Autor: Lasuén, José Ramón. 
   La estabilidad política depende de la unidad socialista     
 
 Pueblo.    15/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

* «LA ESTABILIDAD POLÍTICA DEPENDE DE LA UNIDAD SOCIALISTA»

J. R. Lasuén escribe en «El País»:

«Las causas de la desintegración del socialismo español presente son objetivas y profundas.

Tiene poco que ver con las razones subjetivas que habitualmente se discuten. Existe, por supuesto,

disparidad entre ejecutivas y bases; oportunismo electoral en las ejecutivas y testimonialismo excesivo en

las bases; protagonismos en la mayor parte de los líderes y falta de dedicación en los militantes. Pero

estos defectos no son distintivos del socialismo: los padecen todos los partidos políticos actuales, por ser,

necesariamente, gérmenes de su futura configuración.

La razón básica, objetiva, de su fragmentación ha sido la represión de los últimos cuarenta años, que ha

sido especialmente efectiva contra el socialismo. Primero porque el socialismo, cómo partido democrático

de masas no puede, y no ha podido, funcionar en la clandestinidad, lo que ha roto su disciplina

organizativa. Segundo, y más importante, porque la política educativa recibida ha impedido que el

sentimiento cultural de solidaridad permitiera contrapesar las dificultades reorganizativas del socialismo

atomizado por el franquismo.

En efecto, durante cuarenta años, la educación española se ha especializado excluyentemente bajo el

enfoque individualista, impidiendo la difusión de toda la ciencia y cultura de enfoque socialista. Fruto de

esta, deseducación, todo el socialismo actual padece formas agudas de desviacionismo individualista.

En este desviacionismo individualista subyacente, el que fuerza a los grupos socialistas a formas

antisolidarias, incluso monopólicas de conducta, totalmente contradictorias con su espíritu de fraternidad

existencial. La corrosión individualista es la que fuerza a los diferentes socialistas a desear concurrir más

que a colaborar; la que les obliga a destacar diferencias más que comunidades; la que les condena a seguir

purismos dogmaticos divergentes. Este desviacionismo individualista paralizante es lo que tenemos que

superar en las próximas semanas los socialistas. Nuestra tarea concreta es reducir, en un mes, el efecto

desintegrante da la educación de cuarenta años.

El resto del país y del mundo, que estén conscientes de la necesidad de un socialismo competente y

potente, tiene que colaborar al proceso de unificación. Al menos inhibiéndose y frenando sus bien

intencionadas, pero erróneas, manipulaciones de diversos grupos socialistas, que han reforzado el estéril

enfrentamiento de los mismos. Porque gran parte del oportunismo, antagonismo y radicalización equívoca

que han experimentado los partidos socialistas en los últimos años (su disgregación de orden subjetivo)

han sido efecto de las manipulaciones externas que, debido a su corrosión individualista (disgregación

objetiva), no han sabido evitar.»

 

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