Autor: Sopena Daganzo, Enrique. 
   Claves para las elecciones catalanas     
 
 Diario 16.    13/07/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Diario 16/13 julio-83

OPINION

ENRIC SOPENA Periodista

Claves para las elecciones catalanas

Parece haberse despejado la incógnita sobre el rival de Pujol en las próximas elecciones autonómicas. El

PSC-PSOE ha elegido secretario general a «Raimon» Obiols y parece un hecho que Narcís Serra, el

favorito de todas las encuestas, seguirá en su Ministerio. Aquí se explican los puntos decisivos de una

batalla trascendental.

Los estados mayores de los grandes partidos continúan perfilando la campaña de las elecciones

autonómicas, previstas para el inicio de la primavera próxima. Cataluña vive, de hecho, desde hace ya

algún tiempo, un continuado clima de politización electoral.

Dentro de poco, en cualquier caso, se despejará fa incógnita: o Jordi Pujol seguirá imponiendo su línea de

nacionalismo moderado conservador, o bien, redondeando así la hegemonía socialista, el candidato del

PSC-PSOE ocupará el despacho presidencial de la-plaza de Sant Jaume.

Los socialistas han celebrado ya su congreso extraordinario, y decidido prácticamente su presidenciable».

Descartado estaba ya Joan Reventós, el actual embajador de España en Francia, el cual pasará a la

presidencia del partido, precisamente a raíz del mencionado congreso.

Este se ha desarrollado sin apenas traumas, y con una duración ciertamente breve, eligiendo a Raimón

Obiols como nuevo primer secretario o secretario general.

Serra, no

Obiols, un político de extracción catalanista, y muy poco tendente a la «social-democratización» del

socialismo, será, con toda probabilidad, el «presidenciable». La duda se llamaba Narcís Serra, el ex

alcalde de Barcelona y ahora ministro de Defensa. En Barcelona existe una opinión generalizada: si

Narcís Serra se presenta, el PSC-PSOE puede barrer sin dificultades, pues la imagen del ministro es

extraordinariamente alta tanto entre los sectores populares como entre la burguesía media e incluso la

burguesía ilustrada.

Los socialistas —sorprendentemente perdedores en marzo de 1980— parecen tener en esta ocasión casi

todo a favor. El Gobierno Pujol ha sufrido una enorme erosión y, a partir del desmoronamiento de UCD,

se sostiene en la Cámara auto-nómica gracias a fos apoyos pactados siempre a última hora de grupos que

ya sólo se representan a sí mismos, como el del CDS, el centrista o el de Esquerra Republicana, partido

cuya crisis se ha puesto de relieve de manera incontenible.

Los resultados, tanto del 28 de octubre como del 8 de mayo, constituyen, asimismo, otro exponente de

que el PSC-PSOE ha recuperado ampliamente en Cataluña el respaldo ya obtenido tanto el 15 de junio de

1977, como en los comicios generales de marzo de 1979 y los locales de abril del mismo año. Los

socialistas, no obstante, pudieran contar para dentro de los ocho o nueve meses que todavía reatan con un

dato negativo: el lógico desgaste del Gobierno González, generador de desencantos y frustraciones.

Falta por saber si la ola de expansión socialista continuará fuerte para entonces. Si ello no es así —o sí el

descontento afecta únicamente a sectores minoritarios—, el triunfo socialista puede darse por seguro,

Pujol

Pujol volverá a competir. El líder de Convergencia Democrática está sacando fuerzas de flaqueza y basa

su esperanza en el ámbito estrictamente catalán de estas elecciones. Sigue creyendo firmemente que

encarna a Cataluña y confía, en consecuencia, que su Cataluña no le defraudará. Confía ert el hecho,

producido en 1980, y que en parte explica la derrota socialista, de que muchos inmigrantes se abstuvieran,

de votar, pensando que «esto es cosa de catalanes, y no va con nosotros».

Imagina, paralelamente, que los catalanes de origen no pueden traicionarse a sí mismos otorgando su voto

a un partido que es presentado constantemente como un apéndice del PSOE, «tan enemigo de Cataluña —

se repite en los círculos "convergentes"— como lo es Alianza Popular».

Al margen de esta filosofía, Pujol ha reorganizado su Gabinete y su partido, ha asumido, como presidente,

un papel que pretende ser más representativo y menos partidista. Ha nombrado, de facto, a Roca Junyent

secretario general del CDC y le ha concedido plenos poderes para orientar la campaña.

La eficacia probada del, por otro lado, promotor del Partido Reformista, es otro de los puntos sobre los

que fundamenta Pujol su estrategia de reelección. Y, en último término, no descarta, aunque públicamente

no lo reconozca —como tampoco lo reconocen los socialistas—, que haya de formarse un Gobierno de

coalición convergente-socialista, si las urnas no señalan un ganador claro.

Como quiera que el bipartidismo, en Cataluña, es, cuando menos, imperfecto, analizar los futuros

comicios sin repasar el estado de salud de Alianza Popular, PSUC e incluso Esquerra Republicana

supondría un ejercicio distorsionador. Baste anotar que, por ejemplo, Esquerra Republicana ha sido, con

un resultado en las urnas irrelevante y con un grupo parlamentario escaso, el partido clave, gracias al cual

Pujol ha podido gobernar durante estos tres últimos años.

 

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