Autor: Llopis Ferrándiz, Rodolfo. 
 Voces de España. 
 La Nueva Generación     
 
 El Socialista.     Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

EL SOCIALISTA

VOCES DE ESPAÑA

LA NUEVA GENERACIÓN

En estos momentos en que la juventud universitaria madrileña se manifiesta, pública y enérgicamente

confía el francofalangismo, nos parece oportuno reproducir un extracto del artículo que nuestro

compañero Rodolfo Llopis publicó en la revista «Ibérica» de Nueva York, en su número de diciembre de

1955, en las ediciones en español y en inglés.

LOS GRAVES PROBLEMAS DE LA SEPARACIÓN

Quienes hubimos de expatriarnos en 1939, hemos tenido desde el primer día de nuestro exilio una gran

obsesión: volver a España. Volver cuanto antes. Y volver, claro está, dignamente, después de la

desaparición del régimen, francofalangista.

A medida que nuestra expatriación se ha ido prolongando, nuestra preocupación ha ido creciendo al

pensar en los graves problemas que podríamos encontrar en España a nuestro retorno. Siempre creímos

que hallaríamos una España destrozada y materialmente deshecha. Con muy penosas hipotecas de todo

orden. Pero con ser tan alarmantes las perspectivas materiales, económicas y financieras, y sin desconocer

la influencia de esas realidades en la formación de los estados mentales y espirituales de los españoles,

siempre me ha alarmado más, mucho más, la situación moral en que podríamos encontrarnos los

españoles todos cuando ese día llégase.

Al expatriarnos dejamos una España escindida, terriblemente escindida. ¿Producto de la guerra? Sí y no.

Las guerras no crean nada. Lo que hacen es poner al descubierto lo que ya existía en potencia y que el

control de la civilización mantenía acallado o dormido. Aquella España escindida que dejamos hace años

sigue hoy tan escindida como antes. Quienes debían haber superado los abismos que la guerra abrió, en

vez de hacerlo se han recreado en la piadosa tarea de ahondarlos cada día un poco más. La obra

reconciliadora que tan estruendosamente han proclamado, no ha sido más que una farsa trágica. No se

reconcilia a un pueblo con la intolerancia, persiguiendo a los discrepantes, mutilando la cultura,

deformando los cerebros, envenenando las conciencias, multiplicando las cárceles y ensanchando los

cementerios.

A esa España que dejamos escindida añadiremos, quizá, nosotros con nuestro retorno un nuevo elemento

de preocupación. A los que han tenido que vivir clandestinamente, verdaderos expatriados en su propio

país, y a quienes hemos tenido que vivir en el exilio, se nos ha formado ya, al cabo de los años de ese

vivir distinto, una mentalidad especial, diferente. Me temo que unos y otros seamos víctimas de nuestros

propios complejos, aunque confío que puedan superarse esas diferencias rápidamente en un régimen de

libertad y de democracia. Pienso en las experiencias que he vivido o seguido en Francia, Italia y Alemania

al día siguiente de la Liberación. Recuerdo el espectáculo que ofrecían las reuniones en las que coincidían

quienes habían ocultado sus ideas durante años y años, y quienes las habían desarrollado libremente en el

extranjero o las habían elaborado en el interior bajo la intoxicación del régimen dictatorial. Esas tres

categorías de compatriotas se sentían extraños entre sí. Todos creían Y decían pensar lo mismo, pero cada

cual hablaba un lenguaje diferente. Por fortuna, el régimen de libertad y de democracia que vino con la

Liberación, fue salvando la situación que, no por ser natural, nos entristecía menos. Y en España, puede

suceder algo muy parecido.

LA NUEVA GENERACIÓN ROMPE CON EL RÉGIMEN

Hay igualmente otra buena parte de esa generación, de extracción universitaria sobre todo, que no sólo

sabe con claridad lo que no quiere, sino que, además, también sabe lo que quiere. Esos hombres, cual ha

sucedido en todas las crisis nacionales, al adquirir plena conciencia del mal de España, desean contribuir

con su esfuerzo a que termine la gran pesadilla en que España se consume. Los hombres de

esa generación se afirman rompiendo con el régimen francofalangista y quieren acabar con la dramática

ficción en que, más que vive, muere España.

