Autor: Barral Agesta, Carlos. 
 El atentado contra Jiménez Losantos... Una bala contra el manifiesto de los 2300. 
 Declaro mi solidaridad     
 
 Diario 16.    22/05/1981.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Declaro mi solidaridad

Carlos Barral

El debate sobre los derechos lingüísticos en Cataluña y sobre supuesta discriminación por razones de

lengua, ha sido puntuado con un grave incidente: el secuestro y las lesiones ingeridas al profesor Jiménez

Losantos, por parte de unos terroristas que se pro-claman miembros de una organización hasta ahora sólo

conocida por la autoría de actos de violencia de sentido más bien ecologista.

Vaya por delante mi rechazo del acto de terrorismo del que ha sido víctima Jiménez Losantos, de

obligada condena como todo terrorismo de cualquier signo o de cualquier clase. Pero me parece que no

quedo cumplido con esta declaración.

Es notorio mi desacuerdo con los puntos de vista de Jiménez Losantos, acerca de la situación lingüística

en Cataluña, y de sus perspectivas históricas, y es evidente que no considero arma noble en el debate

intelectual el apoyo de 3.000 firmas de profesionales de las cleresías intelectuales a un manifiesto de

argumentos débiles y desorbitados.

Pero, en esta ocasión, no puedo menos que sentirme solidario de mi enemigo dialéctico, el profesor

Jiménez Losantos.

En el lecho en que se recupera de las lesiones, por fortuna leves y de la ira provocada por la injusta

humillación de que ha sido objeto, Jiménez Losantos ha declarado, me dicen, que los miserables que le

han agredido lo han hecho desde la influencia de otra demagogia y de otra intransigencia.

Y eso es verdad. Jiménez Losantos y los firmantes del manifiesto hacen, quizá sin habérselo propuesto

claramente, mortero de trabuco político de una seria cuestión de identidades culturales. Pero, el

parlamentario Heribert Barrera y sus gentes, también, y el diálogo de las lenguas se convierte en

escenario de resurrección de acartonados lerrouxismos o fantasmagóricos separatismos culturales,

peligrosas estupideces que excitan a los tontos sanguinarios, a los oligofrénicos con pistola.

Y el asunto no es ese; las cuestiones antropológicas y los programas de política cultural no hacen frontera

por ningún lado con el energumenismo. Declaro, pues, mi solidaridad con Jiménez Losantos.

 

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