Autor: Dávila, Carlos. 
 La campaña electoral andaluza, en la recta final. 
 UCD sigue en su afán de recuperar el voto útil     
 
 ABC.    18/05/1982.  Páginas: 2. Párrafos: 8. 

UCD sigue en su afán de recuperar el voto útil

SEVILLA (Carlos Dávlla, enviado especial). El viernes, último día de la campaña electoral, el

presidente de los empresarios andaluces, Manuel Martín Almendros, celebrará la jornada de

una forma muy especial: presentándose ante el Juzgado número uno de Sevilla para responder

a la querella del PCE, que se consideró, como partido, injuriado por el famoso y polémico cartel

de la manzana y el gusano.

Martín Almendros es blanco de todos los ataques de la izquierda. Los propios socialistas

tampoco le perdonan y han anunciado, a bombo y platillo, que el próximo día 24 pedirán la

dimisión del presidente de la patronal y, a renglón seguido, entrarán en negociaciones con el

sucesor. No se sabe con qué títulos van a solicitar la cabeza de Martín Almendros, y hasta

puede ser que todo quede en agua de borrajas.

Entre otras cosas, porque tos empresarios no se van a quedar quietos. De un momento a otro

se espera el fallo del recurso contenciosoadministrativo promovido por la CEA contra la

resolución de la Junta Electoral, que le apartaba de la campaña. El jueves se cumple el plazo

de cinco días, pero es posible que antes haya noticias. Aquí se aventura que no serán buenas

para los empresarios, que, por otra parte, ya han preparado en Madrid el correspondiente

recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional. Esto, en el terreno jurídico, porque en el

político los empresarios están dispuestos a agotar al máximo las posibilidades que a cualquier

ciudadano español le ofrece la Constitución. Nadie en la CEOE ha apostado por la

desobediencia civil, pero todos apoyan la política de la dirección de continuar en la liza política.

Están en su derecho, porque en un Estado democrático no se puede coartar la libertad de

nadie a participar en los asuntos públicos ni, claro está, condenarle por ejercer la libertad de

expresión. Con los límites de orden que haya que aceptar, pero ni uno más.

AGRESIVIDAD EN LA CAMPAÑA. La agresividad de la campaña no ha disminuido. Los

empresarios, en Jerez, han sido esta vez las víctimas de las durísimas imprecaciones de los

comunistas de Comisiones Obreras desde las pancartas de la feria. El domingo, en el recinto,

hubo sus más y sus menos: forcejeos, carreras y gritos destemplados. Comisiones Obreras ha

tomado la vara en su mano y ha atizado el fuego de la ira. Al margen de este incidente

gravísimo y de las salidas de tono de Santiago Carrillo en todas las ocasiones en que está ante

un micrófono, el tono mitinero está, sin embargo, decreciendo. Y es que la campaña dialéctica

ya se ha agotado. Todos los mensajes que los partidos pretendían lanzar ya están en el aire;

así, los candidatos se repiten una y otra vez y las gentes, nada entusiastas de las

convocatorias, se van aburriendo a medida qué pasan los días. A la campaña le están

sobrando fechas.

VOTO ÚTIL. UCD tiene mañana a su presidente en Sevilla. Toda la argumentación centrista se

está volcando contra el socialismo y más concretamente contra el partido de Rafael Escuredo.

Los resultados de las últimas encuestas públicas o no que he tenido en mis manos arrojan una

cierta luz sobre el grado de indecisión que existe en estos momentos. Sorprende que la

abstención no sea tan grande como parece percibirse tras el diálogo con los ciudadanos de las

ocho provincias, pero, en cualquier caso, me aventuro hoy a decir que el domingo van a existir

más sorpresas de las que se profetizan. Los centristas pretenden recuperar el voto útil que, a

mi juicio y en su mayoría, ha recogido el PSOE gracias a su acertada política autonómica.

Felipe González ha comenzado a agitar ya, otra vez más, el fantasma de aquel 28 de febrero.

Es natural, porque este fantasma es el gran arma del PSOE, único partido que no ha tenido en

este punto veleidades ni ha modificado su conducta. Otra cosa es que ésta haya sido acertada.

A los socialistas les ha deparado óptimos resultados, y Escuredo, en tono más nacionalista que

nunca, ha dicho: «No tolero que nadie engañe a mi pueblo.» Los centristas han contestado:

«Los únicos que podemos frenar a los socialistas somos nosotros.» La respuesta es más

coherente de lo que parece.

ELECTORADO INDECISO. Aquí, en Andalucía, todos los partidos y los candidatos rivalizan en

defensa de las libertades, gusto por el cambio y moderación a todo trance. Quizá han entrevisto

que hay que cultivar esa gran franja del electorado que se mueve en la indecisión. En ella están

las posibilidades de victoria en un caso, o derrota honrosa en otro. Y no me refiero más que a

los dos partidos que parecen mejor colocados, porque los demás se encuentran en una actitud

habilísima de «a ver qué pescan el día 23». Alfonso Guerra, en su fin de semana gaditano, ha

subido un punto el diapasón de su cólera dialéctica y ha pronunciado alguna frase con vocación

de denuncia contra UCD. Por ejemplo, ha dicho que pase lo que pase en Andalucía, las

elecciones generales se van a anticipar para hacerlas coincidir con la visita del Papa. Guerra

sabe, como cualquier otro político metido en este oficio, que ya a estas alturas de legislatura no

se puede hablar de adelanto. Estamos ya en fechas de elecciones.

En cuanto a la referencia al viaje papal es, para mí, un paso en falso que el secretario general

del PSOE va a lamentar. Primero, porque los socialistas, para ganar con holgura, deben

arrancar votos en el electorado católico confesional, y, segundo, porque hay una parte de este

electorado que no goza precisamente con estas invocaciones.

En Andalucía, el pueblo escucha atentamente las voces de los protagonistas de la Iglesia.

Unas, claramente conservadoras, como la del obispo de Huelva, y otras más templadas, como

la del titular de Córdoba, que se ha retirado a orar por las elecciones. Quien no sepa ver en

esta campaña la importancia del factor religioso, ése sí que está fuera de juego.

 

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