Con elementos representativos de esa nueva generación hemos tenido ocasión de hablar más de una vez y

con ellos hemos establecido el más cordial do los diálogos. Poco a poco nos hemos ido conociendo

mutuamente y se ha destruido la absurda muralla de ignorancia y de odios que el régimen se esforzó en

levantar entre los españoles. Así, cada día podemos descubrir nuevos rasgos del perfil mental, psicológico

y moral de los hombres de la nueva generación.

«Las juventudes —me dice un joven profesor— están cansadas de estas tres cosas: de clericalismo, de

liberalismo político, de dictadura militar y dogmática. Les es común a todas ellas —añade— a excepción

de los hijos de las familias poderosas, una preocupación por lo social; pero quieren que la transformación

social de España se haga con energía y mano dura.»

«En la Universidad —me dice un viejo profesor— reina gran inquietud rayana en la zozobra. Los

estudiantes, en su inmensa mayoría, son antifranquistas. La efervescencia que hoy se advierte en las

Universidades contra el régimen —añade— supera en intensidad y extensión a la que conocimos contra la

dictadura primorriverista y contra la monarquía.»

Los hombres de esta nueva generación no quieren saber nada de la guerra civil. Mejor dicho, no les gusta

que se les hable de ella. El drama estalló cuando todavía eran niños. Consideran ese doloroso episodio de

la historia española como algo malo que hicieron «otros». Con tanto más motivo, cuanto que ya han oído

a no pocos de esos «otros» decir que «aquello» fue un crimen estúpido, cuyas consecuencias están

sufriendo todos.

Raro es el día que no nos llegue la noticia de algún nuevo gesto revelador del espíritu de independencia

de los hombres de esa nueva generación. Así, un día, es el hijo del ministro de Relaciones Exteriores, del

catolicísimo Martín Artajo, representante de los intereses del Vaticano en el Gobierno franquista, que ve

regresar de Escocia a uno de sus hijos convertido al protestantismo... Otro día, será el hijo del ministro del

Aire, Gallarza, que no acepta la cátedra de Derecho que le ofrecen, por no querer ser profesor de Derecho

en un país cuyo régimen escarnece el Derecho y la Justicia...

Pero para conocer el estado de espíritu de los hombres de esa nueva generación, nada tan expresivo como

el mensaje que un grupo de jóvenes que viven en España enviaron a los jóvenes españoles expatriados

que se reunieron en Toulouse, a fines de agosto, con motivo de las jornadas de estudio que organizó el

Consejo Federal Español del Movimiento Europeo, mensaje que me cupo el honor de leer en el acto

público de clausura y del que queremos citar estas frases: «Nos llena de orgullo la dignidad de vuestra

espera... Aquí os esperamos para continuar juntos nuestra historia... España no es responsable de nuestra

soledad ni de vuestro exilio... Donde quiso separarnos será el lugar de nuestra cita...» He ahí un magnífico

testimonio. Lo que muchos estimaban difícil, si no imposible, se está produciendo: el diálogo cordial

entre españoles de dentro y de fuera de España. Entre jóvenes de una misma generación y entre españoles

de dos generaciones a quienes un «crimen estúpido» separó y un régimen no menos criminalmente

estúpido se esfuerza en mantener separados.

No importa saber de quién partió la iniciativa del diálogo. La iniciativa no ha sido de nadie y es de todos,

porque anidaba en el corazón de todos. La temida querella de generaciones no tendrá lugar. En todo caso,

mi generación, con la que ha sido tan cruel la vida impidiendo que fuese más útil a su país, hace tiempo

que sólo aspira a que su experiencia, doloroso y fecunda, pueda servir de puente a esa generación que

tiene ya conciencia de sí misma y se prepara a cumplir su misión en la nueva España, libre y democrática,

cuyo alborear se anuncia.

Rodolfo LLOPIS.

 

< Volver