Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Con todos los respetos     
 
 ABC.    27/01/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

CON TODOS LOS RESPETOS

Los doctos, honestos y respetables miembros de la Comisión de Leyes Fundamentales de las Cortes,

después de un largo debate del que sobrenada la impresión de que en él no se llegaron a decir ciertas

cosas realmente fundamentales, han decidido que para ser vocal, tesorero, secretario o presidente de un

Colegio profesional, quien a tal trabajo aspire, deberá no sólo prestar juramento de fidelidad a los

Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales del Reino, sino que, además, tendrá

que comprometerse previamente a la elección, a formular tan solemne juramento.

He aquí que, si tal proyecto llega a convertirse en ley, de golpe se verán separados de toda participación

en el cuidado de sus propios y legítimos intereses profesionales no pocos españoles. Habrá unos

españoles con pleno derecho a desempeñar esos cargos profesionales y habrá otros españoles privados de

ese derecho. El Estado tiene medios legales más que suficientes para impedir que en cualquier Colegio

profesional algunos de los señores que ocupan sus cargos directivos tomen acuerdos, realicen actos

contrarios a las Leyes Fundamentales. Un ciudadano que va en el Metro, en el autobús, y que, claro está,

para usar ese medio de transporte, que forma parte de la organización estatal, no ha prestado juramento

alguno, ¿está privado de proferir gritos subversivos, de proponer a los otros viajeros actitudes contrarias

al sistema? No lo está. Puede hacerlo, pero inmediatamente entrarán en juego los medios represivos y

judiciales, del Estado para reducirle, para condenarle en la justa proporción con las leyes o preceptos que

haya conculcado.

Tal vez, al cabo de casi cuatro décadas de existencia de este Estado, podría considerarse llegado el

momento de borrar la diferencia entre españoles con juramento de fidelidad a las Leyes Fundamentales, y

españoles de derechos reducidos porque no quieren jurar, ya sea porque sus creencias religiosas—desde la

no creencia a la creencia demasiado rigurosa— no se lo permiten, ya sea porque en la inalienable libertad

de su conciencia no están, en todo o en parte, conformes con esas leyes. Que a tales españoles no se les

confíen tareas de gobierno, tareas políticas, es lógico, aunque quizá fuera útil abrirles algún cauce a la

ordenada expresión de sus criterios. Que a tales españoles se les impida opinar sobre la apertura de una

farmacia, o sobre la evaluación global de los fontaneros, o acerca de las fiestas patronales o las

negociaciones con la Seguridad Social, las tarifas profesionales, el intrusismo o los programas

universitarios de sus carreras, parece un poco excesivo.

Las actitudes subversivas están previstas y encuadradas en la organización jurídica de nuestro país. Es

natural que este Estado, cualquier Estado, se defienda, defienda sus principios contra quienes se proponen

debelarlo. Es menos evidente que un país acierte al separar a un sector, pequeño, mediano o grande, que

no se incorpora a la convicción general pero que desea la con-vivencia, que intenta, honestamente,

participar en todas aquellas estructuras en las que le es posible hacerlo, sin fórmulas solemnes,

simplemente ejerciendo con buena voluntad su condición legitimísima de español. Dicho sea esto con

todos los respetos.—Lorenzo LOPEZ SANCEJO.

 

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