Autor: Lasuén, José Ramón. 
   Alianzas para la democracia     
 
 ABC.    20/01/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

ABC. JUEVES 20 DE ENERO DE 1977

ALIANZAS PARA LA DEMOCRACIA

Por J. R. LASUÉN

Secretario general de la Federación Socialdemócrata

Estamos en una situación predemocrática y prepartidista. En vías de instaurar una democracia a través de

unas elecciones necesariamente apresuradas e improvisadas, que fuerzan a alianzas electorales no

deseadas.

Los partidos democráticos tienen que seleccionar las alianzas que se ven obligados a realizar bajo dos

criterios. En primer lugar, tienen que delimitar su ámbito de manera que sean las necesarias para instaurar

la democracia; en este sentido tienen que garantizar una mayoría parlamentaria auténticamente

democrática. En segundo lugar, tienen que definirlas, estructurándolas, de forma que contribuyan a

estabilizar la democracia instaurada.

En las hipótesis de alianzas que se manejan, advierto que existe una tentación oportunista que hace

prevalecer el primero sobre el segundo de los criterios. Es una tendencia que parece lógica para políticos

individuales; que es menos coherente para partidos que deseen desarrollarse seriamente y que es

inconsistente, sin duda, con los intereses a largo plazo de las instituciones democráticas.

Dentro de esta perspectiva, quisiera analizar brevemente las ventajas e inconvenientes de los modelos

básicos de alianza que se barajan.

Hay un modelo de origen democratacristiano, inicialmente propuesto por Ruiz Jiménez y hoy en día

propugnado por «U. D. E.», que puede calificarse de «tres sectores». Este modelo concibe el espectro

político englobado en tres alianzas básicas: una post franquista, constituida básicamente por la «Alianza

Popular» y las otras fuerzas a su derecha: otra, centrista, constituida por democratacristianos, liberales y

socialdemócratas, y finalmente, una tercera marxista.

En diferentes entrevistas he propuesto otro modelo de alianzas electorales de «cuatro sectores». Se

diferencia del anterior en que el centro está dividido en dos: centro-derecha y centro-izquierda. El

centro-derecha integraría, a la manera europea, democratacristianos y liberales: el centro-izquierda,

socialdemócratas y socialistas independientes, entendiendo por tales los no sujetos a ningún tipo de

vinculación internacional, es decir, «P. S. P.» y «F. P. S.».

Advierte de antemano que los modelos que discuto son estrictamente electorales, porque tanto por

razones económicas internas o externas como por condicionantes del voto probable, a efectos

postelectorales de coalición gubernamental, los dos modelos dan el mismo resultado: una coalición

centro-derecha/ centro-izquierda dentro de un Gobierno centrista.

La elección entre los dos modelos no se puede hacer, sin embargo, frívolamente, porque puede dar lugar a

resultados muy diferentes, tanto para la instauración como para estabilidad de la democracia.

Es obvio que en las circunstancias electorales previsibles el modelo de tres sectores es mucho más fácil de

operar. He ahí una de sus ventajas. Pero es también bastante claro que, con ese tipo de alianza, el centro,

al tener que homogeneizarse más que en el de cuatro sectores, pierde innecesariamente votos a su derecha

e izquierda.

La primera conclusión que cabe derivar, por tanto, es que a efectos de instauración de la democracia, el

modelo de tres sectores es peor que el de cuatro. Respecto de su estabilización, la evaluación es todavía

más favorable para el modelo de cuatro sectores.

El de tres, una vez aislada la «Alianza Popular», propende a crear una dinámica política conducente

rápidamente a dos grandes partidos, controlados respectivamente por aquellas de las fuerzas políticas que

los constituyen, que poseen más apoyo interno y externo: la «U. D. E.», en el bloque centro, transformado

en derecha, y el «P. S. O. E.» o el «P. C. E.» en la izquierda. Es decir, tiende a crear una polarización a la

francesa o a la italiana.

El de cuatro sectores, en abstracto, puede dar origen a una dinámica distinta. Si tiene éxito la potencia

expansiva de los dos centros hacia sus derechas e izquierdas, respectivamente, puede conducir a la

creación gradual de dos grandes partidos, donde las fuerzas dominantes estén siempre cerca del centro de

gravedad político del país, como en Alemania o U. S. A. En caso contrario, siempre puede revertir a la

solución del de tres.

Aparte de la viabilidad real de cada uno de los dos modelos, que analizo a continuación, es bastante

evidente que la única ventaja del modelo de tres sectores sobre el de cuatro es su mayor facilidad

operativa una vez creadas las alianzas (argumento que puede criticarse porque esta ventaja está

compensada por la mayor dificultad de construirlas). El de cuatro, en cambio, garantiza más la

instauración y estabilización de la democracia sin ningún riesgo adicional, porque siempre puede

reducirse al de tres.

Estas reflexiones, que parecen auto evidentes, sugieren que las razones de fondo para la elección del

modelo de tres sectores son otras. Es muy posible que se deba a muy legítimas luchas de poder dentro de

la democracia cristiana. Obedece, sin duda, a la creencia en la inviabilidad actual del centro-izquierda,

debido al gauchismo de alguno de los socialistas independientes. Pero obedece también a la convicción de

la seguridad de la existencia futura de un centroizquierda fundada en la eficacia moderante de la

socialdemocracia alemana sobre la base del «P. S. O. E.».

Si todos estos elementos imposibilitan la aplicación efectiva del modelo de cuatro sectores, la

socialdemocracia española puede verse enfrentada con la alternativa de aceptar o rechazar el de tres. La

responsabilidad de los resultados negativos que produzca su decisión serán responsabilidad de quienes

hayan imposibilitado la primacía de la razón sobre la emoción.—J. R. L.

 

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