Autor: Sopena Daganzo, Enrique. 
   El mismo Porta que habló en catalán     
 
 Diario 16.    18/06/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

ENRIC SOPEÑA Corresponsal de Diario 16 en Cataluña

El mismo Porta que habló en catalán

El máximo responsable del fútbol español, Pablo Porta, protagonizó una de sus más formidables cabriolas

políticas cuando saludó en catalán a los espectadores de la ceremonia inaugural. Para alguien que

«interrogaba hábilmente» a los monárquicos y catalanistas de la Universidad de Barcelona en tiempos de

Franco, hay que reconocer que no está nada mal.

El director de este periódico, Pedro J. Ramírez, señalaba el pasado domingo que un franquista redomado

cómo Pablo Porta iba a hablar en catalán durante el acto inaugural del Mundial-82, mientras que el

presidente de la Generalidad, Jordi Pujol, máximo representante del Estado en Cataluña, debería de

guardar silencio.

Las previsiones se cumplieron con exactitud. El presidente de la Federación Española dé Fútbol

pronunció unas frases en catalán ante millones de telespectadores del mundo entero.

Lengua

Fue éste, en cualquier caso, un momento constitucionalmente importante. El artículo tercero de la «carta

magna» de todos los ciudadanos españoles indica, en su apartado segundo, que «las demás lenguas

españolas serán también oficiales en las respectivas comunidades autónomas de acuerdo con sus

Estatutos».

La inauguración del Mundial-82 tuvo lugar en Barcelona. Barcelona es la capital de la comunidad

autónoma catalana. Además, el apartado tercero del mencionado artículo precisa que «la riqueza de las

distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto

y protección». Parece innecesario subrayar que la difusión del catalán en un acontecimiento de tanta

resonancia popular fue una muestra excelente de respeto y de protección a una lengua secularmente

postergada y, durante tantos años, perseguida.

Pero, una vez apuntado lo anterior, el protagonismo de Pablo Porta constituyó una irritante demostración

de injusticia histórica. Porta es un personaje perteneciente a la galería del pasado que, por las extrañas

piruetas de esta transición, continúa incrustado en el presente, como si el cambio operado en el país a

partir, formalmente, del 15-J, que estos días es conmemorado, no hubiera significado prácticamente nada.

Pablo Porta simboliza la resistencia de núcleos influyentes de la sociedad española a perder su incidencia.

En el supuesto que nos ocupa, como en el de tan-, tos otros, el vaticinio del general Franco -«está todo

atado y bien atado»-parece haberse cumplido.

Pablo Porta fue un hombre descollante en el mundo de los grandes intereses futbolísticos durante la

dictadura. Ahora ha consolidado su posición todavía más. No parece aventurado afirmar que, si la

rebelión militar del 23 de febrero hubiera prosperado, Porta habría permanecido en su puesto, impasible el

ademán. Probablemente, ante los gol-pistas triunfantes, Porta hubiera podido exhibir sus méritos de

antaño.

Juventud

Porque Porta en su juventud, allá por los finales de los tenebrosos años cuarenta, era un cabecilla

estudiantil, perseguidor de heterodoxos, fueran éstos del color que fueran: Juanistas, liberales, catalanistas

y los escasos izquierdistas que por aquellas fechas habían podido acceder "a la Universidad del SEU y del

«Cara al sol».

Todavía hoy, antiguos, compañeros suyos de Facultad recuerdan la especie de «checa» montada por Porta

y sus camaradas falangistas, donde eran interrogados aquellos que se mostraban disconformes con las

consignas del régimen, con el totalitarismo imperante, con el «habla la lengua del imperio», de un imperio

que, para los verdaderos creyentes, usaba el nombre de Dios en vano. Porta no sufrió, en su pensamiento

y en su actuación posterior, evolución alguna conocida. No sucedió con el actual presidente de la

Española de Fútbol como ocurriera con nobles personalidades como el difunto Dionisio Ridruejo, o

Joaquín Ruiz Giménez, o Antonio Tovar, o Pedro Laín Entralgo, etcétera.

Hizo suya la frase atribuida a don Pío Baraja: «En las tempestades lo único que flota son los

corchos.»

Amigos

Porta se limitó a flotar. Como flotó su. íntimo amigo Juan Antonio Samaranch, tan cerca de él en el palco

del Nou Camp, el domingo 13 de junio de 1982, tan cerca de él cuando Samaranch lucía la camisa azul y

la chaquetilla blanca, y era concejal y diputado provincial, y procurador en Cortes y consejero nacional

del Movimiento, y «contaba con nosotros», y llegó a ser -por las paradojas de esta increíble transición- el

primer embajador de la España democrática en la Unión . Soviética de todos los males y todos los

contubernios.

Porta habló en catalán, porque Porta está dispuesto a lo que convenga, para seguir flotando. Como flotaba

la voz de Matías Prats, la misma de las demostraciones sindicales de los Primeros de mayo de carreras

delante de los grises, de exaltación del caudillo de España por la gracia de Dios. La misma voz de

entonces a través de la Televisión de ahora. ¿De ahora? Un caballero llamado Carlos Robles Piquer es

otro ejemplo inequívoco de cuánta razón tenía el ilustre escritor don Pío Baroja.

 

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