino sensato y positivo. Hemos participado en la política española activa y constructivamente,

porque nosotros también somos España y porque sin democracia no hay autonomía, y sin autonomía,

¡eh!, tampoco hay democracia. Hemos estabilizado Cataluña y hemos contribuido, en la medida de

nuestros recursos, a estabilizar España. Hasta hace un mes éramos una realidad autonómica modelo. Una

clase política preocupada, en serio, por la "gobernabilidad" de España. Teníamos el reconocimiento de

todos, gobernantes y oposición... Ahora, de repente, se desata una campaña de deformación de nuestra

imagen y se nos presenta como desestabilizadores. Digo "campaña" porque es de apreciable amplitud y sé

que está bien orquestada; no es un hecho fortuito o aislado, sino el planteamiento de alguien que quiere

provocarnos y expulsarnos de la política española...» Al menos cinco veces a lo largo del «desayuno» el

presidente Pujol denunciará con energía ia orquestación, desde Madrid, de esa «campaña contra el hecho

catalán». «Nos sorprende y nos duela que, después de nuestros esfuerzos, absolutamente correctos, para

"hacer España"..., para hacer... españolidad ¡eh!..., se nos presente ahora como un peligro para la unidad,

para la democracia y para el progreso de España. Vemos esta "campaña" con estupor y... muy dolidos. Es

un error, injusto y peligroso que ahora nos provoquen y traten de desastabilizar Cataluña. Protestamos, y

protesto, por el desprestigio de nuestra imagen. ¡No lo vamos a permitir! Yo no digo nada, porque no

conozco siquiera la existencia de ese proyecto de reforma de la ley Electora!; pero, si es cierto lo que he

leído y oído, si hacen una ley dura para impedir la presencia de Sos partidos nacionalistas en el

Parlamento español, lo vamos a tener difícil. Intentaremos que no nos expulsen. Y, desde luego, no

dimitiremos. Queremos decir que en Madrid pueden seguir contando con nosotros.» El honorable Pujol

no quiso dar nombres, pero era inteligible que se refería al Gobierno y a algunos partidos de ámbito

estatal; «Se diría que hay necesidad ahora de buscar un chivo expiatorio... Pero nosotros no estamos

dispuestos.» Y aún en otro momento, corno para desvelar un fantasma: «Conste que no creo que quien

quiere expulsarnos sea el Ejército, ¡en absoluto!»

Entramos en la cuestión «separatista». Pujo! es claro y rotundo: «No sé cómo tengo que decirlo: Cataluña

no es separatista. Mi partido nunca se ha planteado la autodeterminación, ¡ni nos la planteamos! Yo no

soy separatista. Cuando viajo al extranjero hablo antes con el ministro de Asuntos Exteriores no para que

me diga qué debo declarar como presidente de Generalidad, que eso ya lo sé bien, sino para saber qué es

oportuno decir o callar respecto a los intereses de España... Me alojo en la Embajada española,.., me

someto al protocolo que me marque el embajador..., y hablo de España, faltaba más!, aunque,

lógicamente, como representante máximo de la Generalidad, también habió de Cataluña...!.!

¿Separatistas? ¡Siempre nos han criticado lo contrario: nuestra participación en la política estatal...,

incluso ei que "«parezca que queremos" estar en el Gobierno de Madrid! Yo desafío a que busquen entre

mis papeles y escritos, incluso de cuando tenía dieciocho años, a ver si encuentran uno solo en el que

haga una afirmación separatista. Sin la menor reserva mental afirmo que España es una realidad muy

plural y que Cataluña es España.»

Otra periodista le pregunta, hilando fino: «¿Cuál es su nacionalidad?». «En mi documento nacional de

identidad !o dice bien claro (lo busca en su cartera de bolsillo y nos lo muestra), nacionalidad: española.

Pero en la Constitución se dice que en España hay regiones y nacionalidades, y una de esas

nacionalidades es Cataluña.» Le hemos preguntado si !a Generalidad pretende abrir Cancillerías propias

en Europa. «¡Absolutamente fafso!», responde.

Llegamos ai espinoso punto de la «armonización»: «Nos duele que intenten armonizarnos en temas como

la ciudadanía, la lengua, el uso de las banderas o el juramento a la Constitución, donde nuestro

comportamiento ha sido correcto, de buen cumplimiento de la Constitución y de nuestro Estatuto..., pero

So

Por ser presidente de la Generalidad Pujol gana casi Quinientas mil pesetas

BARCELONA. El presidente de la Generalidad de Cataluña, Jordi Pujol, percibe mensualmente 500.000

pesetas brutas: 400.000 pesetas como presidente y 100.000 como diputado dei Parlamento catalán. En su

sueldo como presidente van incluidos gastos de representación de todo tipo.

