Autor: Cavero, José. 
   Fernández Ordoñez  :   
 en la izquierda no marxista. 
 El Alcázar.    12/12/1976.  Páginas: 4. Párrafos: 50. 

Soy, quizá, el ala más moderada de la socialdemocracia.

Yo no sostengo un programa de nacionalizaciones. Hay cosas más importantes y urgentes que hacer.

Tenemos una gran preocupación por el sector público.

Será necesario que un millón de familias bajen de nivel de vida para que mejoren cuatro millones.

FERNÁNDEZ, en la izquierda no marxista

El mismo narrará que le aplicaron el calificativo -asaz usual en otro tiempo en el país - de ROJO cuando

todavía los ROJOS olían a Pedro Botero».

"Hoy, en cambio, Fernández Ordóñez, «Paco» para casi toda la clase política, milita al frente de un

partido, ciertamente de izquierdas, pero con moderación y sin crispaciones. Fernández Ordoñez, que

paso por Hacienda y por el INI en compañía de socialistas, que no ha cambiado el tono de sus discursos

«antes y después» del purgatorio de la Administración, era designado la semana última presidente de la

Federación Socialdemócrata, un grupo - en la floresta de siglas - que se abre paso, que pesa ya sin duda, y

que está reuniendo a «intelligentzia» y a masa ciudadana por igual.

No hay demagogia en la oposición. Es bastante realista.

La redistribución de la renta deberá hacerse con moderación, prudencia y sacrificio para algunos

Creo que la derecha sola no podrá volver a gobernar en el país

Los socialdemócratas nos atreveríamos con la reforma fiscal profunda.

ORDÓÑEZ

En este país yo creo que ya no hay peligro de que gane el miedo. He luchado y lucho no por un escaño,

sino por una cierta idea de la sociedad española.

—Fernández Ordóñez se encuentra en lo que se denomina oposicion ¿Es oposición?

—Quizá la expresión oposición de mocrática no tiene un sentido institucional. Es decir, es una actitud, no

es una toma de posición política. Pero yo no diría que existe la oposición democrática como un

sustantivo, sino que se está, en un determinado momento, en una actitud de oposición. Y lo que si es

cierto es que en este momento hay partidos, organizaciones y personas que están todavía recorriendo

estos últimos tramos en las conquistas de las libertades, y con ello, yo creo, ayudando a un proceso

dialéctico que es muy útil y que este último año ha demostrado que ha sido útil, ya que ese proceso

dialéctico nos ha Ilevado poco a poco a avanza? en este camino.

—¿Fernández Ordóñez ha Ilegado a su situación de centro-izquierda después de una larga y meditada

evolución?

—No. Yo me he considerado siempre un hombre de centro-izquierda. Yo fui, hace más de veinte años,

uno de los primeros colaboradores de la revista «El Ciervo», en Barcelona. He escrito en «Cuadernos para

el Diálogo» también hace muchos años. He estado en el acto constitutivo de Izquierda Democrática hace

casi quince años. Y, por tanto, lo que si se puede con siderar una aventura es mi paso por la

Administración en puestos técnicos de mi propio Ministerio, del Ministerio de Hacienda. Yo soy

funcionario del Ministerio y he sido después presidente del Instituto Nacional de Industria.

—Pero algunos demócratas "puros" si le están echando en cara ese paso por cargos de la Administración.

—No; no conozco ningún demócrata «puro», como usted dice, que me lo haya echado en cara.

CRISTIANO PROGRESISTA

—Sigamos con la tarea de situar al personaje. Dicen que ocupa la derecha del centro-izquierda.

—Yo diría que soy quizá el ala moderada de la socialdemocracia. Me situaría quizá en el centro del

espectro.

—Por lo general, toda la socialdemocracia europea está integrada en la Internacional Socialista. Los

centros parecen estar, en el caso español, desviados, si se tiene en cuenta que aquí quien tiene esa

homologación de la Internacional es el socialismo renovado.

