Autor: Roca i Junyent, Miquel. 
   ¿Cataluña, culpable?     
 
 ABC.    16/04/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ABC FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÒNIMA MADRID

EDICIÓN SEMANAL AEREA DE INFORMACIÓN GENERAL AÑO XXXII - N.° 1633

¿CATALUÑA, CULPABLE?

CIERTAMENTE, lo que hasta hace muy escasos días era un clima de confianza hacia Cataluña y su

nueva experiencia autonómica, parece haberse sustituido por un súbito recelo, en el mejor de los

supuestos, y en una abierta acusación, en la mayoría de los casos. Salir de Barcelona para aterrizar en la

realidad madrileña se convierte en un violento despertar; se sale con la imperturbable voluntad de

participar en la construcción de una España moderna y progresista, supera-dora —en el marco

democrático y constitucional— da viejos pleitos históricos y al llegar se coloca uno a la defensiva,

repeliendo ta agresión de éste, respondiendo a la acerada pregunta de aquel claro, perplejo ante el rechazo

de unos y entristecido ante la incomprensión de otros muchos.

¿Qué ha pasado aquí? A responder a esta pregunta quisiera dedicar este artículo, haciéndolo desde este

tribuna de ABC, que en diversas ocasiones ha querido, generosamente, destacar el papel que una

aportación catalana podía prestar a la política española, Y quiero hacerlo, además, sin la inconveniencia

de caer an renuncias ni en ía ignominia demagógica y deseando que ésta fuera la última ocasión en que

desde ABC tuviera qus hablar de Cataluña con este motivo. Me gustaría hablar de tos problemas

generales de España, de la situación del campo de Extremadura, del conflicto pesquero y su repercusión

en ¡a flota canaria, del paro andaluz, de la necesidad de acometer con firmeza la gravedad cié la situación

económica y un desgraciadamente largo etcétera. Me veo obligado, por el contrario, a hablar de Cataluña.

Reflexionase sobre la contradicción que todo ello comporta: desde una perspectiva catalana venimos a

contribuir a la definición de la política global para España, y se nos reconduce a que no nos movamos de

nuestras coordenadas catalanas.

Esto es malo. Corno lo es también que se nos acuse —se me acuse— de «hacer una política

agresivamente antiespañola», y que cuando nos quedamos de ello se nos diga que somos demasiado

susceptibles. Si la nuestra ha sido una política antíespañola, ¡que venga Dios y que lo vea! No quiero

defenderme de esta acusación con manifestaciones de exultante españolidad; dejo esto para los que

tengan maia con-ciencia; nosotros no la tenemos. No se trata de iniciar desbocadas carreras de patriotismo

barato a ver si al final, por aquello de «excusatio non petite, acuantio manifesta», esto es todavía peor,

No, ahí está nuestra, trayectoria para juzgarnos. ¿Quién ha asegurado durante mucho tiempo la

gobernabilidad de España, mientras unos jugaban a la autodestrucción y otros a la erosión, con pasión

digna da mejor causa? ¿Quién ha pretendido conducir por la vía cis la moderación y del respeto

constitucional un diálogo constructivo y positivo entre (a Generalitat y el Gobierno? Podemos decir que si

consolidar la democracia, estabilizar ia acción de Gobierno y pretender un clima de convivencia y

progreso entre todos los españoles siguen siendo valores a alcanzar, no se ha dado política más española

que la nuestra.

¿Somos demasiado susceptibles? Lo preocupante sería que no lo fuéramos. ¿Qué se diría si ante

acusaciones tan graves no reaccionáramos? La conclusión más lógica sería decir que la acusación no

duele. Y es que en el fondo, para algunos, lo preocupante es que nos duela; lo preocupante es que estemos

empeñados en que nuestra catalanidad no-negociable es compatible con una decidida y sincera aportación

a una concepción globa! de España. Posiblemente, de una España que unos y otros entendamos de manera

distinta, pero esta distinción no puede traducirse ©n algo más que en una discrepancia enriquecedora.

