Autor: ;Díez, Anabel. 
 Opina que UCD y PSOE desconfían de las autonomías. 
 Miguel Roca: Es imprescindible que los catalanes fomen parte del gobierno de España     
 
 Hoja del Lunes.    03/05/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 27. 

Opina que UCD y PSOE desconfían de las autonomías

Miguel Roca: «Es imprescindible que los catalanes formen parte del Gobierno de España»

"Suárez mostró gran sensibilidad hacia el hecho autonómico"

"El Gobierno va sin dirección"

"Los militares no son más sensibles que yo respecto a la unidad de España"

MIGUEL Roca Junyent, diputado del grapo parlamentario Minona Catalana, ha sido centro de atención

en la semana política finalizada. Al tiempo que se discutía en el Congreso de los Diputados —en fase de

ponencia— la ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA), Miguel Roca tenía

contactos con miembros de UCD y PSOE para intentar limar las diferencias que separaban a su partido de

los dos grandes, desde que el 31 de julio pasado se firmaron los pactos autonómicos, «Intentar la

reordenación del proceso autonómico prescindiendo de los partidos que asumen la responsabilidad de

gobierno en las comunidades autónomas, parece que es una temeridad y, sobre todo, una cierta

irresponsabilidad.» La renegociación iba por buen camino, pero la última reunion, celebrada el pasado

viernes, produjo una marcha atrás es el acercamiento, y centristas y socialistas se ratificaran en «mantener

el texto», En declaraciones a HOJA DEL LUNES, Miguel Roca afirma no creer en las «mayorías

naturales», y sí en la formación de unas mayorías alrededor de un programa coherente. Afirma que la

gobernabilidad del Estado pasa por la presencia en el Gobierno de catalanistas.

HOJA DEL LUNES.—Casi un año después de la firma de los pactos autonómicos entre PSOE y UCD, se

plantea la negociación y quieren contar con ustedes. ¿Demuestra esto que sin el concurso de vascos y

catalanes se hace imposible la gobernabilidad del Estado?

Miguel Roca.—Creo que para la gobernabilidad del Estado son buenos y necesarios todos y, por tanto, es

importante que estén presentes vascos y catalanes. Pero hay otro problema: el PNV y nuestro partido son

las fuerzas que asumen la responsabilidad de gobierno en dos comunidades autónomas y, por lo tanto,

intentar la reordenación del proceso autonómico prescindiendo de dos gobiernos parece una temeridad y,

sobre todo, una irresponsabilidad. Cuando habían reconocido que había que corregir muchas cosas de la

LOAPA, el viernes se vuelven atrás y prefieren mantener el texto puro y basta. Se había creado una

expectativa positiva y ahora esta frustración va a ser mucho peor.

H. L.—Usted cree que UCD y PSOE tienen verdaderas convicciones autonomistas y, por otro lado, en

qué medida les pudo influir el deseo de reordenar las autonomías una vez conocida su baja implantación

en las dos comunidades históricas.

M. R.—No lo sé; pero sí creo que hay una cierta involución autonómica y una desconfianza total ante las

autonomías por parte de estos dos grandes partidos, sin darse cuenta que esto es terriblemente

desestabilizador. Además, cuando se dice, como asegura Martín Villa, que si la LOAPA no existiera,

habría que modificar la Constitución, se entiende que gracias a la LOAPA no la vamos a rectificar,

porque ella misma ya la rectifica. Esto es muy grave. El ciudadano cree que tiene un estatuto, y no

entiende como luego por la LOAPA, que lo armoniza todo, se hacen serios recortes.

Cataluña no es insolidaria.

H. L.—¿Era mejor interlocutor en materia autonómica el presidente Adolfo Suárez que Leopoldo

Calvo-Solelo?

M. R.—No quiero establecer comparaciones personales y no contestaré a esta pregunta. Sin embargo, no

tengo inconveniente en reconocer que Suárez tuvo una gran sensibilidad ante el hecho autonómico.

H. L.—Usted sabe que hay un sentimiento, quizá por falta de información, de que Cataluña ha sido y es

ana zona económicamente privilegiada y que ahora, convertida en comunidad autónoma, se muestra

insolidaria con el resto del Estado, por sus excesivas reivindicaciones económicas.