—Nosotros nos encontramos, en este sentido, en una situación parecida a la que está Sa Cameiro en

Portugal; a la que ha estado mucho tiempo el Partido Radical francés o a la que está la socialdemocracia

italiana durante algún tiempo. Es decir, en los partidos de mas abajo del Rhin el fenómeno

socialdemócrata se ha separado del fenómeno socialista. Y esto es una consecuencia de que el socialismo,

fundamentalmente, ha adoptado en los países del sur de Europa un planteamiento marxista, y la

socialdemocracia, esencialmente, no es marxista.

—Pero sí han aprovechado algo de la doctrina de Carlos Marx...

—Yo considera, por lo menos en mi caso, que mi ideología política debe mucho a lo que podríamos

llamar pensamiento cristiano progresista y debe mucho también al humanismo moderno. Lo que sucede

es que a Marx hay que asumirlo como hay que asumir a Kant. Marx está ahí y forma parte de la herencia

ideológica de nuestro tiempo. En ese solo sentido yo diría que asumimos a Marx.

—Sostiene Ricardo de la Cierva que en este país no ha habido demócratas. ¿Hay socialdemócratas?

—Puede ser... Yo creo que si, que socialdemócratas si hay. Lo que nosotros entendemos por

socialdemócratas pienso que tiene una gran importancia, sobre todo en las grandes capitales, en las

grandes concentraciones industriales. Porque el pensamiento socialdemócrata, en cierto modo, es un

pensamiento evolucionado que trata de dar respuestas a la sociedad posindustrial. El pensamiento

socialdemócrata debe, por tanto, tener su desarrollo en las partes más evolucionadas del país.

—¿Es una ideología particularmente para élites?

—No. Pienso que tiene una zona importante, desde luego, en amplios sectores de las clases medias, de la

pequeña y mediana empresa, de los intelectuales y funcionarios y también del pequeño agricultor. Este es

el espectro en el que se ha movido, por ejemplo, en Portugal la socialdemocracia, habiendo conseguido un

éxito importante.

—¿En la clase trabajadora no abunda esta ideología? ¿No consigue hacer adeptos, militantes o

simpatizantes?

—Nosotros tenemos muy buenas relaciones con algunos movimientos obreros de carácter

autogestionario, pero no tenemos un sindicato dependiente del partido, y, por tanto, en este momento, no

se puede decir que tengamos una implantación laboral.

ADELANTO DE PROGRAMA

—La Federaciôn de Partidos Socialdemócratas se define, naturalmente, federalista.

—Yo diría que es un partido unitario, estructurado federalmente. Considera que la configuración del

Estado español debe tener en cuenta la diversidad de sus pueblos; reconocemos el derecho a la

diversidad y, por lo tanto, sobre esa base, ha ido recogiendo, de abajo arriba, todas las aspiraciones y

planteamientos socialdemócratas que se han ido produciendo en todas las regiones de España. En ese

sentido esos planteamientos son autónomos, pero quedan enlazados, dentro de una unidad política,

en la Federación.

—¿Recoge la socialdemocracia muchas aspiraciones de ese trozo de sociedad que podríamos llamar

burguesía?

—Bueno, no sé... El concepto de burguesía solo se entiende referido a la clase trabajadora, ¿no? Sartre,

por ejemplo, dice de sí mismo que es un burgués... Recoge aspectos, sí, procedentes o pertenecientes a la

burguesía más progresista y evolucionada. Es decir, la socialdemocracia incorpora a aquel sector de la

burguesía que está decidido a jugar en favor de las fuerzas del progreso.

— La Federación Socialdemócrata aspira a ser uno de los grandes bloques, una de las grandes opciones

políticas a la hora de acudir a las urnas. De Ilegar, en efecto, al Poder, ¿en que se notaría, en que

debía notarse?.

— Nosotros podemos aportar a la sociedad española, en mi opinión, algunos valores esenciales.

