Autor: Pradal Gómez, Gabriel (PERICLES GARCÍA) (PERICLES). 
 Comentario. 
 Lo que dijo el poeta     
 
 El Socialista.     Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

COMENTARIO

Lo que dijo el poeta

En una de las últimas paginas de «A B C», junto a la información bursátil y como si quisiera esconder allí

su propia vergüenza, se ha publicado en cuatro líneas y pico la noticia de que el Ayuntamiento de Soria

ha abierto un concurso entre artistas para levantar un monumento al poeta Antonio Machado.

Mentira parece que en España estén ocurriendo cosas como ésta por la que tan mal parado queda el

prestigio del Caudillo y el del «glorioso Movimiento». Para el uno y para el otro tuvo el poeta los más

terribles dicterios, sobre todo en sus momentos sentimentales como aquel en que, refiriéndose a la muerte

de su amigo Emiliano Barral, escribió que el gran escultor había caído «defendiendo su patria contra un

ejército de traidores, de mercenarios y de extranjeros». Así calificaba Machado a la «Cruzada», con su

Caudillo, con sus generales y con sus arzobispos. ¿No lo saben los organizadores del concurso?.

Estos son los inconvenientes de mantener al pueblo en la santa ignorancia de lo que pasa en el mundo. Si

en España se hubiesen dejado circular las obras de Antonio Machado publicadas en Buenos Aires por la

editorial Losada, esos sencillos concejales de Soria se habrían dado cuenta de que Machado no era sólo

aquel buen don Antonio que paseaba por las afueras de la ciudad haciendo versos a los chopos del río.

Con espanto hubieran sabido que aquel hombre tan afectuoso y al parecer tan bueno, había reaccionado

contra el movimiento salvador de la patria. Y lo había hecho con tanto ardor que cuando el Caudillo,

quitando vidas y destruyendo casas, daba el asalto a la capital de España al frente de sus italianos, de sus

alemanes y de aquellos sus admirables y civilizadores moros, el poeta escribía que Madrid, aquel Madrid

tan condenablemente democrático, luchaba «enfrente de los traidores, de los cobardes, de los asesinos, de

las hordas compradas al hambre africana, enfrente de los siervos incondicionales, ciegos instrumentos de

la reacción europea, frente a los más sombríos fantasmas de la historia, más o menos motorizados, frente

a las tropas italianas de flamantes equipos militares, al servicio de un faquín endiosado...»

¿Para qué seguir?. Otros párrafos como éste pudiéramos copiar. Ni siquiera escapan a la invectiva quienes

detrás de la huestes caudillales marchaban con los sagrados instrumentos para el —según el poeta—

«sacrílego Te Deum» con que había de celebrarse la victoria sobre los satánicos defensores ante los

cuales se preguntaba Machado si «habrá algún día bronce bastante para ellos».

Por si todo eso fuera poco, el celebrado poeta, buscando en la historia de España un gran traidor con

quien compararlo, califica al Caudillo de «otro Conde don Julián». Así, deseando para Su Excelencia el

fin pendular del Iscariote, se pregunta Machado: «¿Adonde irá el felón con su falsía?» Y se responde con

otros dos endecasílabos impecables : « Que trepe a un alto pino en la alta cima, —y, en él ahorcado, que

su crimen vea.»

No creemos que los heroicos generales ni los santos arzobispos de Su Excelencia consientan ese

monumento para quien tales cosas dijo de la «cruzada de liberación»; para quien a ese hombre

providencial que ha engrandecido a España y que ha hecho la felicidad de los españoles, le ha llamado

felón y le ha pedido que, como expiación de sus crímenes, se cuelgue de un árbol como hizo quien vendió

a Cristo. ¡Qué atrocidad! Sin embargo, puestos a ver algún mérito en el poeta, hay que reconocer que, en

medio de sus terribles dicterios, ha tenido una estimable consideración para el Caudillo: la de compararlo

con Judas, pensando que puede ser capaz de remordimiento.

Pericles GARCÍA.

 

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