Por su parte, el presidente del Parlamento catalán, Heriberí Barrera, cobra mensual-mente 168.000 pesetas

brutas (100.000 como diputado del Parlamento catalán y 68.000 como presidente de éste).

peor no es el contenido de ese proyecto de ley, sino el espíritu y las argumentaciones utilizadas. Vayamos

por partes: ¿Ciudadanía? Para nosotros, catalán es todo el que vive y trabaja en Cataluña..., si quiere serlo

y se empadrona aquí. No hay, pues, discriminación alguna. ¿Lengua? Nuestra política tiene como

objetivo ef bilingüismo, a! cincuenta por ciento, para las próximas generaciones. No hemos exigido, ni

exigiremos, a las personas mayores que aprendan ahora el catalán. Tampoco ahí discriminamos. Es más,

"Boletín Oficia! de la Generalidad", que hasta hace poco se hacía en catalán, ahora es bíisngüe. ¿Las

banderas? Nosotros cumplimos lo que dice la ley. Venid aquí un día de fiesta y veréis en la fachada la

bandera española ondeando más alta y en ei centro, flanqueada por la de Cataluña y la de la Diputación de

Barcelona. Pero sie ahora nos dicen que !as pongamos a diario..., ¡pues ía pondremos! En mi despacho

está solo la "senyera", porque es la tradición y así la tenía Tarradellas. Yo no he cambiado en ese

despacho más que un cuadro... En cuanto a la ausencia de banderas en la reciente Exposición de Cataluña,

en París..., sinceramente, ni nos planteamos la necesidad de ponerlas.»

Más adelante, el presidente Pujol justifica así el decreto de la Generalidad sobre las Diputaciones, contra

el que el Gobierno de Calvo-Sotelo ha recurrido ante el Tribunal Constitucional:

«Uno: El catalanismo ha considerado que la distribución provincia! clásica no responde a la naturaleza de

Cataluña, y reivindica las comarcas. Dos: Entendemos que el Gobierno de Cataluña debe asumir las

responsabilidades de las Diputaciones, no en el marco de un centralismo barcelonés, sino para una nueva

organización territorial catalana. Tres: Hubiera sido bueno basar la Generalidad en ia estructura

administrativa de las Diputaciones. Y cuaíro: Hace tiempo que tenemos la sensación de que hay un deseo

de mermar ía autonomía catalana por un doble movimiento de presión central mediante una lectura

restrictiva del Estatuto y reforzando como entes extraños las Diputaciones y los Municipios frente a la

Generalidad. Tememos, pues, un ánimo de disminuir nuestro Estatuto y de laminar y restar poder real a la

Generalidad, por an iba y por abajo.»

De sus conversaciones con Garaicoechea nos dirá que «son buenas, telefónicas, no periódicas... y desde

luego no hay una política acordada de ten con ten, frente a Madrid. A los dos nos interesa la plena

autonomía, pero nuestros problemas son diferentes... Y no nos damos consejos». Del rumor,

esparcidísimo, sobre sus pretensiones de asumir e! coprincipado de Andorra: «Es una auténtica calumnia

y una farsa vergonzosa. ¡No hay nada de nada!... A mí, de los andorranos, sólo me interesa que

cofinancien una línea aérea Barcelona-Seo de Urgel... Conozco a fondo ia historia del Principado y sé que

ahí ni Francia, ni España, ni ei Vaticano... ni la Generalidad pueden pretender soberanía.» Ya en pie para

la despedida , le recordamos que cuando se preguntó a Tarradellas, recientemente, en Madrid, por Jordi

Pujol, contestó con ironía: «jJe ne connais pas!» Pujol amaga un gesto de disgusto y dice: «Pues, yo tengo

por Tarradelías respeto y buena opinión y, desde luego..., siempre le he conocido.»

Al salir, sobre e! dintel de una magnífica capilla antigua de la Generaiidad, leemos. «Pax Domini

Noviscum Sít* (La paz del Señor sea con nosotros). Las seis periodistas reímos: j Estos catalanes

universales... hasta la «paz del Señor» quieren quedársela ellos!—P. U.

 

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