Autor: Sopena Daganzo, Enrique. 
 En la conmemoración de sus mil días al frente del Gobierno autonómico. 
 Pujol: El lenguaje de algunos socialistas es insultante     
 
 Diario 16.    04/02/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

4 febrero-83/Diario 16

En la conmemoración de sus mil días al frente del Gobierno autonómico

Pujol: «El lenguaje de algunos socialistas es insultante»

Su triunfo electoral no fue todo lo importante que él esperaba, ya que sólo le votó el 27 por 100, mientras

que se abstuvo un 40 por 100.

Barcelona: Enríc SOPEÑA, corresponsal

Jordi Pujol asegura que el lenguaje de algunos de los dirigentes socialistas catalanes es «insidioso e

insultante». El presidente de la Generalitat, estos días, ha cumplido una singular efemérides: Mil días de

gobierno autonómico. El líder de CiU ha alcanzado tal cota Justamente cuando, para no pocos

observadores, su situación es más difícil.

Pujol accedió a la presidencia con motivo de las primeras elecciones auto-nómicas celebradas desde la

Segunda República. Su victoria fue tan sorprendente y produjo tal decepción entre los socialistas —

beneficiarios de todos los pronósticos previos— que la izquierda, incluidos los comunistas, no pudo,

durante largo tiempo, sacudirse el síndrome de una derrota no anunciada. Es más: la debacle posterior

interna del PSUC es considerada ahora por cualificados dirigentes de este partido como una consecuencia

directa de aquella gran frustración.

Realidad

Pujol consiguió convertir en realidad sus sueños de toda la vida. Lo hizo, sin embargo, de modo precario

y sólo suficiente en virtud de la estricta aritmética parlamentaria. El 27 por 100 de los votantes se decantó

por CiU, una formación de la que surgió un gabinete mono-color con un respaldo popular que es preciso

evaluar teniendo en cuenta, además, otro factor no precisamente anecdótico: casi un 40 por 100 del

electorado prefirió abstenerse. Jordi Pujol, en consecuencia, es el presidente formal de todos los catalanes,

pero únicamente menos de un 20 por 100 real de ellos le concedió su apoyo en las urnas. Con 43

diputados, CiU pasó a ser ¡a minoría mayoritaria en la Cámara autonómica. Con 43 diputados, de un

conjunto de 135, Jordi Pujol se ha mantenido mil días en el Gobierno y aspira a llegar hasta el final de su

mandato.

La permanencia de Pujol se explica gracias al pacto, de hecho, que ha funcionado en el Parlamento. Los

18 diputados centristas v los 14 de Esquerra Republicana han venido siendo el infalible balón de oxígeno

de un nacionalista que compensaba el «españolismo» de Centristes-UCD con el «radical catalanismo» de

Esquerra Republicana, en un sofisticado equilibrio, detrás del cual, sin embargo, habría que encontrar una

conjunción de intereses auspiciada, durante la campaña electoral, por la patronal Fomento del Trabajo.

Fomento del Trabajo —vinculada a la CEOE— ensayó, a raíz del 20 de marzo, la participación

empresarial en la arena política. Lo hizo con un objetivo: Impedir la hegemonía de la izquierda,

vencedora holgadamente aquí el 15 de junio del 77, el 1 de marzo del 79 y el 3 de abril del mismo año

(municipales). Los tres peones que utilizó Fomento —en una brillante operación de Ferrer Salat y de

Alfredo Molinas— fueron significativamente tres partidos: CiU, Centristes-UCD y Esquerra Republicana.

La Generalitat, posteriormente, y como institución, se ha desarrollado espectacularmente. El presupuesto

en 1982 es de 246.000 millones de pesetas, en tanto la Generalitat provisional de Tarradellas manejaba

una cifra tan exigua como los 2.000. Mil quinientos funcionarios componían la infraestructura de la

Generalitat unitaria del anciano político. Actualmente, los funcionarios sobrepasan el número de 60.000.

Llevado por su obsesión de hacer cosas, dimensión muy característica de Pujol, el Ejecutivo de la

Generalitat ha puesto en marcha multitud de iniciativas concretas, cuyo examen requeriría un estudio a

fondo y exhaustivo. Pero la contrapartida a este tipo de política minuciosa ha supuesto pagar un precio

muy alto: el de olvidar que Cataluña, recuperada, su autonomía, requería un soplo poderoso de ilusión

colectiva. Pujol infunde ciertamente ilusión a sus fieles, a sus correligionarios. Parece, no obstante,

incapacitado a la hora de conectar con una Cataluña muy distinta de la Cataluña de sus ensoñaciones: Esta

Cataluña con un paro creciente, esta Cataluña habitada por gentes nacidas aquí y por muchas otras

venidas de otras zonas de España.

Diseño

El diseño parlamentario de Pujol, por otra parte, se le está quebrando en las manos. Sus alisados centristas

no son ya nadie. Y la UCD de Madrid, tampoco. Esquerra Republicana vive momentos de dificultades y

de tensiones internas. El 28 de octubre generó una dinámica que Pujol no acaba de encauzar, porque los

hechos lo han ido situando en el marco de una derecha conservadora, incapaz de establecer una fórmula

de gobierno de amplia base que posibilite, a un año de los próximos comicios, el acceso al mismo de la

izquierda.

Los socialistas —superado el síndrome del 20 de marzo— han intensificado sus ataques. El fantasma de

una moción de censura aparece y desaparece. Pujol se defiende tildando de insidiosos a los líderes del

PSC-PSOE. «Y eso que nosotros —replican privadamente éstos— hemos frenado el escándalo de Banca

Catalana.»

 

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