Es este el marco donde deben examinarse las razones de las agresiones que ahora sufra Cataluña. Se nos

habla de discriminaciones lingüísticas; esto no es verdad. La anécdota puede elevarse a la categoría de

principio, pero el hecho cierto es que la política que pretende seguirse es la del respeto y de la

convivencia, aun a riesgo de que ello se traduzca en perjuicio para lo que, para algunos, sería un justo

tratamiento de la lengua propia de Cala-fuña. Pero es que en este tema nos jugamos mucho y nadie puede

ignorarlo; si la política lingüística divide Cataluña en dos comunidades, es Cataluña la que pierde; son

todos los ciudadanos catalanes los que pierden. Por ello, en ningún caso será precisamente los catalanistas

los que den un paso en esta línea; serán en todo caso aquellos que quieren aprovecharse política y

electoralmente de -la división para sus sectarios propósitos. Detras de la campaña lingüística hay un

propósito político y no precisamente estabilizador.

Y se recurre a la mentira, sin rubor ni pudor. Tanto da. Lo importante es sembrar cizaña, emponzoñar el

ambiente, citando parte de una frase, invocando un ejemplo descontextualizado, simplificando lo que es

complejo y, sobre todo, poniendo como testigos a los que no viven la realidad catalana de cada día, y por

eiio más proclives a creer aquello que ia presencia viva descarta.. Es muy difícil luchar contra esto; a

veces me parece una tarea casi imposible. Se dice que en & Parlamento catalán sólo ondea la bandera de

Cataluña, cuando todos los que quieran pueden ver junto a ella la bandera, de España, Pero la mentira

deja rastro, crea sospecha. A partir de aquí todo se vuelve receloso, peligroso, Se nos exige afirmar a

diario una españolidad que a los pesiantes ciudadanos se les supone. Y esto deviene progresivamente

irritante e insostenible.

A pesar de ello, nadie ni nada nos hará cambiar de nuestra decisión de contribuir a la gobernabiíidad de

España, a la estabilidad de una acción de Gobierno eficaz para resolver los graves problemas que hoy

tiene planteados el conjunto de nuestra sociedad. Problemas que no son principalmente los autonómicos.

Seamos sinceros y reconozcamos que parece haberse olvidado que la crisis económica es el grave, reto

español. Si el empeño que se pone en afrontar la cuestión autonómica, desde una perspectiva de

desconfianza, se trasladara al campo de lo económico quizá generaríamos la confianza qua falta para

relanzar la inversión.

Cataluña se ha convertido en una excelente excusa, en una cortina da humo. Y cuando haya desaparecido

la necesidad se olvidará la excusa, se desvanecerá la cortina de humo, pero la comprensión y quizá la

convivencia habrá quedado cañada par-a siempre. ¿No convendría mayor moderación? ¡Que no se

desestabilice desde fuera lo que hemos estabilizado desde dentro! ¡Que no se rompa el puente de

comprensión y de aportación que tanto ha costado levantar!

La campaña seguirá, pero sería bueno que no ganara el ánimo de los ciudadanos, que quedaran al

descubierto los oscuros móviles que la animan; quizá incluso los móviles diversos y contradictorios, entre

ellos los de aquellos que no desean nuestra aportación estabilizadora e incluso de aquellos a los que les

gustaría vemos caer en su provocación; que nosotros mismos echáramos por la borda el bagaje de un

esfuerzo sostenido desde hace varios años.

No, Cataluña no es culpable; quizá sea un instrumento en manos de unos cuantos para perjudicar un

esfuerzo de convivencia, Quizá lo consigan -—yo lo dudo— pero en todo caso no tendrán jamás nuestro

concurso. Cataluña no es ni será culpable.

Miguel ROCA JUNYENT

 

< Volver