Autor: Olivé i Serret, Enric. 
   El PSOE y el nacionalismo catalán     
 
 El País.    22/11/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

TRIBUNA LIBRE

El PSOE y el nacionalismo catalán

ENRIC OLIVE I SERRET

El triunfo histórico y arrollador del PSOE en las elecciones legislativas propicia una reflexión desde

Cataluña respecto al papel del socialismo en el movimiento obrero catalán, cuando éste se hallaba

dividido entre la opción anarquista y la propiamente socialista. Me refiero especialmente a unos años

cruciales para esta división obrera, es decir, entre 1900 y 1910. Años cruciales también en la historia del

renacimiento cultural y político de Cataluña y los del auténtico nacimiento del catalanismo político.

En efecto, los años que corren entre 1900 y 1910 fueron los años de las grandes elaboraciones del

catalanismo politico (Prat de la Riba) y de las manifestaciones populares de ese catalanismo (Solidaridad

Catalana), pero también fueron años de crisis social (las huelgas generales de 1.902 y 1.909) y de

reorganización del movimiento obrero (con la Solidaridad Obrera y el nacimiento de la CNT).

En todo este contexto histórico, justo es reconocer que el papel del PSOE fue débil, y siguió

prácticamente así hasta los últimos años de la vida del General. Las causas de ello deben buscarse en la

incomprensión, por parte de los dirigentes del PSOE, del catalanismo popular de contenido poco político

(en el sentido que Hobsbawm da al término), pero que aún así tiene profundas raíces.

La tradición anarquista

Entre 1900 y 1910, la clase trabajadora catalana, compuesta en su casi totalidad por nacidos en Cataluña o

en tierras de habla catalana, optaron abiertamente por el anarquismo, y más concretamente por un anarco-

sindica-lismo de la clara influencia francesa, pero también vinculado a la tradición obrera de la I

Internacional. Y ello porque los trabajadores catalanes —no olvidemos que nos referimos a la zona más

industrializada de España— sufrían tanto o más que la burguesía patronal lo lejos que se hallaban los

centros de decisión. Madrid estaba lejos en el espacio y obviamente más lejos aún en los conceptos. La

represión, las leyes irrespetuosas con los mínimos derechos populares, venían de Madrid, de alguien que

ignoraba la idiosincrasia catalana. Pero, al mismo tiempo, la clase obrera se hallaba bien lejos del

catalanismo político y de sus formulaciones sociales. No creo que sea exagerado decir que el catalanismo

del Prat de la Riba, de Rusinyol o de Cambó, era un catalanismo de patronal.

En este contexto histórico creo que cabe interpretar la opción anarcosindicalista del proletariado catalán

como una manifestación más de su distancia-miento de Madrid, como una manifestación de la realidad

del "hecho diferencial catalán", expresado de una manera elemental pero ciertamente muy profunda. Pero

la pregunta es obvia: ¿Por qué no fue el socialismo quien asumiera y tradujera políticamente ese,

llamemos, "catalanismo"?. Entiendo que tanto UGT como el PSOE se mostraron impermeables a esto a

causa de un internacionalismo mal entendido.

Efectivamente, redordemos que la UGT se fundó en Barcelona en 1.888 con claro predominio catalán, y

que diez años después los ugetistas catalanes eran ya una minoría. En estos diez años Pablo Iglesias se

había convencido de que era mejor desplazar la dirección del sindicato à Madrid, y con ello cometería

uno de los mayores errores de la historia del socialismo español. Ahí se inició el alejamiento del

proletariado catalán, el cual se lanzó a la búsqueda de una "idea", que, siendo claramente obrerista,

tuviera suficientes elementos de independencia para respetar este "hecho diferencial" al que nos estamos

refiriendo. Entre otras razones históricas, ésta fue la base del anarquismo catalán.

Esfuerzos inútiles

Pero es que lo mismo ocurría con el PSOE, al que el movimiento obrero catalán, veía como una

organización lejana y cerrada a la comprensión de la realidad popular catalana. Los esfuerzos de un Fabra

i Ribas, fueron inútiles. El antipoliticismo como traducción popular del catalanismo, pudo con el partido

socialista. Con todo esto, no pretendo afirmar que el anarco-sindicalismo fuera más catalanista "per se"

que los pocos militantes de lo que se llamó la Federación Catalana del PSOE, sino que, en conjunto, aquél

supo asumir mejor la herencia enraizada de lucha contra el centralismo, por conseguir la subsistencia de

la propia identidad popular.

La CNT y Esquerra

Este esquema se mantuvo hasta los años treinta, cuando l´Es-querra de Macià consiguió el triunfo

electoral, precisamente por sus convicciones dé catalanismo popular, al que dieron sin duda los votos los

militantes de la CNT. La Guerra Civil y la derrota imposibilitaron luego toda manifestación de

catalanismo, incluso del más conservador. Pero la realidad subyacía, y con la vuelta a la normalidad

democrática el socialismo ha aprendi- do la lección. Ni es posible ya un socialismo alejado de (a realidad

política catalana, ni puede existir ya un catalanismo popular desvinculado del socialismo. ¿La prueba?

Los resultados electorales del 28-0.

Enric Olivé i Serret es profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona.

 

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