Autor: Sopena Daganzo, Enrique. 
   El hundimiento del centrismo catalán     
 
 Diario 16.    25/01/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

El hundimiento del centrismo catalán

A la vista de los resultados de una reciente y liable encuesta sobre la tendencia de voto en Barcelona y su

provincia, parece incomprensible que se pueda mantener la situación interna actual de Centristes-UCD.

De acuerdo con tal sondeo de opinión, los centristas barceloneses pasarían del ya intimo 8 por 100

alcanzado con motivo de los comicios autonómicos de 1980 a un 6,3 por 100., cifra ésta que colocaría al

referido partido en las puertas del testimonialismo más estéril.

La encuesta parece acreedora de crédito, siquiera por una sola razan: resulta perfectamente verosímil y

nada sorprendenté para cuantos siguen, con un mínimo de rigor, los avalares de la política catalana y su

entronque con la política general española.

En síntesis, los datos que se aportan serían los siguientes:

1) Consolidación, con ligero aumento, de Convergencia i Unió.

2) Incremento de cuatro puntos para los socialistas, casi a la misma altura que los seguidores de Jurdi

Pujol.

3) Sustancial subida de Esquerra Republicana.

4) Notable caída del PSUC.

5) Desastre, como ya queda apuntado, de Centristes-UCD.

Pujol

¿Puede asombrar a alguien que la discreta gestión de Pujol, con ribetes de electividad, siga disfrutando de

la confianza de ciertas capas de i a población barcelonesa, que ven en Pujol un freno ante la amenaza de

la izquierda, conjugado con un inequívoco pedigree democrático y de defensa de valores muy concretos

de la catalanidad. ¿Puede asombrar, asimismo, que los socialistas, beneficiados por la buena imagen de

alternativa de Felipe Gonzalez y por la excelente administración municipal de Narcís Serra, recuperen

parte del terreno perdido aquí hace unos dos años?

Del mismo modo, tampoco puede generar asombro el hecho de que la radicalidad verbal de Heribert

Barrera, apurando al máximo su cargo representativo en el Parlamento, unida a una práctica política

conservadora, arroje buenos frutos de entre sectores descontentos con el excesivo posibilismo socialista

en cuanto a Cataluña o con la batalla intestina comunista; sectores, además, que son atraídos más por la

forma que por el fondo, más por los símbolos que por el contenido real de los mismos. En cuanto al

PSUC, el proceso de autodestrucción en tí que está sumido el partido más sólido que aquí hubo desde

1939, explica sufïcientemente su previsible debacle electoral.

Pues bien, si todo lo anterior es entendible, mucho más aun lo es cuanto se al nina de Centristes-UCD. A

menos de quince días de su congreso, previsto en la ciudad de Lleida, los ciudadanos interesados por

estos temas asisten impávidos al tira y afloja entre la Moncloa y el estado mayor dirigido por Antón

Cañellas respecto al aplazamiento o no de la magna asamblea centrista.

Tanto Leopoldo Calvo-Sotelo como Iñigo Cavero presionan para que la sus-pensión del congreso

ofrezca la posibilidad de llevar a cabo los cambios necesarios en la cúpula del partido. Por su parte,

Cañellas, temeroso de tales maniobras —cuyo principal blanco es él mismo—, está apretando el

acelerador con el fin de que sus largos meses dedicados al afianzamienlo de su poder personal no hayan

sido en vano.

Ineficacia

Lo mas pintoresco, sin embargo, no es que la Moncloa —o Ariabán— quieran desembarazarse de la

ineficacia instalada en Centristes, sino que hayan permitido, durante años, la degradación de un partido

que, en cualquier caso, nació de forma harto forzada y cuya singladura se ha caracterizado por cualquier

cosa menos por la brillantez.

El citado sondeo asegura que Antón Cañellas es el político a quien menos entrevistadas votarían, Cañellas

es definido, por la media de los consultados, con estas palabras; «escasamente capaz, con poca garra y

bastante reaccionario». Sus fíeles colaboradores, José María Mesa Parra y Manael de Sárraga, consiguen

esta descripción: «Muy Ineptos, sin prestigio y muy reaccionarios.»

Cañellas

En cambio, Eduardo Punset, el ex ministro de las Comunidades, es el único potítica de la UCD catalana

que se encuentra en los puestos más relevantes de la encuesta, y atesora califi-cativos como los de

«bastante liberal» y «bastante progresista», en paralelo, aunque a distancia, de Miquel Roca Junyent, otro

de los dirigentes que, junto a Pujol, Reventós, Serra y Antoni Gutiérrez Díaz, mejor parados salen de la

prueba.

Pero, desde luego —y con todo el respeto a su pasado de luchador antifranquista-, no hacía falta leer el

sondeo para apreciar en Cañellas abundantes defectos en su dimensión de líder del centrismo catalán.

¿Por qué se ha esperado tanto para intentar arreglar las cosas? ¿Por qué se ha tolerado que Punset fuera

incluso sancionado por Cañellas, cuando era obvio que goza de una infinita mejor imagen?

Es más, ¿por qué se especula ahora con la solución Mayor Zaragoza, cuando este ministro, de raíz

catalana, ha tenido tanta relación con Catalunya como la pueda tener Iñigo Cavero, pongamos por caso,

con Canarias, excepción hecha de un breve periodo de la reforma, cuando se procuraba, a través de un

curioso invento, eliminar del horizonte el vocablo Generalitat?

El problema de fondo, en Catalunya, consiste en que el espacio centrista está holgadamente cubierto por

Convergencia Democrática, con el flanco de Unió —a su1 derecha— y de Esquerra Republicana a su

izquierda. Hasta que no se aborde en profundidad esta cuestión, difícilmente Centristes saldrá de la crisis.

Y mucho menos, por descontado, lo hará, si continúa a su frente un equipo que ha reducido el partido a

los «cien tristes».

 

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