Es decir, nosotros tenemos una gran preocupación por el sector público, entendiendo por tal todo el

problema del sistema fiscal, todo el problema del gasto público redistributivo, todo el tema de la

atención a las necesidades colectivas, que, evidentemente, están insatisfechas en España — de

educación, de cultura, de sanidad, de urbanismo, etcétera — . En este sentido la socialdemocracia tiene,

creo, una gran importancia. Y en segundo lugar puede suponer, aceptando la premisa anterior, una

cierta fuerza en el sentido de una sociedad mas igualitaria y más justa, consecuencia de lo anterior. No

sé si el planteamiento de fondo de la socialdemocracia, que es lograr, al final, el pacto social — el pacto

social, cuando menos, como acuerdos transitorios, en el sentido de cierta superación de la lucha de clases

— , no sé si en España la situación está madura. Lo que ha definido a los partidos socialdemócratas del

norte de Europa ha sido esta integración de los distintos sectores sociales dentro del conjunto de la

comunidad.

EL INSULTO DEFINIDOR

— Para la izquierda, llamar socialdemócrata a alguien es, más o menos, insultarle...

— Sí. Es decir, yo definiría al socialdemócrata como a aquella persona que está dispuesta a admitir que es

socialdemócrata desde ese punto de vista. Lo que me parece más perturbador es el que se asigne a sí

mismo una calificación política que no le corresponde.

— Y en este país, aquí y ahora, ¿abunda mucho ese especimen?

— Ese especimen, lo he dicho alguna vez, la verdad es que esté creciendo de una forma insospechada y

estimulante.

—¿Esté naciendo el «demócrata español»?

— Yo creo que ha habido una evolución. Recuerdo que, cuando hace dos años, pronuncié una

conferencia, yo creo que bastante resonante, en el Club Siglo XXI, viviendo Franco, para proclamar

los motivos de mi dimisión y para pedir públicamente, por primera vez, la apertura en España de un

período constituyente como única solución política, entonces el calificativo más suave que se me

aplicó fue el de «rojo» y atravesé un largo y triste destierro, o exilio interior, o desierto... Sin

embargo, en este momento parece que soy una persona completamente normal. Incluso yo diría que con

una cierta imagen de moderación. Y como en este tiempo yo no he cambiado, yo pienso que ha cambiado

la mentalidad de la sociedad española — de cierta sociedad española — , que es la que era resistente

a ese planteamiento, y que eso es bueno...

— Por el contrario, ahora le recuerdan ese «estigma» de haber colaborado con la Administración

franquista...

— Es evidente; es sabido de todos que yo colaboré con ella. Fui secretario general técnico del Ministerio

de Hacienda, Subsecretario de Economía y presidente del INI. Y, sin embargo, me he permitido un lujo

que no se si otras personas se hubieran permitido, que fue el de dimitir como presidente del INI por

razanes políticas cuando todas las fuerzas políticas del país, del Régimen más bien, deseaban que no

lo hiciera.

— Cuando estaba en el INI, en su época de Subsecretario, ¿impulsó en alguna forma esos

aspectos sociales que ahora, como socialdemócrata declarado, propugna?

—Yo he defendido siempre —y basta releer mis declaraciones y mis conferencias de cuando ocupaba

cargos públicos— las mismas ideas. Es decir, que no creo que nadie encuentre un texto mío en el que no

haya afirmado desde dentro de la Administración ideas exactamente iguales a las que estoy defendiendo

ahora, Y bastaría recordar quiénes fueron las personas mas caracterizadas de mi equipo, en el Instituto

Nacional de Industria, para darse cuenta de cuál era mi pensamiento,

—Realmente, ¿a usted le molesta que le recuerden esa época de «alto cargo» en la Administración

franquista?

—En absoluto. En absoluto. Lo asumo totalmente. Yo tengo la sensación de que yo he trabajado con toda

mi alma, de que he hecho lo posible por ser útil a mi país, de que en ningún momento tengo nada de que

arrepentirme, y asumo perfectamente estos cargos, que yo considero técnicos, pero que en algún momento

me plantearon un problema de conciencia, hasta el punto de verme obligado a abandonarlos.

ECONOMIA CRÍTICA

—¿Estaba molesto en aquellos cargos?

—En ese momento al que me refiero, si. Pero lo asumo con toda su integridad. Me parece ridiculo hacer

otro planteamiento, sinceramente.

