La preocupación nuclear     
 
 El Imparcial.    21/12/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EL IMPARCIAL

La preocupación nuclear

EL sangriento asalto del domingo aL puesto de la Guardia Civil que custodia las instalaciones de la

central nuclear de Lemóniz desborda los, métodos y alcance típicos de las acciones ambientalistas para

inscribirse en la órbita clara del terrorismo político. La constelación del debate nuclear es otra. Basta un

punto de reflexión para distinguirlas.

EL trayecto Alcalá de Henares-Guadalajara sí se incorporó, de pleno derecho, el pasado fin de semana, a

la geografía de la característica protesta antinuclear. Hay que unirlo a la amplia toponimia de este género

de contestación: Valdecaballeros, Xove, Dera, Ascó, Cofrentes, Chalamera, Valencia de Don Juan.

Existe, pues, una minoría sensibilizada que lleva a cabo una crudeza permanente.

ES la dimisión española de un fenómeno internacional, con brotes en distintos países y que el último

verano registró un muerto y decenas de heridos en Creys-Malville (Francia).

La salida para la crisis energética creen verla los militantes de esta cólera ambientalista en las energías

renovables, como son la solar, la eólica, la geotérmica o la maromotriz. Sin embargo, la Agencia

Internacional de la Energía prevé que, a la altura del año 2000, esas fuentes, calificadas como «dulces»,

no aportarán más allá del 5 al 10 por 100 para las necesidades de entonces. De momento, Almería ya tiene

dos proyectos de centrales solares, aunque la energía heliotérmica resulta útil más bien a escala de

aprovechamiento individual o de conjuntos reducidos que a escala de planta para abastecimiento masivo.

LO cierto es que la finitud de los recursos almacenados, en utilización hoy, aboca, sin otro remedio

previsible, a las centrales nucleares.

EVIDENTEMENTE, las hipótesis del riesgo atómico resultan apocalípticas. Pero, en la práctica, no

tenemos constancia de ninguna muerte por accidente radioactivo en un reactor comercial. En el último

cuarto del siglo XX el manojo del átomo ofrecería peligros espantosos si la ciencia y la técnica no

dispensaran también auténticas garantías. En realidad, éstas permiten operar con márgenes de seguridad

convincentes.

LA utilización pacífica de tas fuerzas nucleares es algo inherente a nuestro tiempo, y así io comprenden a

lo ancho del mundo. En este aspecto corren vientos similares del Este y del Oeste. Se nucleariza el

COMECON, hasta el punto de que, para 1990, los países de ese bloque —con la URSS a la cabeza—

tendrán electricidad de dicho origen para satisfacer la mitad de su consumo. Los países capitalistas, de

otra parte, también eligen la opción nuclear. Con el reciente visto bueno de los socialistas alemanes, como

antes lo dieron en Francia socialistas y comunistas.

EN nuestra sociedad, lo esencial será extremar a tope las exigencias y garantías de todo tipo. Las

seguridades técnicas, por supuesto. Pero, igualmente los condicionamientos públicos. La ubicación

idónea, y aceptada por las localidades que tengan una relativa proximidad, y a las que deben revertir

determinados beneficios legales. En definitiva, pasarlo todo por el tamiz parlamentario, como ha de

hacerse con el Plan Energético Nacional. Sin caciquismos empresariales. Con rigor científico bajo el

control democrático. Mediante el diálogo. Repudiando la violencia de arriba y de abajo. ¿Estamos en

España en estas condiciones?. Existen serias dudas en el ambiente.

 

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