M, R.— Efectivamente, existe este recelo, pero no es verdad que haya motivos. Cataluña participa en los

Presupuestos Generales del Estado con un 22,8 por 100, mientras que sólo recibe un 7 por 100. Yo no me

quejo de esto, pero no se puede decir que sea insolidario. La acusación de insolidaridad esconde otras

cosas. Las autonomías pueden comportar problemas para algunas parcelas de poder, que

ven perder sus influencias. Como ellos no pueden decir que lo que plantean los catalanes es algo que

afecta a sus intereses, hablan de la unidad de España, de la solidaridad, etc. Yo digo que éstos son

argumentos sectarios que no se fundamentan en nada.

H. L.— ¿Es cierto que el Gobierno catalán está cometiendo abusos en la exigencia del conocimiento del

catalán? Y, por otro lado, ¿cuánto tiempo cree usied que habrá de transcurrir hasta que en toda España se

considere con normalidad que hay zonas en las que se habla otro idioma sin producir rechazo?

El catalán y la poesía

M. R.— No es verdad que se cometan abusos, y yo siempre digo que me den ejemplos y datos concretos

para resolverlos. En cuanto a lo segundo, pasarán como mínimo veinte años, toda una generación.

Todavía hay personas, como el delegado del Gobierno en Cataluña, señor Rovira Tarazona, que el otro

día manifestó que el catalán se habla en casa y en familia y no por la calle. Yo no sé por dónde se pasea

este señor. De momento, se acepta el catalán para hacer poesías y cosas así, pero cuando se dice que esta

lengua tiene que aprenderse para comunicarse, comporta traumas y recelos que tardaremos veinte años en

superar.

H. L.— Estos días, Cataluña ha vivido un brote de terrorismo. ¿Cree que la violencia terrorista puede

encontrar algún tipo de apoyo popular en Catalana?

M. R-— Rotundamente no. En Cataluña el terrorismo no puede arraigar ni arraigará.

H. L.— La clase militar es especialmente sensible en lo referente a la unidad de España. ¿Cómo, se

encuentran en una comunidad autónoma como Cataluña?

M. R.— Yo no creo que los militares sean más sensibles que yo respecto a la unidad de España. Las

relaciones son muy normales y tranquilas. No hay ningún tipo de problema superior a los que puedan

tener en otros puntos de España.

H. L.— ¿Cree factible la configuración del mapa político español en dos bloques: UCD, CD y minorías,

frente a PSOE, PCE y PAD?

M. R.— Creo que sería un grave error. Por eso la misión que le corresponde à un partido como el nuestro

es la de tender puentes de contacto. No hay mayorías naturales propiamente dichas. Ahora bien, lo que sí

es necesario es formar unas mayorías alrededor de un programa coherente y que éste se ejecute.

H. L.—¿Ve la participación de vascos y catalanaes en el futuro Gobierno?

«Somos una nación»

M. R.— Es imprescindible. Ahora bien, el Gobierno nos tiene que invitar. Creo que el día que un partido

catalanista forme parte del Gobierno de España se habrá dado un paso muy importante hacia el

entendimiento entre Cataluña y el resto del Estado.

H. L.— Acaba de publicar un libro en el que se ofrece una «propuesta catalanista para la modernización

del Estado». ¿Considera que hasta ahora no se ha ido en ese camino?

M. R.— No Creo que se va sin dirección, y esto es lo dramático. Hace falta fijar unas bases que den

sentido y coherencia a la acción de gobierno. Esto no se hace.

H. L.— ¿Aquí o en el Parlamento catalán?

M. R.— En la política hay que especializarse, y a mí me ha tocado la política española. Estaré aquí hasta

que me jubilen o me saquen.

H. L.— Qué le dicen la palabra y frases siguientes: «Separatismo», «Somos una nación» y «Ni Francia ni

España, países catalanes».

M. R.— Separatismo, lo mismo que a cualquier ciudadano de Avila. Somos una nación; es una frase que

digo constantemente y no puedo dejar de decir. La nación catalana es una nación dentro de la nación

española. En cuanto a lo último, dejemos que lo diga quien quiera; yo digo Cataluña y España.

María Luisa DONOSO Anabel DIEZ

 

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