Autor: Jiménez de Parga y Cabrera, Manuel (SECONDAT). 
   El 15-J del 77 en Barcelona     
 
 Diario 16.    15/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 23. 

15-junio-81/Diario16

OPINION

MANUEL JIMENEZ DE PARGA Catedrático de Derecho Político

El 15-J del 77 en Barcelona

Hoy, en el cuarto aniversario de la jornada histórica del 15-J del año 77, en que los españoles

recuperábamos la participación electoral en unos comicios generales, Jiménez de Parga recuerda aquellas

jornadas en Barcelona, donde «nos hallábamos en dos bandos irreconciliables por el solo hecho de haber

nacido dentro o fuera de Cataluña».

Hace tan sólo cuatro años y vemos muy lejana aquella jornada histórica de las primeras elecciones

democráticas, el 15 de junio de 1977. Las cosas públicas se suceden ahora en España a un ritmo tan

acelerado que lo cercano parece propio de otra época, ya superada. Pero aquel día, el 15-J, fue

verdaderamente grande, inolvidable. Yo puedo contar lo que ocurrió en Barcelona. Algunos aspectos del

singular proceso han sido silenciados o desvirtuados.

En la Ciudad Condal, y en toda Cataluña, la incógnita más interesante —que debían despejar las urnas-era

la influencia del catalanismo político en el comportamiento de los electores. Igual que sucedía en el resto

de España, nadie se atrevía a asegurar un porcentaje de votos a la derecha y otro a la izquierda. Después

de cuarenta años sin elecciones libres, cualquier cosa podía ocurrir. Sin embargo, en Barcelona el normal

enfrentamiento ideológico quedó supeditado a la pugna entre los que se consideraban opciones

nacionalistas catalanas y opciones nacionalistas españolas.

Los que ganaron

Ganaron ampliamente los socialistas (con el 24,1 por 100 de los electores inscritos), seguidos de los

comunistas (con el 15,7 por 100). Pero en esos contingentes de votos no fue posible calcular con un

mínimo de exactitud el peso del catalanismo político, pues el apoyo de los inmigrantes al PSC/PSOE y al

PSUC había sido decisivo para la colocación de ambos en los primeros puestos.

Pacte Democratic, cuya lista en Barcelona encabezó Jordi Pujol, y Esquerra, con Heribert Barrera en

primer lugar, sumaron, respectivamente, el 12,3 por 100 y el 3,6 por 100. Erróneo sería, no obstante,

extraer de estos modestos resultados la consecuencia de un catalanismo político débil en el distrito

electoral de Barcelona, es decir, capital y provincia.

UCD obtuvo prácticamente los mismos votos que la coalición de Pujol: un 13,3 por 100 en toda Cataluña,

con un 14,1 por 100 en la ciudad de Barcelona y un 11,9 en el distrito electoral. Los democristianos y CC,

cuya cabeza de lista fue Antón Cañellas, consiguieron el 4,2 por 100, mientras que Alianza Popular rozó

el mínimo del 3 por 100 (sólo un 2,5 del censo).

Este primer cuadro electoral se ha alterado luego, gracias a la buena tenacidad de algunos políticos —hay

que reconocerlo— y gracias también a los errores de otros. Los socialistas, en las últimas elecciones

habidas, han cedido el liderazgo al bloque formado en torno al Pujol, elegido así presidente

de la Generalidad. UCD cambió de rótulo a finales de 1979, incorporó a sus filas a algunos adversarios

del 15-J y se presenta como Centristas de Cataluña-UCD: de cada tres votos obtenidos en 1977 pierde dos

en 1980.

Crece Esquerra y se consolidan en sus respectivos porcentajes los dos grupos situados en los extremos:

CD (antes AP) y PSUC.

Una realidad

Por encima de estas cifras, una realidad se ha impuesto: todos los partidos aceptan convivir bajo la

Constitución de 1978. El Estado de las autonomías es considerado como la nueva forma de la

organización territorial que puede servir para superar las dificultades entre Madrid y Barcelona. No se

trata de conllevar el problema, sino de resolverlo. El clima de pasión que predomina durante la campaña

del 15-J va cediendo a favor de los diálogos de entendimiento.

Pedro J. Ramírez, en su libro «Así se ganaron las elecciones», relata algunos episodios de la dura lucha

política habida en Barcelona, Recuerda, por ejemplo, la tarde del 27 de mayo en el Crazy Horse de la

avenida de la Diagonal, con los cuatro temas que entonces eran prioritarios: el sucursalismo político, la

ubicación del centro, el Estatuto de autonomía y la problemática de la emigración.

Por fortuna, esas cuestiones perdieron virulencia. Se siguen cometiendo equivocaciones, como se

cometen en cualquier obra humana, pero con otro alcance y distinto signo.

El 15-J el gran error fue plantear los debates electorales como si nos encontrásemos en 1936, cuando

viajar de Barcelona a Madrid era un acontecimiento que se reflejaba puntualmente en los «ecos de

sociedad» de los periódicos, y cuando las diversas comunidades históricas —también Cataluña— vivían

cerradas en sí mismas, con poblaciones homogeneizadas e inmunes a las influencias externas.

El 15-J no se concedió a la televisión la real importancia electoral que posee, y se olvidó (o algunos

olvidaron) qué precisamente el empleo masivo de la TV había abierto una era histórica, lo que obliga a

revisar todas las reglas de una campaña electoral. ¿Qué valor tiene ahora un mitin? ¿Quién ha de hacer un

pronóstico válido por la asistencia a una plaza de toros o a un parque?

Fue una primavera interesante la del 1977 en Barcelona. Los enfrentamientos políticos fueron allí cosa

muy distinta a los que tuvieron lugar en Madrid o en cualquier otra ciudad, a excepción, claro es, del País

Vasco. Las pasiones se desataron, las reacciones viscerales dominaban las conductas.

Dos bandos

Amigos y colegas de muchos años, que compartíamos el mismo ideario democrático, nos hallábamos en

dos bandos irreconciliables por el solo hecho de haber nacido dentro o fuera de Cataluña. Malo sería que

nuestros hijos, pasados unos años, tuvieran que conocer una experiencia tan entristecedora.

No éramos, en Barcelona, los demócratas frente a los enemigos de la democracia, ni los progresistas

frente a los conservadores. Esto hubiera sido un planteamiento conforme a razón. El 15-J fue, ante todo,

pasión.

Lo recuerdo ahora como algo lejanísimo. Las aguas vuelven a sus cauces naturales. Algunos de los temas

más polémicos de aquella tarde de mayo en el Crazy Horse ya no enfrentan a casi nadie.

 

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