Autor: Aguirre López, José María (AMÉRICO VÉLEZ). 
   Socialistas y socialdemócratas han constatado sus diferencias en Elsinor     
 
 Informaciones.    22/01/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Socialistas y socialdemócratas han constatado sus diferencias en Elsinor

Por Américo VELEZ (Corresponsal diplomático en Europa occidental.)

BRUSELAS, 22.

DE la confrontación de ideas que los líderes socialistas y social-demócratas europeos - cada vez se

marcan más diferencias y mayores distancias entre los unos y los otros - han tenido en Elsinor el domingo

y el lunes, reunión a la que aludí en mi «nota» de anteayer anunciando en ella el propósito de volver sobre

el tema, aparece que las personalidades congregadas en el lugar en que Shakespeare situó a su «Hamlet»,

y las organizaciones o partidos que representan o dirigen, discrepan profundamente sobre problemas

esenciales para sus pauses, sus formaciones políticas, respecto al proceso de construcción de Europa, la

defensa común del Occidente y las relaciones entre los países libres del oeste del Viejo Mundo y los

Estados Unidos.

Apoyaré esa afirmación mencionando algunos de los principales motivos - o causas - de disentimiento.

Las grandes figuras y las distintas tendencias de la Internacional Socialista están divididas respecto a los

siguientes temas:

España. - Ciertos dirigentes, y no de manera exclusiva los socialdemócratas oestegermanos, sino también,

por ejemplo, los socialistas de los Países Bajos y los del pequeño Luxemburgo (todos los cuales ejercen

en sus países responsabilidades de gobierno, los primeros, en una coalición de la que son parte

mayoritaria; los segundos, en un equipo homogéneo, y los últimos, como grupo menor del Gabinete que

dirige el liberal señor Gastón Thorn), consideran, y así se lo habrían hecho saber al secretario general del

Partido Socialista Obrero Español, don Felipe González - que acaso ha regresado de Elsinor a Madrid con

la mente asaltada por graves vacilaciones hamletianas -, que el primer Gobierno de la Monarquía

española restaurada ha adoptado políticas nacionales y exteriores "de signo positivo".

Crisis económica. - Determinados participantes en el concilio de Elsinor consideran que la única solución

al gran problema es la "planificación socialista". Otros creen imprescindible reforzar - imprimiéndole un

más justo contenido social - el liberalismo económico y el sistema de libre empresa que los marxistas de

todo pelo califican en tono despectivo de "capitalismo explotador de las masas obreras"

Integración de Europa. - Los socialistas del sur del continente afirman que el Mercado Común acusa una

marcada tendencia al olvido de los derechos más elementales del mundo del trabajo. Los demás, al

contrario, sostienen que la Europa en proceso de integración tiene un contenido social apreciable con una

dinámica de constante "crescendo".

Cooperaciones con otros partidos. - Ciertas personalidades de entre las presentes en Elsinor piensan que

los socialistas auténticamente democráticos deben establecer alianzas para la conquista y el ejercicio del

poder con formaciones inequívocamente adversarias de toda índole de totalitarismos. Otras preconizan las

"uniones de la izquierda". El líder socialista lusitano Mario Soares se ha declarado partidario de la

estrategia "pluralista".

Relaciones con los Estados Unidos y defensa común del Occidente. - Ninguno de los prohombres que han

acudido a la "cumbre" de la segunda Internacional ha preconizado la salida de sus respectivos países de la

Alianza Atlántica. En cambio, han adoptado actitudes opuestas en cuanto a la cooperación en todos los

órdenes - económico, comercial, militar - entre la Europa aún libre y las dos grandes potencias

norteamericanas: U.S.A, y el Canadá. Incluso por lo que se refiere a las relaciones con los grandes países

asiáticos: Japón, China y la India.

Ha habido muchos otros puntos de fricción e incluso motivos de tensión. Pero seria demasiado larga la

lista a establecer con las imprescindibles precisiones. Lo fundamental es que el encuentro de Elsinor no

ha constituido un acontecimiento que refuerce la unidad, ni siquiera la similitud de pensamientos ni de

acciones de los socialistas democráticos de la madre Europa.

Responsabilizados con las fundones de Gobierno, los "nordistas" creen que el "capitalismo" es susceptible

de adquirir "una faz humana" y que, en sus correspondientes naciones y en la Europa en proceso de

edificación, las facciones de semejante faz adquieren cada día trazos más firmes. Asaeteados e

intimidados por los partidos comunistas - ciertamente más fuertes en sus países que en los septentrionales

del continente - y prisioneros de viejos "clichés" del siglo XIX, los "sudistas" consideran que un

correligionario como Willy Brandt - por no hablar del "reaccionario" Helmut Schmidt -, que hace quince

años propuso - y lo logró - que la socialdemocracia alemana renunciase al marxismo en el histórico

Congreso de Bad Gosesberg, es una especie de "traidor a la clase trabajadora" y se pronuncian por la

alianza con los comunistas y por la abierta ruptura con el liberalismo económico y político.

Cuando el francés Mitterrand - cuyas explicaciones en Elsinor han disgustado grandemente, por cierto, a

sus aliados comunistas - reúna los días 24 y 25 de este mes, en París, a los delegados de los partidos

socialistas de la Europa meridional, se encontrará probablemente con que entre los franceses, los griegos,

los italianos, los españoles y - sin ninguna clase de dudas - los portugueses, también existen materias de

desacuerdo.

CONFUSIÓN

No prejuzguemos, sin embargo, sobre lo que pueda ocurrir en la «minicumbre» socialista de la capital de

Francia. Constatemos únicamente que en Elsinor, aun más que la «división» se ha patentizado la

«confusión». Es así natural que - con respecto al lugar en el que la conferencia ha transcurrido - el espíritu

del príncipe shakesaspiriano triste y vacilante haya presidido en realidad los debates y determinado la

ausencia de conclusiones.

La segunda internacional está amenazada de escisión. La amenaza no proviene del «capitalismo», sino del

comunismo. Lenin preconizaba las escisiones para vigorizar los que él llamaba «núcleos

revolucionarios.»

 

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