Autor: Pérez Fernández, Herminio. 
 Opinan los procuradores en Cortes. Una ley con problemas: la de colegios profesionales. Señor Sotelo Azorín. 
 Las comisiones legislativas trabajan con un enorme deseo de lograr la norma exacta  :   
 Libertad de expresión, sinceridad y respeto para la opinión ajena. 
 ABC.    03/03/1974.  Página: 29-30. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

SEÑOR SOTELO AZORIN

LAS COMISIONES LEGISLATIVAS TRABAJAN CON UN ENORME DESEO DE LOGRAR LA

NORMA EXACTA

Libertad de expresión, sinceridad y respeto para la opinión ajena

Don Alfonso ,Sotelo Azorin, alcalde presidente del Ayuntamiento y delegado gubernativo de Ceuta, es

abogado y profesor de Educación física y Formación Política en el Instituto Nacional de Enseñanza

Media de aquella ciudad. Tiene cuarenta y un años y es procurador en Cortes desde hace poco tiempo.

Puede decirse que su debut en la Cámara legislativa ha coincidido con el estudio de la ley de Colegios

Profesionales en la Comisión de Leyes Fundamentales y Presidencia del Gobierno, de la que forma parte.

Sus intervenciones fueron numerosas y muy constructivas y seguras, acreditándole como procurador con

futuro. Precisamente por su reciente incorporación a las tareas legislativas, nos ha parecido especialmente

interesante conocer la impresión que el trabajo colectivo de las Comisiones causa en quienes se asoman a

ellas por primera vez, con animó de aprender, pero también con decidido propósito de intervenir, de

participar. El señor Sotelo Azorín nos ha dicho:

—¿Cuál es su impresión sobre el trabajo en las Comisiones legislativas?

—Realmente sólo puedo referirme a la Comisión de Leyes Fundamentales y Presidencia del Gobierno, de

la que formo parte, ya que hace poco, tiempo que poseo la condición de procurador en Cortes y apenas he

tenido posibilidad de tomar contacto con otras Comisiones.

Desde luego, mi experiencia, aunque corta, es decididamente positiva. A la formación de este criterio han

contribuido, de manera muy especial, un buen grupo de procuradores que, con el ejemplo de sus

intervenciones, han ayudado —¡y no poco!— a mi modesta labor con la que, pese a mi escasa experiencia

en estas lides, he tratado de aportar lo poco que yo podía ofrecer.

En un intento de esquematizar valores podría decir que he visto en el trabajo de la Comisión: libertad de

expresión, sinceridad, calidad humana y dialéctica, claridad, generosidad, Interés, profundidad (política y

conceptual), participación, respeto para la opinión ajena sin menoscabo de la propia convicción y, en fin,

un enorme deseo colectivo por hallar el concepto justo, la norma exacta... En suma, una labor en favor del

bien común.

—¿Hay concretamente en la ley de Colegios Profesionales algún punto que le hubiera gustado cambiar?

—Difícilmente puedo manifestarme en este sentido. A través de mi intervención en los debates he tenido

oportunidad de hacer saber mi criterio y creo que en lo fundamental —que es lo que pretendía— fue

aceptado por la Ponencia y por la Comisión. Por otra parte, entiendo que si el proyecto de ley es el

producto de un quehacer colectivo, sería Improcedente e Incluso Irrespetuoso el que yo —quizá el

miembro menos cualificado de ese colectivo— pretendiera, aunque fuera por mera vía de hipótesis,

establecer ahora nuevas ideas o nuevos rumbos.

El Reglamento de las Cortes me ha permitido, como a todos, la oportunidad de exponer mi opinión ante

cada tema concreto de debate. Al ejercer este derecho he tenido la posibilidad, si no de modelar la norma

a mi antojo, si de intentar matizar, reformar e incluso de impedir la viabilidad de un determinado

precepto.

 

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