Autor: Rojas-Marcos, Alejandro . 
 Alejandro Rojas-Marcos. Secretario general del PSA-Partido Andaluz. 
 Análisis político de un día histórico  :   
 (De cómo los andaluces «censuraron» al Estatuto de Madrid). 
 Diario 16.    22/10/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Análisis político de un día histórico

(De cómo los andaluces «censuraron» al Estatuto de Madrid)

Pese a reconocer que el día 20 de octubre fue un día histórico para Andalucía, Alejandro Rojas Marcos

señala en este análisis político del referéndum que si la participación fue menor que el 28-F fue porque

los andaluces aplicaron criterios de censura al Estatuto de Madrid, pactado entre UGD y el PSOE.

Aunque con poco espacio de tiempo para poder hacer un análisis detenido, sí puedo hacer una serie de

consideraciones sobre lo que la jornada del día 20 —y más concretamente sus resultados— suponen para

Andalucía.

En primer lugar, hay que decir que el 20 de octubre fue un día histórico. Un día en el que el pueblo

andaluz dio el paso definitivo en el largo camino hacia su autonomía. Este camino que se inició allá por

1835 en la Junta soberana de Andújar y que pasó por duras vicisitudes, de las cuales no fue la menor la

quiebra de la democracia producida en 1936, que conllevó la muerte de Blas Infante, y supuso el

enterramiento del «ideal andaluz», hasta que renació como «poder andaluz» de la mano del hoy PSA en

los años sesenta.

Dos cuestiones

Ya en nuestros días, el proceso autonómico andaluz ha sido una carrera de obstáculos jurídicos y políticos

en la que ha debido quebrarse el papel que para Andalucía había decidido el poder central en la

distribución de la «tarta» autonómica. Y estos obstáculos se han superado por nuestro pueblo. Por eso

discrepábamos con la campaña institucional de la Junta en eso de que ahora «echamos a andar», porque

llevamos ya mucho andado.

Ya hemos dicho durante la campaña del referéndum que el pueblo andaluz se enfrentaba con dos

cuestiones en este 20 de octubre. Por una parte, la continuidad del proceso autonómico, y por otra, el voto

a un texto estatutario. Era ineludible decir sí a la primera cuestión —autonomía— con la esperanza de

superar las deficiencias de la segunda cuestión: Estatuto.

Y al hablar de deficiencias no podría dejar de referirme al olvido ostensible de la figura de Blas Infante,

que no es algo anecdótico sino que responde a una postura de desinterés por nuestras raíces históricas.

Dos datos: uno, en la reunión que se celebró en la Junta de Andalucía para la recepción de datos del

referéndum no había ninguna foto de Blas Infante; dos, solicitamos que se cantara el himno de Andalucía

al final del acto. Tampoco había prevista una cinta con el himno. Y no es solamente esto. Podría hablarse

de otros muchos puntos en que los contenidos reales del Estatuto dejan mucho que desear. Citemos a

título de ejemplo la devaluación del Parlamento andaluz, reducido al «paro» ocho meses al año, o la

negativa a plenas competencias en la cuestión agraria.

Censura a los pactos

No obstante, todo ello, el pueblo andaluz, con esa especial sensibilidad y sabiduría de que ha hecho gala a

través de toda la historia, fue consciente de la importancia de votar anteayer.

La buena organización del referéndum ignoró temas tales como los graves problemas del censo, voto de

emigrantes, votos de jóvenes, etcétera.

Y los porcentajes de participación en un abanico que abarca desde el 43,7 por 100 de Almería hasta el 62

por 100 cordobés, nos hablan de un importante dato: a través de toda la campaña se ha hablado de la

frialdad de la respuesta popular y del temor a una abstención masiva. Estas cifras nos muestran cuáles son

los reales niveles de conciencia autonómica de un pueblo que, una vez más, ha actuado sin

apasionamiento, con la cabeza fría, con claridad de ideas respecto de lo que iba buscando.

Y esto es muy positivo, porque cuando se razona se esté en camino de ser más eficaces. Y esta eficacia le

es muy necesaria al pueblo andaluz cara a conseguir unos mayores niveles de poder y de participación.

Esa eficacia puede ser la que lleve a Andalucía a superar las cotas de subdesarrollo social, político y

cultural a que le ha conducido la acción opresora del centralismo durante siglos de historia.

Finalmente, no puede ignorarse que la participación no ha llegado a las cotas del 28-F. Esta ha sido la

forma con que el pueblo andaluz ha expresado su «censura» al Estatuto de Madrid, un texto que por pacto

UCD-PSOE ha sustituido al «proyecto de Carmona» y ha vencido a prácticamente todas las enmiendas

andalucístas que querían no un Estatuto a secas, que es lo que tenemos, sino un Estatuto con poder

andaluz.

 

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