—¿Cómo condicionaría hoy su acceso a un Ministerio?

—Yo no veo que sea este el momento para que yo acceda a un Ministerio. No me opondría a que

sucediera en otro momento distinto, en un future próximo... ¿Para garantizar, dice usted, unas elecciones

libres? No. Yo solo me incorporaría a un Ministerio. en el nivel que fuera, si, de alguna manera, se

creyera que fuera absolutamente necesaría mi presencia, con la de otras personas, para hacer un

planteamiento profundo y serio de una situación, como la económica, que es realmente grave. Pero al

margen de todo planteamiento económico.

—¿Hay mucha demagogia ahora mismo en la oposición?

—No, no lo creo. Me parece bastante realista. Me parece que los planteamientos que ha hecho la

oposición últimamente creo que son los que haría cualquier país del mundo. No, no me parece que sea

exigir demasiado de una vez el pedir unas elecciones libres. La oposición ya ha renunciado a algunos

«slogans»; ha renunciado a la palabra ruptura, ha renunciado a la expresión Gobierno provisional. Sin

embargo, pide algo sensato, que son elecciones libres y libertades de partidos políticos.

—Se asegura que la primera Victoria electoral será para la derecha... Entre otras cosas, acaso, por miedo a

una izquierda nacionalizadora. ¿Los socialdemócratas nacionalizarían algo?

—Nosotros tenemos el programa, todavía, a nivel de ideario, incompleto, por consiguiente. Yo, a pesar de

haber sido un hombre de la empresa pública, yo no sostengo en este momento un programa de

nacionalizaciones. Creo que el país tiene cosas más importantes y urgentes que hacer que el dedicarse a

nacionalizar no se sabe con que costes y no se sabe con que beneficios...

MIEDO A LAS PALABRAS

—Nacionalizar, sin embargo, parece ser una palabra que nadie quiere siquiera pronunciar, en la misma

izquierda mas radical...

—Bueno, es que realmente los problemas del país no son, exactamente —hablando de prioridades—, los

que puede resolver una nacionalización. Honradamente, estoy convencido de que no es la hora de las

nacionalizaciones en la economía española. Es la hora, en cambio, de hacer un programa serio que cambie

el marco de crecimiento.

—¿Va a ser, consiguientemente, una etapa en que sean de primera necesidad sobre todo los técnicos?

—Si, se necesitan técnicos, pero se necesia también un Gobierno con fuerza política, que salga de las

urnas, y que tenga un consenso, sobre todo, de los sectores sociales que mas van a ser afectados por este

nuevo planteamiento.

—¿La derecha puede hacer todo eso?

—Yo creo que la derecha no pue de volver a gobernar, ella sola, ya mas en este país. Sobre esto tengo una

idea absolutamente clara. ¿Por qué? Porque no tiene el consenso de los sectores sociales a los que va a

haber que exigirles también —también— sacrificios.

—¿Quién se ha sacrificado en este país, durante Ios úlimos cuarenta años?

—En estos cuarenta años hemos trabajado todos, cada uno en su sitio. Ha habido grandes sacrificados.

Han perdido las clases medias, los jubilados, los funcionarios, ciertos sectores sociales, en suma, que no

han tenido la fuerza suficiente como para defender sus reivindicaciones. Yo pienso, en general, que la

situación española sigue siendo muy desigual y que plan tea un problema de injusticia que tenemos la

necesidad de afrontar. Probablemente, para nivelar la sociedad española en los últimos años, será

necesario que casi un millón de familias dascienda de nivel de vida para que casi cuatro millones

asciendan.

—¿y esos que tienen que descender son «de derechas»?

—Desde ese planteamiento que usted me hace, es posible , porque a casi nadie le gusta perder posiciones.

Pero sólo si aceptamos la idea de que es necesario que hagamos una nueva redistribución que habré que

hacerla moderadamente y con prudencia, sacrificándonos los que vamos a perder, solamente desde ese

punto de vista será posible encontrar una sociedad española con un modelo de convivencia mucho más

estable.

