Autor: Trancón, Santiago. 
 El atentado contra Jiménez Losantos... Una bala contra el manifiesto de los 2.300. 
 De momento, no te vamos a matar     
 
 Diario 16.    22/05/1981.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

22-mayo 81/Diario 16

EL ATENTADO CONTRA CONTRA JIMENEZ LOSANTOS

«DE MOMENTO, NO TE VAMOS A MATAR»

Le dispararon por ser uno de los firmantes del manifiesto «anticatalán y lerrouxista, esa mierda que unos

cuantos habéis venido a meter en Cataluña» ¿Qué tiene de extraño que ahora un grupo de muchachos —

amparados muy posiblemente por alguien que sabe muy bien lo que se propone— hayan decidido pasar

de los insultos a la agresión con armas?, dice Santiago Trancan, compañero de Federico

Jiménez Losantos y, cómo éste, firmante del «Manifiesto-de los 2.300». Asiduo colaborador de

«DISIDENCIAS», el suplemento cultural de DIARIO 16, Trancon relata el atentado sufrido en la

madrugada de ayer por su amigo y compañero Federico.

Santiago TRANCÓN

Eran Las 12 de La noche, y recibí una llamada de teléfono: «A Federico le han dado un tiro en una pierna

y está ingresado en el Hospital Clínico.»

Hacía poco más de una hora que nos habíamos despedido en el Instituto de Santa Coloma, donde

trabajamos. Al instante, me imaginé La escena, la brutal escena: atado a un árbol, amordazado, Federico,

al ver una pistola a la altura de su cabeza, pregunta como puede si le van a matar. Oye esta respuesta en

catalán: «No te vamos a matar, de momento. Sólo queremos dejarte un pequeño recuerdo.» La pistola

desciende hasta la rodilla derecha y se oye un disparo. Federico, en un acto reflejo, aparta la pierna y da

un grito. La baía, por fortuna, se desvía y no le destroza la rodilla.

No puedo imaginarme a Federico inválido de por vida. Esta es la imagen que, sin duda, habrían querido

ver esos dos muchachos que,, a punta de pistola, le habían obligado a no abandonar el coche del que se

disponía a salir para subir a casa de unos amigos.

A la profesora y compañera de trabajo que le acompañaba, otra pistola le apuntaba el pecho. Arranca el

coche y se dirige hacia un descampado cercano a la carretera de Esplugas y allí los agresores comprueban

la identidad de Federico, pidiéndole el carnet, y la agenda con la que se quedan.

La compañera, atada de pies y manos y con esparadrapo en la boca, un poco alejada, oyó el disparo sin

saber si en aquel instante Federico había sido o no asesinado. Logra desatarse haciendo grandes esfuerzos

y acude a ayudar a Federico. Le hace un torniquete en la pierna y sale corriendo hacia la carretera.

Consigue parar a un coche de Policía y pronto llevan a Federico al hospital.

Fanáticos

Es aquí donde puedo enterarme con detalle de todo lo ocurrido. Un grupo ultracatalanista, llamado Terra

Lliure (Tierra Libre) reivindicó el atentado hora y media después llamando al diario «Avui» e indicando

el lugar de los hechos.

Los agresores explicaron muy brevemente a Federi-co, antes de dispararle, que lo hacían por ser uno de

los autores del manifiesto «Anticatalán y lerrouxista, esa mierda que unos cuantos habéis venido a meter

en Cataluña».

Yo no dudé desde el primer momento a quién atribuir la paternidad del atentado: no podía ser más que un

grupo de fanáticos nacionalistas. Curiosamente, y como si fuera una premonición, aquella misma tarde

habiamos estado grabando una entrevista para una revista de Santa Goioma hablando del tema del

manifiesto.

Federico y yo insistimos en la gravedad de la situación, en que estábamos profundamente preocupadas

por la reacción que oficial y particularmente había provocado el manifiesto en los círculos catalanistas.

«El manifiesto ha sido la última oportunidad de que un problema tan grave, como el que está provocando

la imposición del catalán, tenga una salida democrática», dijimos reiteradamente. ¿Exagerábamos? Los

hechos, dramáticamente, nos iban a dar la razón unas horas más tarde.

Este es el primer tiro, un tiro cuyo eco no se borrará fácilmente de la cabeza de Federico y de la de

ninguno de los que hemos firmado y defendido públicamente el manifiesto. Un eco que ha estremecido, y

espero no exagerar al decirlo, a toda Cataluña y no sólo a los firmantes del manifiesto. Un manifiesto que

hemos defendido siempre con una serenidad y una moderación que nunca se ha salido del más estricto

respeto a las personas, las instituciones y las más elementales normas de conviviencia de una sociedad

democrática.

No pueden decir lo mismo los responsables de la política catalana ni los muchos que, usando y abusando

de todos los medios de difusión a su alcance —que no son pocos— nos han insultado e injuriado duran-

te meses en una de las campañas más sucias y vergonzosas que jamás se haya podido ver.

¿Qué tiene de extraño que ahora un grupo de muchachos —amparados muy posiblemente por alguien que

sabe muy bien lo que se propone— hayan decidido pasar de las palabras a los actos?

No se puede estar eternamente agrediendo a unas personas llamándolas «colonialistas", «franquistas»,

«golpistas», «miserables perros» (como alguien escribió un día en el «Avui»), etcétera, y rasgarse ahora

cínicamente las vestiduras.

¿Volverán a repetir hipócrita y ciegamente que se trata de «una anécdota»? Seguramente que sí, que

volverán con la misma música.

Ayer mismo, en el informativo de la cadena catalana, "Crónica» dio la noticia con estas textuales

palabras: «Uno de los firmantes del manifiesto en contra de la normalización del catalán ha sufrido...» «El

Noticiero Universal», diario de la tarde, le dedicó al suceso una columna que titula; "Piernicidio contra

uno de los autores del "Manifiesto de los 2.300"» Piensen ustedes por un momento en la gracia macabra

del término piernicidio y saquen conclusiones.

«Tened cuidado»

Al salir del hospital vi a Federico. Estaba tranquilo, seguro, pero fríamente asustado, Tenía el pantalón

lleno de manchas de sangre y la pierna escayolada. «Tengo para unos meses, Santiago —me dijo—; y tú,

cuídate.» Hace un momento he podido hablar con él por teléfono y ha vuelto a repetirme: «Cuídate y due

a Amando que también tenga cuidado.»

Yo he leído muchas veces en la prensa las palabras «terror», «violencia», «atentado», «muerte». Palabras-

que, de tan repetidas, pierden la terrible verdad que encierran. Hoy más que nunca comprendo el profundo

significado de estas palabras y de esta otra: «Democracia.»

Hoy, más que nunca, y aunque suene a patético, deseo gritar «Viva la libertad, la democracia, la

Constitución», convencido de que estas palabras no sólo aseguran mi libertad y hasta mi supervivencia

sino la de todo un pueblo: El pueblo español, al que nada ni íiadie va a apartar del camino de la paz, del

progreso y la convivencia, Y menos, un grupo de aprendices de pis-, toleras a sueldo.

 

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