Autor: E. PUNTO. 
 Las centrales nucleares. 
 La energía el futuro     
 
 Arriba.    07/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LAS CENTRALES

Las centrales nucleares se encuentran hoy en el centro de un duro debate, no sólo en nuestro

país, sino en todo el mundo. Las posturas a favor y en contra, algunas muy radicales, se

multiplican y dan origen a gru-

LA ENERGÍA DEL FUTURO

EL tema de las centrales nucleares aparece siempre rodeado de connotaciones conflictivas, en

cuya maraña no es raro que se pierda de vista el nudo íntimo de la cuestión. La simple

enumeración de aspectos positivos y negativos de la energía nuclear sería tan prolija que

arrojaría escasa luz sobre el debate. Se trata, las más de las veces, de problemas adjetivos,

que, debidamente ponderados, exigen antes la aplicación rigurosa de soluciones conocidas

que la frívola invalidación de una fuente casi inagotable de energía o que alcanza a cubrir,

cuando menos, en su desarrollo tecnológico, más de doscientos años.

En fecha reciente, Costeau denuncia la existencia de cajas abiertas de residuos radiactivos en

el fondo del mar. La respuesta proporcionada a este accidente consistirá en perfeccionar

técnicamente el empaquetamiento de esos residuos, cosa harto viable hasta límites

prácticamente totales de seguridad.

Otras veces se levantan voces de alarma por la detección de fugas radiactivas en algunas

centrales. Es otro problema de seguridad con respuestas técnicas ya conocidas y que, desde

luego, se traducen en un exigible encarecimiento de las instalaciones. Ahora bien, nadie

sensato prohibiría la electricidad porque un tendido defectuoso causara alguna víctima. Lo que

procede es multiplicar las medidas de control y sancionar con energía las infracciones.

En cuanto a la posibilidad de que una instalación nuclear de uso pacífico se torne

accidentalmente explosiva, raya casi en la ciencia ficción. Es, desde luego, millones de veces

más Improbable que casi cualquier otro accidente mecánico o químico.

Los ejemplos anteriores, y otros muchos que cabría seguir enumerando, se refieren a

incidencias tecnológicas tratables en su propio campo, pero que en modo alguno pueden

convertirse en banderas razonables de combate a favor o en contra del hecho mismo de la

energía nuclear y de las centrales para su obtención. Son asuntos que deben conocer, en

efecto, de la pormenorizada denuncia pública, para que ello se traduzca en un clima favorable

el perfeccionamiento incansable de las normas y técnicas de seguridad.

Pero la cuestión política—que es, en este caso, la importante— ha, de ser otra. La crisis da

materias primas que atraviesa, globalmente, la Humanidad, es muy grave en el terreno energé-

tico. La energía se está convirtiendo cada vez más en un bien escaso. De algunas fuentes

energéticas, como el petróleo, tenemos incluso constancia del tiempo, no muy dilatado, que

falta para su agotamiento. Y, sin embargo, tanto por crecimiento de la población mundial como

por las nuevas condiciones de vida, la demanda de energía crece geométricamente, sin duda

con mayor velocidad que el aprovisionamiento esperable de casi todas sus fuentes. Las

mareas, el sol, la tensión geotérmica son respuestas insuficientes y todavía en niveles no

económicos de utilización.

No sucede lo mismo con la energía nuclear, que cubrirá prácticamente todas las demandas

previsibles, en cuantía y tiempo, del género humano para dos o tres siglos. Esta es la cuestión

política. En la fisión del átomo se halla la fuente más barata y limpia de energía que, hoy por

hoy, conocemos. No es difícil imaginar que los países que desarrollen, cuanto antes, sus

propias fuentes de energía nuclear se distanciarán, de los que no lo hagan, en proporción

insalvable.

No pretendemos, con estos argumentos, cerrar un debate Intrincado y complejo, pero

aspiramos a que se sitúe en términos sensatos para que no se cobren nuevas víctimas del

miedo Irracional y esterilizador a la ciencia y al progreso.

E. PUNTO

 

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