Autor: Bricall Masip, Josep María. 
   Banca Catalana: las implicaciones políticas     
 
 El País.    15/11/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

TRIBUNA LIBRE

Banca Catalana: las implicaciones políticas

JOSEP MARÍA BRICALL

Desde hace algunos meses se vienen publicando y difundiendo noticias inquietantes acerca de la

Banca Catalana. Se insinúan anormalidades, se sugieren desequilibrios financieros y contables,

se comenta la posibilidad de malas inversiones, se designan cargos directivos renovadores que

después se convierten en administradores del Banco de España y que, finalmente, dimiten.

La primera reflexión en torno al tema es la consideración de la di mensión política que se quiere dar a la

noticia: algunos bancos, con sede o no en Cataluña; han entrado en dificultades y el Banco de España ha

actuado enérgicamente o ha acudido en socorro de los mismos a través del Fondo de Garantía. La noticia,

por regla general, ha sido rápida, concreta y más o menos satisfactoria. El resultado para el ciudadano es

de doble índole: por una parte, el humano sentimiento de tristeza por los fondos que uno mismo o algún

pariente o amigo pudiera tener comprometidos, como depositante o como accionista, en el banco en

cuestión; por otra parte, la natural preocupación por la repercusión que tal situación puede crear en el

sistema financiero y, en consecuencia, en la política económica, ya de por sí bastante maltrecha.

El planteamiento en torno a la Banca Catalana viene siendo muy distinto: mientras los antiguos

administradores de Banca Catalana guardan silencio, se dirige al lector hacia la sospecha de que existen

otros planteamientos ocultos ajenos a los netamente financieros. Se crea una tercera preocupación al

margen de las habituales: ¿cuál es el motivo de que el tema se trate sin dar más que noticias oficiosas,

datos confusos y sugerencias negativas? ¿Por qué es un tenia que surge, se acalla, se dispara, se desmiente

y, por último, se confirma? ¿Por qué se entremezcla en el tras-fondo dé una campaña política de

elecciones generales?

Al ciudadano le preocupa tanto misterio, tanta sugerencia no desvelada, tanta reserva por parte de las

autoridades, que efectúan, no obstante, manifestaciones confusas al respecto. Si se trata de asimilar el

tratamiento de un tema como éste a la reserva de los graves temas políticos o autonómicos, si lo

procedente es pensar en Cataluña cuando se habla del mismo, ¿acaso entonces debemos aguardar

impávidos a que la divina providencia se sirva insuflar, a quien corresponda, las medidas definitivas que

conduzcan a la callada solución de un problema cuyo planteamiento ha generado una polémica de

posibilidades y sucesos? ¿Es que ello no supone fomentar la situación de abandono de accionistas y

trabajadores o el miedo de las personas directamente afectadas por haber confiado sus depósitos?

Las invocaciones nacionalistas

Naturalmente, creemos que es preciso afirmar: primero, que Banca Catalana no es sinónimo ni bandera de

Cataluña, y en segundo lugar, que si el trasfondo sugerido en este asunto ha sido capitalizado por algunas

Formaciones políticas, éstas tienen la obligación de aclarar al ciudadano de este país el por qué lo han

hecho y hasta dónde llega su compromiso.

No es preciso recurrir al tópico tan en desuso de considerar que el ciudadano de Cataluña cuida su dinero

por encima de todo, para entender claramente que los ahorros que una persona puede ir reuniendo a lo

largo de su trabajo son colocados en las instituciones financieras con arreglo a criterios de confianza y

solidez del depositario. Implicar motivaciones nacionalistas en este sentido no parece justificado, pues

ello, aparte de no ser lógico, nos llevaría a afirmar que un acto de depósito de dinero en determinada

institución sería un acto de afirmación o definición nacionalista. Del mismo modo que el mal

funcionamiento de Banca Catalana no pone ni tiene por qué poner en cuestión la identidad nacional de

Cataluña. ¿Por qué las inversiones de los grandes bancos en Cataluña no son reconocidas como actos de

afirmación voluntarista hacia Cataluña y sí lo han de ser los de Banca Catalana? ¿Por qué no deben ser

considerados tan catalanes como el que más quienes confían la administración de sus ahorros a una

entidad no nacida en Cataluña? ¿Es que acaso las sociedades mercantiles tienen filiación autonomista?

Los diferentes partidos que han efectuado actos electorales en Cataluña han tratado, de pasada, el tema de

Banca Catalana: no para explicar qué sucedía y cuál era la solución que cada uno proponía, sino tan sólo

con la vaga promesa de enfrentarse, cuando llegase el momento, al problema. Pues bien, los partidos

tienen ahora el deber moral de enfrentarse al mismo, empezando por explicar, o exigir que se explique

públicamente sus dimensiones. Cualquier aplazamiento podría resultar culpable. No es válido plantear

dudas importantes al ciudadano votante para dejarle luego olvidado y con esas dudas sin resolver.

Transparencia informativa

Estamos esperando la aplicación de esa nueva forma de hacer política, de ejercer las funciones de

gobierno con un estilo distinto, primando la idea del soplo de aire renovador y purificante, y con arreglo a

ello no puede quedar oculta la sombra de tantos comentarios desmentidos. El ciudadano tiene derecho a

conocer los problemas que se le imponen como políticos, porque, en buena medida, la forma de

solucionarlos define la capacidad de las personas que los asumen; porque la transparencia en la

información, en el juego de la función pública, exige que no queden sin explicación los temas presentados

a la opinión de todos como trascendentales y de general interés; porque si la clase política considera que

cualquier cuestión en torno a la Banca Catalana tiene una trascendencia autonómica importante, tiene el

deber de darle un tratamiento público de igual índole.

A Cataluña se la sirve mucho mejor si se aprende a efectuar un tratamiento de los temas sin

particularismos ni comentarios equívocos, considerando que es de todos aquello que a todos afecta,

explicando, quien pueda y deba, las situaciones y circunstancias con total honestidad y sin complejos. Y,

evidentemente, quien podrá y deberá hacerlo es el futuro Gobierno, del mismo modo que quienes podían

y debían facilitar tales explicaciones eran los actuales Gobiernos central y autonómico. Explicaciones que

hubiesen podido y debido llegar, incluso, a comunicar las cantidades que el Banco de España fue

aportando, tan generosamente, a Banca Catalana; el motivo, político o no, de las mismas, y con qué

calendario. El pragmatismo que tanto se atribuye a Cataluña supone también el riesgo de la autocrítica, si

ello es necesario; la exigencia de responsabilidades y el sano derecho a conocer toda la verdad. Sólo con

estos planteamientos se garantiza el camino de la democracia, de la autonomía y del servicio público

concebido, como un deber a la comunidad.

Josep Maria Bricall es el primer firmante del colectivo de opinión Emprius, integrado, entre otros, por Juli

Molinario, Joaquim Nadal Capará, Joaquim Nadal Farreras, Romà Planas, Joan de Sagarra, Jordi Serra,

Jaume Siurana, Josep Maria Socías Humbert, Josep Lluís Sureda y Ramon Viladàs.

 

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