Autor: Sopena Daganzo, Enrique. 
   La derecha catalana cierra filas     
 
 Diario 16.    12/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

12 marzo-83/Diario 16

OPINION

ENRIC SOPEÑA Periodista

La derecha catalana cierra filas

Ya está formada la primera línea de candidatos a la Alcaldía barcelonesa. Alianza Popular acaba de

designar a Alexandre Pedros como candidato, con lo que se consolidan cuatro personajes de importancia

para un puesto clave: Solé Tura, Trías Fragas, Maragall y, ahora, Pedros.

La designación de Alexandre Pedrós como candidato a la Alcaldía de Barcelona por Alianza Popular

completa el cuadro de los cuatro grandes «alcalda-bles»: Pascual Maragall, el actual alcalde —el sucesor

de Narcís Serra—, por los socialistas; Ramón Trías Fargas, por Convergencia i Unió; Jordi Solé Tura, por

el PSUC, y el mencionado Pedrós, por los aliancistas. De los cuatro, sólo dos, sobre el papel, tienen

posibilidades de conseguir la victoria: Maragall y Trías Fargas. Sin embargo, no puede olvidarse que el

resultado final dependerá mucho de los votos que obtengan AP y el PSUC, aparte, asimismo, de los que

pueda conseguir Esquerra Republicana, llamada a ser, según algunos sondeos previos, el fiel de la

balanza, como ya lo fue —y lo sigue siendo— en el Parlamento de Cataluña.

Roca, ayer

La batalla de Barcelona será protagonizada por políticos sobresalientes, a diferencia de lo que aconteciera

en los comicios locales anteriores, cuando —salvo el ganador, Narcís Serra— los candidatos eran de

segunda o aun tercera fila. Convergencia i Unió, por ejemplo, presentó a Millet, un perfecto desconocido,

cuyo paso por el Ayuntamiento fue tan efímero como ineficaz. Millet fue catapultado por los órganos

directivos de su partido —léase Jordi Pujol— como una fórmula de conciliación para superar los

antagonismos, entonces muy acusados entre Miguel Roca Junyent y Ramón Trías Fargas, ambos

obstinados en protagonizar la carrera hacia la Alcaldía.

Eran tiempos aquellos en los cuales Roca Junyent aparecía como el líder de la corriente progresista de

Convergencia, cuando defendía posiciones claramente socialdemócratas y propugnaba, paralelamente,

una especie de compromiso histórico a la catalana con los eurocomunistas del PSUC.

Trías entonces estaba donde sigue estando: en la derecha liberal-conservadora. Ahora, Trías, no obstante,

no sólo ha conseguido su candidatura, sin competencia con Roca Junyent, sino que éste, metido a

reformador del centrismo, aspira al liderazgo de la derecha liberal española.

Alexandre Pedrós ha sido el último incorporado a la precampaña electoral. Los sectores «históricos» de

AP en Cataluña han acogido la decisión con evidente malestar. Pedrós ni siquiera pertenece ya al partido

y su sonado «fichaje» debe enmarcarse en la operación de renovación profunda que viene observándose

en el fraguismo catalán.

Primero fue el aterrizaje de Domènec Romera; un ejecutivo sin vinculaciones con el partido, convertido

fulminantemente —y gracias a la presión personal de Manuel Fraga— en el nuevo líder de AP,

sustituyendo a Miguel Ángel.

Planas, un personaje más apropiado para un «vodevil» grotesco que para las matizadas dificultades de la

vida política. Posteriormente, casi al mismo tiempo, AP pudo incluir en su nómina a Jorge Fernández

Díaz, el penúltimo gobernador civil de Barcelona antes del cambio.

Pedrós

Alexandre Pedrós es un catedrático muy próximo a los ambientes empresariales de Cataluña y muy unido

a Fomento del Trabajo, la gran patronal interrelacio-nada con la CEOE. Pedrós pertenece desde 1977 al

consejo rector de Fomento. Políticamente, el «alcalda-ble» aliancista ha militado en Centristes-UCD, de

cuyo grupo parlamentario era ahora mismo el portavoz en la Cámara autonómica catalana. El salto de

Centristes a AP ha sido fulminante y ha supuesto una nueva y palpable prueba de la absoluta

descomposición de los restos del ucedismo en Cataluña, a pesar de los intentos de supervivencia que

viene derrochando Carlos Sentís, quien, en todo caso, ha alcanzado un pacto con Convergencia i Unió, de

modo que los centristas — como independientes— concurrirán en las listas patrocinadas por Jordi Pujol.

Pedrós —aunque los «históricos» prefieran ignorar el dato, acaso atacados de súbita amnesia— no es un

advenedizo del fraguismo: es un genuino producto del fraguismo, una especie de «hijo pródigo» que

vuelve al hogar paterno y que es recibido, como en el Evangelio, con todos los honores. Pedrós, antiguo

delegado de Servicios en el Ayuntamiento barcelonés —en el Ayuntamiento franquista, por supuesto—

frecuentó con notable asiduidad los círculos próximos a Fraga Iribarne durante los postreros años de la

dictadura y durante los inicios de la transición. Barcelona —gracias a la financiación de Santacréu, otro

personaje de «vodevil»— fue a lo largo de aquella etapa un núcleo fraguista de primer orden. Agrupados

en el Club Agora, los seguidores del entonces embajador en el Reino Unido recordarán, sin duda, cómo el

más tarde centrista Alexandre Pedros desempeñaba un papel no menor en el concierto.

Tras haber recibido una oferta de CiU, Pedros estos días ha optado finalmente por el reencuentro con su

pasado. Su caso, como otros que se están registrando, demuestra hasta qué punto la derecha catalana ha

entendido que los partidos que la representan son perfectamente intercambiables y que las diferencias

entre ellos son, sobre todo, de matiz. Seguros algunos centristas, se han acogido al refugio del

nacionalismo pujolista. Otros, como Pedrós, han ingresado en Alianza Popular. El mismo Domènec

Romera ha declarado públicamente que estuvo en un tris de no solicitar su afiliación a CiU. Las viejas

rencillas en torno a la concepción de Cataluña y al catalanismo parecen otra vez más difuminadas.

La patronal

Detrás de AP y de CiU se perfila la patronal, empeñada en que la ciudad de Barcelona no siga —como

sus ideólogos repiten— en manos de los marxistes. La candidatura de Alianza Popular irá a la conquista

de los sectores conservadores menos permeables a la catalanización, a pesar de que haya entendido que

era oportuno ofrecer una tímida imagen de catalanización. CiU, por su parte, buscará el respaldo de las

clases medias con sello catalanista, aunque Trías tampoco renuncie —y algunos indicios hay de ello— a

la conquista del voto «castellano». Él complemento puede ser, otra vez, el radicalismo vacío de Esquerra

Republicana, a la búsqueda del voto catalanista sin excesiva sensibilidad por las injusticias estructurales

de la sociedad.

La batalla de Barcelona será el gran prólogo de la batalla por la Generalidad. Si la derecha gana el 8 de

mayo, la continuidad de Pujol empezará a estar garantizada. Las elecciones municipales de 1979

constituyeron un paseo triunfal de socialistas y comunistas. No está nada claro que Maragall y Solé Tura,

en esta ocasión, se encuentren con tantas facilidades.

 

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