Autor: Mora, Francisco. 
 El atentado contra Jiménez Losantos... Una bala contra el manifiesto de los 2300. 
 Que nadie se vengue. Con que haya miserables de un lado, ya es bastante     
 
 Diario 16.    22/05/1981.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 34. 

«Que nadie se vengue. Con que haya miserables de un lado, ya es bastante»

«Que nadie tenga la tentación de hacer de vengador anónimo ni de tomarse la justicia por su mano: la

venganza es lo peor que puede suceder, y conque haya miserables en un lado, ya es bastante», declaró

anoche a DIARIO 16 Federico Jiménez Losantos, escritor y colaborador de este periódico, respecto a las

futuras consecuencias que pudiera tener el atentado de que fue objeto el miércoles.

Barcelona: Francisco MORA

—Cuéntanos cómo fue todo Federico...

—Dos elementos jóvenes, con aspecto de chicos de clase inedia acomodada, sobre las diez y media o

once menos cuarto de la noche del miércoles, a punta de pistola, nos secuestraron a una compañera de

trabajo y a mí, a la puerta de la casa de la chica. Nos llevaron a Esplugas y al llegar a una zona desierta,

después de patear varios descampados y terraplenes, nos ataron a un árbol y nos amordazaron.

—¿Dijeron antes de ese momento qué es lo que pretendían?

—No, hasta entonces no dijeron ni una palabra y una vez atados y con la mordaza puesta me llamaron por

mi nombre y me echaron en cara lo que ellos llamaban mi campaña espa-ñolista y lerrouxista, lo del

manifiesto, etcétera.

—¿No te dieron opción al diálogo siguiera?

—Desde luego que no. Ya te he dicho que lo primero que hicieron fue amordazarme. Hablándome

siempre en catalán, me dijeron todo lo que te he indicado anteriormente, y yo, a través de la mordaza y

chillando todo lo que podía, les dije que contra Cataluña nunca he escrito ni una palabra, lo cual es cierto,

pero ellos no me hacían ni caso, porque se veía bien que iban decididos a hacer lo que hicieron.

«Dejarme cojo»

—¿Y qué hicieron exactamente y cómo lo hicieron?

—Yo les pregunté si es que me iban a matar, a lo cual no respondieron hasta hablar unos momentos entre

ellos en voz baja. Después se me acercó uno de ellos y me dijo: «No te vamos a matar por el momento,

pero te vamos a dejar un recuerdo.» Me apuntó a la rodilla y yo me di cuenta de que no me iban a dar el

tiro en la nuca, pero tenían intención de dejarme cojo.

El individuo disparó, pero se le encasquilló la pistola y enconces, allí mismo, la volvió a montar y a

quemarropa me disparó en la rodilla. Lo que pasa es que me debí mover un poco y el tiro sólo me rozó la

rótula y pasó rozando también el fémur, en una trayectoria de entrada con salida un poco por encima de la

rodilla.

—¿Qué pasó después?

—Nos dejaron allí atados y se fueron en el mismo coche que nos habían robado. Tuve la suerte de que mi

compañera se desatara en seguida y de que pronto pasara por allí un coche zeta, que me llevó al hospital

Clínico, donde me hicieron una cura de urgencia, porque, si no, podíamos haber pasado allí la noche.

La Policía se portó maravillosamente conmigo.

—¿Se identificaron como algún grupo político?

—No, en absoluto, pero siempre me hablaron en catalán y su edad no pasaría de los veinte años.

—¿No te sonaban sus caras?

—No, no me recordaban ninguna cara que yo conozca.

—¿Cómo analizas tú este ataque tan ruin y tan cobarde?

—Después de la campaña de intolerancia, de injurias y calumnias, de meses y más meses llamándome

canalla y fascista, lo raro es que sólo me haya tocado a mí y que por el momento, como dijeron ellos, no

me hayan pegado un tiro en la nuca. Pero son síntomas claros de un terror total. «Me iré a Madrid».

—¿Qué piensa hacer ahora?

—Lo curioso es que el día anterior me habían concedido el traslado a Madrid y allí me iré, puesto que ya

no puedo renunciar.

—Eso tiene todos los visos de una huida...

—Es que no se puede estar aquí; éste es un ambiente particularmente irrespirable. YO sólo podía, o

dedicarme a la política directamente, cosa que no me interesa y menos con el tipo de política que hay que

hacer aquí, o irme. Y he decidido largarme. Ya no hay términos medios.

—¿Quiénes te han llamado, entonces?

—Francisco Fernández Ordonez y gente de varios Ministerios, así como infinidad de amigos de

Barcelona, de Madrid y de toda España. De la Generalidad ha venido únicamente el jefe de Servicios de

Enseñanza. La cuestión, ahora, es como para que mediten todos los que han movido esta campaña y

piensen a dónde van por ese camino.

Dinero y pistolas

—¿A quién haces responsables de lo que te han hecho?

—A los que me pegaron el tiro, pero sobre todo a los que les pagan y les ponen las pistolas en la mano,

porque eran auténticos profesionales y con una sangre fría espantosa.

-Curioso que no te hayan llamado ni Pujol, ni Barrera, ni nadie con entidad de la Generalidad, ¿no?

—Sólo un poco curioso...

—¿Temes reacciones por parte de la gente de Santa Coloma, entre la que tantos amigos tienes?

—Eso sí que quiero dejarlo muy claro: que nadie tenga la tentación de hacer de vengador anónimo y de

tomarse la justicia por su mano: la venganza es lo peor que puede suceder, y conque haya miserables en

un lado, ya es bastante.

—¿Piensas que éste puede ser el primer acto de una especie de ETA catalana?

—¡Hombre!, aficionados no eran y llevan tanto tiempo insultándonos con «seny», que lo mismo ya lo han

perdido..., pero no creo que sea una cosa de comunidad. Lo que pasa es que si se tira tanto de la cuerda al

final se rompe. Aquí lo que hay que preguntarse es quiénes están creando esta situación que intoxica a la

opinión pública y da lugar a que estas cosas sean posibles.

 

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