Autor: Sopena Daganzo, Enrique. 
   La pasividad del PSC-PSOE  :   
 Crónica de Catalunya. 
 Diario 16.    11/12/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

11 diciembres/Diario 18

OPINION

ENRIC SOPEÑA Corresponsal de Diario 16 en Barcelana

La pasividad del PSC-PSOE

Crónica de Cataluña. El deterioro a que ha llegado el Gobierno de la Generalidad no puede ser ya

ocultado. Convergencia i Unió abandonó el modelo Tarradellas para intentar su fórmula monocolor. Los

frágiles apoyos con que contaba en el Parlamento se han debilitado recientemente y su única esperanza

consiste en esperar mejores resultados en próximas elecciones.

Cuando los dirigentes del PSC-PSOE, a finales de septiembre, tuvieron que justificar su escasamente

justificable postura de abstención ante la moción de censura presentada por el PSUC contra el Gobierno

de Jordi Pujol hallaron una fórmula feliz: «Confiamos en que la verdadera moción de censura se produzca

el próximo 28 de octubre.»

Apostillo que la fórmula fue feliz porque, venturosamente para sus promotores, las urnas del día seña-

lado se convirtieron, también en Cataluña, en un contundente plebiscito favorable al cambio y, como

consecuencia indirecta, en un rechazo a la política seguida hasta el momento por Convergencia i Unió.

Los líderes «convergentes» tuvieron que agarrar se, como a un clavo ardiendo, a una lectura puramente

formal de lo acontecido: «Los electores han votado para el Gobierno de Madrid. No estaba en juego el

futuro político de la autonomía catalana. Hay que saber distinguir entre elecciones generales y elecciones

a distinto nivel, como es el caso de las autonómicas.» Aunque la argumentación es impecable, carece de

fuerza.

Deterioro

Ignorar la realidad —se exprese ésta de la forma en que se exprese— acostumbra a ser el más absurdo

refugio de quienes acaban, más tarde o más temprano, arrastrados sin contemplaciones por esa misma

realidad. Otra vez habrá que evocar el inequívoco ejemplo de lo sucedido a Unión de Centro

Democrático, empeñados sus rectores en no enterarse de lo que para el observador menos lúcido venía

constituyendo, desde hace años, el más exacto test de la creciente reprobación colectiva.

Pero el tiempo va transcurriendo y la censura evocada por los socialistas catalanes —reflejada en la

inolvidable jornada del 28 de octubre— no parece que vaya a ser aprovechada políticamente por ellos. En

Cataluña —hay que empezar a denunciarlo— se ha entrado en un marasmo cuyas consecuencias para la

autonomía, tan bien auspiciada desde la nada por el gobierno unitario de Josep Tarradellas, pueden

resultar incalculables y de difícil reparación.

Ni Pujol, hasta el momento, da la más mínima muestra de reaccionar ante la adversidad sociológica que

se le ha venido encima —y no sólo a consecuencia de sus deficientes resultados electorales en

comparación con los del PSC-PSOE, sino también a raíz, de situaciones tan delicadas como las derivadas

del hundimiento del Grupo Catalana o del hecho qué uno ,de sus alcaldes haya pasado del sillón

consistorial a la cárcel acusado de traficar divisas—, ni aquello que parece más preocupante desde una

perspectiva de alternativa, los socialistas mueven un peón con el fin de buscar una salida a la crisis cada

vez más indisimulable.

Amenazas

Hace una semana el PSC-PSOE reunió a un millar de militantes para festejar el acceso de dos de sus

hombres al Gobierno de España. Durante los discursos, Raimon Obiols —número uno por Barcelona,

considerado como el «cerebro» del partido— acusó a Pujol de irresponsable por no advertir la profunda

modificación producida en Cataluña desde el 20 de marzo de 1980, la fecha de los comicios autonómicos,

hasta ahora.

Obiols agitó la caja de los truenos: «Esto —clamó— ha de cambiar. Si no cambia por las buenas,

cambiará por las malas.» Muchos, sin embargo, se preguntan en Cataluña si este lenguaje combativo y de

resistencia es el más apropiado para un partido que cuenta con el 40 por 100 de los sufragios. Muchos, en

Cataluña, hubieran preferido una mayor contención verbal —¿qué quiere decirse con la frase «por las

malas»?— siempre que hubiera ido acompañada de una propuesta política viable y eficaz.

La crisis, ciertamente, es indisimulable ya. Hablan de ella sin reparo en las propias filas de CiU. Narran la

desmoralización de Jordi Pujol, para quien el «affaire» de Catalana está suponiendo un importante revés

desde ángulos distintos y aun personales. Precisan que la gestión de bastantes «consellers» ha descendido

en cuanto a entusiasmo, entrega y calidad.

Por ejemplo: acaba de suscitarse un hecho que demuestra el grado de ingobernabilidad al que se está

llegando. La cadena radiofónica Antena-3 ha decidido, por su cuenta, iniciar sus emisiones en Barcelona.

Esta cadena ha agotado el cupo de su paciencia, después de que el Consejo Ejecutivo de la Generalidad

haya ido aplazando; sucesivamente, la concesión de nuevas emisoras.

La actitud de Antena-3 sitúa contra las cuerdas a la Generalidad, cuya autoridad queda, obviamente, en

entredicho. Añaden, por fin, que permanecer a expensas de grupos con tan escaso respaldo popular como

el de Centristes-UCD o el del CDS significa como mínimo, instalarse en un mundo artificial.

Nueva tregua

Da la impresión de que, a pesar de tanto deterioro, unos y otros —«convergentes» y socialistas— se

quieren conceder una nueva tregua: la que va hasta las elecciones municipales. Da la impresión,

asimismo, de que el PSC-PSOE ha optado por ir «quemando» al gobierno de Pujol, confiado en que ya

vendrán los comicios a escala catalana. Esta apreciación, probablemente correcta, desde la óptica

partidista, es, por contra, nefasta desde una visión global de Cataluña y de su desacreditado autogobierno.

A este paso, si algún día los socialistas catalanes alcanzan el puesto de mando de la Generalidad, no

valdrá que entonces se quejen de la herencia recibida. Ellos, de algún modo, también habrán contribuido,

por falta de iniciativa, a la misma.

 

< Volver