Autor: Cavestany Sagnier, Fernando. 
 Cataluña y el proceso autonómico. 
 Catalanizar     
 
 ABC.    30/11/1982.  Página: 26. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

MARTES 30-11-82

ABC

Tomas de posición

Cataluña y el proceso autonómico

He aquí dos firmas que, sin actitudes previas, se asoman al problema de la autonomía catalana. Sin

prejuicios comenta el abogado Fernando Cavestany Sagnierla consigna de «catalanizar Cataluña,» y sin

prejuicios analiza el periodista Manuel Tarín-Iglesias la «tentación totalitaria» que, ante la debilidad del

centralismo castellano, puede surgir en aquellas tierras, tan profundamente unidas al desarrollo cultural y

económico de España, entendiendo a España como una totalidad. Quizá el anunciado «cambio» pueda

encontrar cauces más realistas y constructivos en esta nueva, visión de la convivencia nacional que

propugnan, casi unánimemente, los partidos políticos.

«Catalanizar»

Por Fernando CAVESTANY SAGNIER

Existe un sector que proclama la necesidad de «catalanizar» Cataluña. ¿Qué es catalanizar? Lo que se

pretende es negar la propia realidad de las cosas, ir contra el curso da la Historia, que son los pasos de un

pueblo cada día, en su lucha, en sus triunfos y en sus. derrotas —que tinos y otras dejan marca, de las que

no se vuelve atrás.

Concretamente, se presiona para que se hable y se escriba más en catalán y menos en castellano,

llegándose a coacciones —a faltas de libertad— provocadoras del electo contrario que se pretende lograr.

Me refiero a la enseñanza, donde en los colegios de Barcelona, elegidos por los padres el ser de habla

castellana, se obliga a dar un cierto número de Clases en catalán; la reacción de ese alumno al que se te

impone un Idioma que no utiliza y que cree no le es de utilidad, es de rechazo, de enfrentamiento y de

burla en ocasiones: así no se catalaniza.

Desde el 11 de septiembre de 1714 —una derrota—, pasarlo luego por los años de expansión industrial,

nuestra región ha seguido un proceso histórico de es-pañolización, especialmente acentuado entre 1940 a

1970, que atrajo mano de obra de todas las legiones. Sin duda, esa inmigración ha hecho a Cataluña más

ancha, más grande, mejor comunicada e Introducida en ef resto de la nación. Ahora, como en otros

tiempos de crisis y de pobreza, cuando declina su poderío, en Cataluña se ha hablado de independencia,

del «nosaltres sols», y surje un Heri-berto Barrera que nos pone en ridículo cuando dice b que piensa. Los

catalanes tenemos más altura, más sentido de la realidad, mas capacidad inteligente de rectificación, y así

están en este momento enfocadas las cosas por donde deben ir Roca Junyent aspiró a formar parte del

Gobierno, en Madrid, desde donde gobernaría Cataluña siendo España —integración—, y tenemos

también a Pujol, quien últimamente se ha hecho notar al insistir en que para la grandeza de Cataluña hay

que procurar la de España, y ha llegado al extremo de que en su campaña electoral repitiera una frase

publicitaria donde aparece la palabra «Madrid», y no parà atacar a la capital ni mucho menos.

Estos líderes catalanistas en su replanteamiento eficaz del problema, al haber dado un giro a actitudes

anteriores, afrontan con sentido práctico la realidad, que es definitoria.

No habrá que recordar que en el vigente régimen de libertad de expresión caca uno habla y escribe como

quiere, lo que nos ha llevado a un punto de afloración de la realidad catalanista revelador sobre lo que

Cataluña quiere o necesita. En efecto: la mayoría de comerciales e industriales utilizan el castellano en

sus impresos y correspondencia; por un libro que se edita en catalán, diez lo son en castellano; por una

película en el idioma regional, cien aparecen en el idioma nacional, y por una publicación periódica

escrita en catalán, hay quizá veinte servidas en castellano; en la comunicación diaria con el pueblo el

periódico único que se edita en lengua vernácula decae, y sobrevive gracias a la ayuda de los inquietos

por catalanizar; tos Bancos importantes no son catalanes, y la principal entidad bancària de Cataluña se

tambalea también. Todo ello es altamente expresivo.

Se preguntará uno por qué es ello así. Porque el curso de los hechos, pese a esa voluntad catalanizadora,

no se puede detener. Y su razón es obvia: la parte y el todo se necesitan, y de ahí que sea inevitable

españolizar Cataluña, como bien: puede darse en cierta medida que Cataluña, con su empuje, con su

fuerza, pueda catalanizar. el resto de España, como ha dicho Roca Junyent, con lo que tanto el todo corno

la parte saldrían beneficiados.

De lo dicho hay que deducir que el proceso españolizador de nuestra región es más inevitable que el de

cualquier otra, donde el intercambio y la incidencia económica, cultural y científica es menor.

Ello no es sino seguir la marcha del mundo, integrarse, hacerse fuerte en la unión, no dispersarse para

conceder ventajas a los competidores en los mercados. Bien saben los adalides de la catalanización que

integrarse con el resto de España será siempre sin mengua de los valore tradicionales autóctonos; nadie té

quitará a Cataluña la sardana, la Virgen de Montserrat o la belleza propia de un Ampurdán, sus poetas y

sus músicos; pero, cuando se trata de «anar per feina», dejémonos de «capillitas», como aquí se dice, y

vayamos a la conquista de la catedral, entre lodos, donde seremos los catalanes los más fuertes —léase

desarrollo económico—, aunque para ello haya que hablar en castellano. No podremos ser los más fuertes

en todo. El castellano une a los pueblos de España y nos une con todo un Continente americano:

aceptemos que es él más útil por más universal, el más práctico por ser más fácil, el más inevitable porque

así es, simplemente, el curso de la Historia.

Acabaré con una anécdota. En un colegio profesional de Barcelona se planteó si la circular que se dirige a

sus miembros debía ser redactada en catalán o bilingüe, a lo cual el que defendía que se hiciese sólo en el

idoma regional se opuso con este razonamiento: «Si la enviamos escrita en castellano y en catalán casi

todos la leerán en castellano porque es más fácil» y así no aprenderán bien nunca nuestro Idioma.»

Catalanizar a la fuerza, contra corriente y contra el buen sentido, cuando una gran parte da catalanes o

ciudadanos de Cataluña necesita, prefiere o tiene por suyo el castellano, eso es lo que no puede hacerse;

es crearse enemigos, es perjudicar tos intereses de Cataluña... Es, en suma, descatalanizar.

 

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