Autor: Sopena Daganzo, Enrique. 
   ¿Un azul en la Generalitat?  :   
 Crónica de Cataluña. 
 Diario 16.    08/01/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

8 enero-83/Diario 16

ENRIC SOPEÑA Corresponsal en Barcelona de Diario 16

¿Un «azul» en la Generalidad?

Crónica de Cataluña Pasmo y asombro ha producido la entrada del martinvillista Capdevila en las filas

nacionalistas de Pujol. Pero cuando se ve a los catalanistas de Pujol dispuestos a dirigir la vertebración

conservadora española, todo resulta razonable. Sobre todo escoger un alto cargo en vez de la ruina de

UCD.

Vicente Capdevila debe coincidir, muy probablemente, con su antiguo mentor en la política, Rodolfo

Martín Villa, en ese invento de servir al Estado con mayor eficacia que servir a un partido. El ex jerifalte

del SEU, ex delegado provincial en Barcelona de la Organización Sindical —sindicatos verticales—, ex

director general de industrias Textiles, ex gobernador civil y ex jefe provincial del Movimiento, también

de Barcelona, así como ex ministro sindical, ex ministro de Interior, ex ministro de Administración

Territorial y ex vicepresidente del Gobierno, lo dijo rotundamente a Diario 16 el pasado 23 de diciembre,

en carta-respuesta a una información de Carlos Dávila: «Creo ser un mejor servidor del Estado que un

buen servidor de la política de partido.»

El cochazo

A su amigo Capdevila debe sucederle algo semejante. Su partido —Centris-tes-UCD— no desea prestar

hombres a Pujol para que éste rehaga su maltrecho Gabinete. Los centristas catalanes mantienen la teoría

de buscar alianzas con CiU, a través de otros caminos, como, por ejemplo, el de los pactos municipales.

Pero Capdevila ha sido, al parecer, tentado por él presidente de la Generalidad para incorporarse a la

Conselleria dé Sanidad. Y es lícito suponer que Capdevila piense que entre el Estado —la Generalidad es

Estado, por supuesto— y el partido no hay color, sobre todo cuando el partido tanto se asemeja a una

empresa en bancarrota, como es el caso de la UCD en general y de Centristes-UCD en particular. Con un

curriculum no tan denso como el de Martín Villa, Vicente Capdevila, sin embargo, también posee una

biografía de aportaciones significativas que arrancan de aquellas ensoñaciones azules con fondos de

montañas nevadas, banderas al viento, las guardias junto a los luceros y, paralelamente, coche oficial.

Dispuso de él cuando fue nombrado alcalde de L´Hospitalet, en vida aún del «caudillo de España por la

gracia de Dios». En la transición, la Dirección General de Administración Local le suministró otro

vehículo de parecidas características. Martín Villa y él, como tantos otros, saben muy bien que «servir al

Estado» equivale —al menos, equivalía hasta la fecha fatídica del 28 de octubre— a disponer de unas

prebendas sustanciales, entre las cuales el automóvil y chófer con cargo al presupuesto público es de las

menores, aunque quizá sea de las más representativas.

A Capdevila no se le conocen fervores catalanistas que puedan explicar las motivaciones por las cuales

Jordi Pujol se haya fijado en él. Sus fervores juveniles —adormecidos por el pragmatismo, olvidados

definitivamente cuando hubo que saltar decorosamente del Movimiento a la UCD— tuvieron que circular

por otros sendores, aquellos que conducían, directamente desde el imperio hasta Dios.

El centro

Entonces este tipo de fantasías, razonablemente protagonizadas, eran, un buen salvoconducto para

atravesar la difícil frontera hacia el poder, al menos una parcela de poder. Después, el poder exigió

proclamarse de centro, que era otra deliciosa abstracción susceptible de variadas y contrapuestas

interpretaciones.

Ahora, el pasaporte hacia una porción de poder requiere, en Cataluña, la proximidad a Convergencia i

Unió, cuyas puertas admiten, asimismo, todo tipo de filigranas. Convergencia, en 1977, se proclamaba

socialdemócrata, mientras que su líder sonaba con el modelo sueco en versión catalana. Cuando en 1979

firmó !a coalición con Unió Democrática, hubo que! hacer sitio a los democristianos, del mismo modo

que antes entraron los liberales de la mano de Trias Fargas, trilateral incluida. Desde hace un tiempo, se

advierte que ha ilegado el momento de ampliar la clientela por la derecha, no acabe aconteciendo que ésta

acabe merendándose a CiU tras haber digerido, a la UCD. En cuanto al nacionalismo, tampoco da la

impresión que CiU ande muy dispuesta a ningún dogmatismo encorsetado.

Españoleando

Trías Fargas ya ha anunciado que el castellano no debe constituir ningún estorbo en su próxima campaña

municipal. Por otra parte. Roca Junyent ha descubierto la necesidad de reconstruir el centro en toda

España, noble" propósito que sólo hace bien pocos años hubiera escandalizado en el sanedrín de su

partido.

Capdevila —ya lo hizo Punset, :que fue un adelantado de esta operación-liega a las inmediaciones

«convergentes» afirmando su acuerdo con las pretensiones centristas de Roca Junyent. Algunos opinan,

no obstante, que el personaje entiende el centrismo de modo con que lo explicaba su amigo Martín Villa,

o sea, con la mirada vuelta hacia Alianza Popular. Martín Villa, en la citada carta a este periódico, lo

describía meridianamente: «La operación política que ha de hacerse a la derecha del socialismo español

no se puede realizar sin Fraga, quizá no es suficiente hacerla sólo con Fraga, en ningún caso puede

hacerse —como me temo se intenta— contra Fraga.»

No sólo con Fraga: caben otras opciones. En Cataluña, obviamente —y según esta concepción—, CiU.

¿Resulta arriesgado imaginar que Capdevila podría ser otro intento de ir ajustando las piezas de un puzzle

que todavía está por culminar?

 

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