Autor: Iglesias, Jesús Vicente. 
   Adiós, Cataluña, adiós     
 
 Diario 16.    23/05/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Diario16/23-mayo-81

JESUS VICENTE IGLESIAS

Diputado provincial de Barcelona del PSC-PSOE

Adiós, Cataluña, adiós

«El tiro contra Federico es un tiro contra la razón, es un tiro simbólico contra todos aquellos que no

comulgamos con las ruedas de molino de la causa nacional catalana», dice Jesús Vicente Iglesias en este

artículo, en el que, a raíz del atentado contra Jiménez Losantos, afirma que «nos iremos (...), no queremos

ser un estorbo para nadie».

«La fuerza del discurso no la da quien habla, sino lo que dice», decía yo en esta misma página hace un par

de meses, al tiempo que me declaraba como uno de los primeros firmantes del «Manifiesto de los 2.300».

Pero, al parecer, quienes hablan en Cataluña, según lo que digan, tienen un público atento que se apresura

a colocarles en el punto de mira de los insultos, dé las diatribas o, lo que es peor, de las pistolas.

El tiro contra Federico es un tiro contra la razón, es un tiro simbólico contra todos aquellos que no

comulgamos con las ruedas de molino de la causa nacional catalanista, es un tiro contra los emigrantes.

Es escribir en la carne de Federico, que es la nuestra, que la «Cataluña nueva» que soñamos es imposible,

y rubricarlo con sangre. Ante tanto político cegato, ante tanto socialista con orejeras, de poco ha servido

enronquecer diciendo que el socialismo es universal, que no termina en el Ebro, que en el cinturón

industrial de Barcelona se desconfía de los nacionalismos, que se está perdiendo la confianza en los

partidos de izquierda ante la política del «todos juntos», y, además, revueltos, porque ya se sabe por

dónde van los tiros, y nunca más desgraciadamente dicho. Aunque la señora Molí crea que los emigrantes

Estatuto, y por el socialismos separar justicia de privilegio, solidaridad de «ley del embudo».

Tímidos balbuceos

Es triste reconocerlo: hasta el poder sindical, que tanto sabe de marginación, se calla. Sólo algunos

tímidos balbuceos, a veces, cuando se puede. El esparadrapo con que el miércoles taparon la boca a

Federico también es simbólico: se lo han puesto hace ya tiempo a muchos compañeros. Así estamos.

Esta mordaza política nos obligará a dejar Cataluña. No los tiros, ni siquiera el último comunicado de los

facciosos de Terra Llure en que se nos amenaza a los firmantes públicos del manifiesto con correr la

misma suerte que Federico. Queremos a este país, pero no deseamos ser un estorbo para «nadie»; no

queremos ser «colonizadores», señor Faulí, ni «ocupantes», señor Vallverdú, ni «destinados», María

Aurelia Campmany, y mucho menos «bestias», como nos llamó aún el martes pasado una famosa

cantante catalana en TV.

"Nos iremos"

Nos iremos para tranquilidad de esos compañeros que nos siguen en los debates públicos, magnetófono

en mano, para ver si algún «renuncio» es, objeto de la comisión de conflictos y de expulsión del partido.

Para ver si así se dedican a hacer socialismo en vez de cazar brujas. Si saben. Si pueden.

Nos iremos con pena, con tristeza al ver qué clase de presidente tiene el Parlamento catalán, sin saber a

ciencia cierta quién carga las pistolas, quién es el maestro armero de ese grupúsculo de nazis que

constituye el último berrido terrorista.

Aquí, en Cataluña, se quedarán diez años de nuestra vida, como emigrantes y como socialistas del PSOE,

por supuesto. No nos arrepentimos de nada y menos de haber luchado por la libertad, por la democracia,

por la Constitución y el Estatuto, y por el socialismo.

A lo mejor en otras tierras de España nuestra idea de lo que debe ser la convivencia, la tolerancia, tienen

más eco. A lo mejor podemos ser más útiles desde allí a los que aquí se quedan. Porque nos sentimos con

derecho a hablar de Cataluña, como algo nuestro, allá donde recalen nuestros huesos.

 

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