La opción nuclear     
 
 ABC.    31/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LA OPCIÓN NUCLEAR

Hace unos días, en el curso de una reunión informal con un grupo de periodistas económicos, el

vicepresidente Fuentes Quintana reiteró el propósito del Gobierno de plantear en el próximo otoño un

gran debate parlamentario sobre el tema energético.

Constituye éste uno de los mayores problemas para las sociedades industrializadas, entre las que figura

España. La factura que paga nuestro país a los productores de petróleo es excesivamente alta:

aproximadamente el 25 por 100 del coste total de nuestras importaciones. Con este pesado lastre, resulta

prácticamente imposible restablecer un cierto grado de equilibrio en la balanza de intercambios.

Se impone, pues, una urgente búsqueda de fuentes de energía sustitutivas de los crudos. Ni el empeño es

fácil ni la solución de los males puede considerarse próxima en el tiempo. Pero algún día, y cuanto antes

mejor, habrá que decidirse por alguna de las escasas alternativas que se nos ofrecen.

Un informe del correspondiente organismo especializado de la O. C. D. E. acaba de subrayar que sólo un

racional desarrollo de la energía nuclear podrá cubrir en las próximas décadas el cada vez más ancho

abismo abierto entre la demanda y la oferta de energía. En la energía se encuentra la base del progreso

acelerado que la sociedad moderna exige a sus rectores. Pero si el precio que se paga por esa energía es

muy elevado, la energía deja de ser motor de desarrollo para convertirse en ancla que amarra a un

presente que a todos resulta ya insatisfactorio.

El tema tiene aristas polémicas dentro y fuera de nuestras fronteras. En nombre de una pretendida defensa

de la Naturaleza, algunos grupos están tratando de politizar la cuestión, tal como informa nuestro

corresponsal en París. No son muchos, pero sí lo suficientemente alborotadores para que sus voces

resuenen en muchos oídos. No esgrimen argumentos convincentes, pero sus opiniones, envueltas en

hábiles ropajes demagógicos, llegan más al sentimiento que a la razón de las gentes. La verdad es que los

Gobiernos se han despreocupado en exceso de explicar con sencillez y claridad las ventajas que la energía

nuclear tiene sobre las fuentes convencionales, y los beneficios que de su recta aplicación derivan para la

colectividad. Y este fallo, que por fortuna comienza a enmendarse, ha sido aprovechado por algunos

sectores políticos para llevar e1 agua a su molino.

Sin embargo, las voces discordantes son cada, vez menos en número e intensidad. Solamente las más

radicalizadas, las que estan todavía más a la izquierda, se niegan a rendirse a la evidencia de los hechos.

Los criterios más pragmáticos se han abierto camino en ideologías como la comunista —el Comecon,

desarrolla un ambicioso plan de centrales nucleares— y en los ambientes sindicales. Nos estamos

refiriendo a lo que sucede al otro lado de los Pirineos, con independencia de folklóricos y coloristas

festivales ecológicos como el que tiene por escenario, la zona francesa de Creys-Melville. Pensamos que

en España, aunque sea con retraso, ocurrirá lo mismo. Y que el debate parlamentario del otoño sobre él

problema energético desembocará en una razonada elección de esa alternativa que, a juicio de la

O.C.D.E., es la única viable de cara al futuro. Antes de esa fecha la opinión pública tendría que tomar

auténtica conciencia de las dimensiones del problema planteado por nuestra insuficiencia de energía y de

la urgente necesidad de afrontar la solución con criterios de racionalidad económica. Escarmentemos,

hasta donde podamos, en cabeza ajena.

 

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