Autor: Mora, Francisco. 
   Heribert Barrera es un golpista     
 
 Diario 16.    14/09/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 20. 

FRANCISCO MORA

Corresponsal de DIARIO 16 en Barcelona

Heribert Barrera es un golpista

Tras las descaradas exhortaciones independentistas de Heribert Barrera, llegando a comparar la situación

de Cataluña con la de Gibraltar, nuestro corresponsal en Barcelona le califica de «golpista» y le acusa de

haber engañado al electorado al concurrir a unos comicios propiciados por una Constitución que consagra

la unidad de España.

Hace siete meses el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina, con engaño manifíesto

utilizando el nombre del Rey, procedió al asalto de las Cortes españolas. Descubierta la superchería, a los

pocos minutos todo el aparato del Estado dio comienzo a los trabajos para conseguir que el asaltante

abandonara la Cámara legislativa y pudiera continuar adelante el proceso democrático en el que estamos

empeñados los españoles, representados cada uno por el receptor del voto que en su día introdujo en la

urna.

Ahora, Tejero Molina y quienes le secundaron, y también quienes él secundó, están detenidos, privados

de libertad, en espera de que la justicia de su veredicto sobre el grado de responsabilidad que les alcanza,

según las leyes por las que se rige el país, por la acción cometida aquel día, así como por su gestación,

intencionalidad y concomitancias. Habrá sus más y sus menos, pero eso es un hecho y ahí está. Tejero y

los suyos atacaron la Constitución, atacaron nuestras instituciones y permanecen presos a la espera de

juicio.

Superchería

Heriberto Barrera, hace ahora escasamente un año y medio, ocupó con engaño manifiesto la presidencia

del Parlamento de Cataluña, utilizando para ello la Constitución que nos habíamos dado todos los

ciudadanos de este país, a través de las fuerzas políticas que nos representaban en aquellos momentos y

nos siguen representando ahora, y dieciocho meses después nadie ha dado un paso para conseguir que don

Heriberto abandone su aventura.

Una aventura, repito, iniciada y desarrollada con superchería e incluso con descaro, puesto que, desde el

primer momento, viene dejando bien claro que no cree en el instrumento que le valió para encaramarse en

su cargo (la Constitución) y que ni siquiera está dispuesto a respetarlo, «No hay ningún texto legal que

pueda evitar que Cataluña sea una nación», afirma Heriberto Barrera, que fundamentó su aserto en que

ello «es un hecho natural». Pero el don Heriberto del cuento, el don Heriberto de l´a sonrisa profesoral y

engañadora, comete, al pronunciar tales palabras, un simple pecado de descaro manifiesto, de deslealtad,

chanchullería e irresponsabilidad.

Y comete todo eso porque sabe bien que sí hay un texto legal que evita que Cataluña, o cualquier otro

trozo de España, pueda erigirse en nación, y ese texto legal no es otro que la Constitución, gracias al

acatamiento de la cual él pudo llegar a presidir el Parlamento de Cataluña. Institución que emana del texto

constitucional y cuya alta presidencia debería obligar al don Heriberto del cuento a medir

muy mucho sus palabras, sus gestos y su verbalismo golpista. Tan golpista, sí —aunque con otros

métodos— como el del señor Tejero Molina del otro cuento.

Chocheces

Comparar la realidad de Cataluña con la de Gibraltar es otra memez del catedrático de Química Orgánica

metido a presidente de una institución en la que no cree, puesto que en su origen nace de aquello que él

denigra y ataca tan alegre e irresponsablemente.

Algunos hablan de senilidad y aconsejan que el simpático don Heriberto alegre su vejez con algún retozo

preñado de juventud femenina, que ello habría de despejarle la cabeza y proporcionarles una visión más

realista y actual de las cosas que la que evidencia con su golpetero lenguaje. Pero ese consejo ya no le

sirve a don Heriberto para nada, también eso le ha fallado...

Lo que pasa es que no nos vale a nosotros, a quienes más peligro corremos de sufrir las consecuencias de

las chocheces de don Heriberto, los que trabajamos y vivimos en Cataluña, que se nos quiera tapar el

golpismo verbal del abuelito con la socorrida excusa de la senilidad.

Y no nos vale porque alguien, algo, algunos, hay detrás de la barrera, que soplan, incitan y motivan a don

Heriberto para que diga tales cosas y adopte semejantes posturas, tampoco acordes incluso con la esencia

de su partido.

Elecciones

Existe una maniobra política con las miras puestas en las próximas elecciones. Una maniobra tendente

a chuparles muchos votos, sobre todo de esa gran cantidad de gente joven que no vota, desilusionada por

el pasteleo y el consenso, a Convergencia y a los socialistas.

Y si alguien, algo o algunos no le hacen ver al don Heriberto del cuento, de una vez por todas, que en

boca cerrada no suelen entrar dípteros, las próximas elecciones pueden encontrar en Barrera y sus

genialidades un magnífico campo para radicalizar los resultados y que fuerzas políticas sin incidencia real

en Cataluña se alcen en triunfo a la sombra de un partido histórico y con un nombre carismático en

Cataluña como es la Esquerra Republicana de Maciá, Companys y Tarradellas. Ese Tarradellas que por

cierto está más que asustado por da demagogia barata» que nos aflige.

A Heriberto Barrerra «no le faltó nadie», ha dicho, en el Parlamento de Cataluña el pasado día 11, en

clara alusión plena de cínico y desvergonzado desparpajo político a militares, Iglesia y empresarios que

dejaron bien patente con su ausencia que las estupideces sólo están dispuestos a tolerarlas hasta cierto

punto. Pero nunca hasta más allá de las inconstitucionalidades y de la agresión, siquiera sea verbal, a la

nación española.

Terra Lliure

Verbal, de momento. Pero que nadie olvide que ahí está Terra Lliure, que si bien todavía no tiene sobre sí

delito de sangre alguno a excepción del tirito en la rodilla a Jiménez Losantos, el tenebroso GRAPO

también comenzó un día de no hace muchos años con cinco o seis atentados a edificios oficíales, sin

víctimas que lamentar. Plana que se enmendó, a sí mismo en poco tiempo, teniendo a estas alturas ya tras

de sí una larga estela de sangre y de familias vestidas de luto.

Actitudes como la de don Heriberto son un magnífico caldo de cultivo para las locas aventuras de todo

tipo, qué siempre suele saberse cómo comienzan, pero casi nunca cómo pueden terminar. Un veterano

compañero y sin embargo amigo; cínico vocacional y como casi todos los cínicos muy inteligente, me

decía ayer mismo que él sí, que él sí que sabe como comienzan y como finalizan siempre estas aventuras.

Al preguntarle yo que cómo, el compañero me contestó. «Comienzan siempre con el Barrera de turno y

acaban con un cañón en la plaza de San Jaime...»

 

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