AL FISCO

—Pero habrà serias resistencias, precisamente porque nadie querrá perder.

—Ese es el tema de fondo de la reforma fiscal.

—Gran tabú. ¿Se atreverían a abordarlo frontalmente los socialdemdecratas?

—Estoy seguro que sí.

—¿Lo haría la derecha?

—Creo que no.

—El país si parece desear, de una vez, una reforma fiscal a fondo.

—Si, pero todavía no se si sabe que una reforma fiscal a fondo supone, como decía antes, una cierta

redistribución...

—¿Estamos terminando un período que pudiera calificarse de marginación?

—Ha habido, en este período del que salimos, una marginación política de todo el país, ciertamente. A la

gente se la ha enseñado que no debía entrar en política, y la gente no había mostrado interés por la

política. A cambio de eso, se le ha vendido, no cabe duda, un mayor bienestar individual, porque el

desarrollo español, que es un desarrollo frágil, se ha hecho sobre la base de un cierto tipo de consumo.

Entonces, yo creo que lo que si ha faltado, y lo que sigue faltando todavía, es cohésion social, sentido

comunitario. Para eso, como decía, es necesaria una sociedad un poco menos desigual. Y educación

política y de toda clase. Todavía el país necesita unos cuantos años, un largo periodo de culturización, de

Cultura con mayúscula. Nosotros defendemos una cultura libre, una cultura adogmática, una educación

continuada, independiente, en la que el Estado tiene que jugar un papel sin duda importante.

—¿Votará socialdemócrata el universitario español?

—Yo digo muchas veces que España, políticamente, es un libro cerrado. No se sabe que votará cada cual.

Depende de si somos capaces de explicarle de que se trata. E| universitario es un nombre joven que tiende

a las soluciones netas, y la socialdemocracia es una solución, en cierto modo, posibilista. Posibilista en el

sentido de que partimos de una realidad que es la de hoy, y nosotros entendemos, si me permites la

autocita, que la única revolución real es la revolución posible.

—Termine de definir esa condición de socialdemocracia...

—Es la postura de olguien que creo que la democracia política en España es inseparable de una

transformación de la sociedad española, y de que esa transformación debe hacerse por la vía de la

reforma, y no por la vía de la revolución.

—Pero transformación lo ha habido en los últimos años...

—Se trata de adecuar el ritmo y el modelo para esa transformación, por otra parte inevitable.

—En este país, a la hora de recoger votos. ¿puede ganar el miedo?

—Yo creo que ya no.

—La derecha parece tener mas prisa que nadie porque las elecciones se celebren cuanto antes.

—Es lógico. A medida que avanza el tiempo, el pueblo va madurando políticamente y va tomando

conciencia de las opciones y va teniendo menos miedo. Y por tanto, el voto del miedo lo va perdiendo la

extrema derecha e incluso la derecha.

—¿Hay alguien que esté utilizando lo economía, la situoción crítica de la economío, como un arma

electoral?

—Yo creo que la economía, en su actual situación, está preocupando con toda razón a cuantas personas

tienen responsabilldad..., sean de uno u otro lado. La economía está, evidentemente, enferma. El retraso

de las elecciones, lo que hace es retrasar la situación del problema. Y en ese sentido es conveniente que

cuanto antes se clarifique la sltuación política. Lo que importa es que el próximo Gobierno pueda

gobernar.

LA IZOUIERDA, UNIDA

—¿Fernández Ordóñez legalizaría al Partido Comunista?

—Por supuesto. Lo dije hace tiempo, cuando no lo decía nadie.

—¿La oposición democrática española está unida?

—En determinados temas sí lo está. Por ejemplo, en las condiciones que deben presidir el acceso a la

democracia. Que son, como se ha dicho repetidamente, muy simples: la libertad para todos los partidos

políticos, las libertades políticas y sindicales...

También lo está en cuanto a legalización del PC. Porque entiende que hay una norma fundamental en la

democracia: que todo ciudadano tiene derecho a elegir y a ser elegido, y que cualquier perturbación en

esa norma, cuando afecta a porcentajes importantes de la población, es perturbadora. Y desde luego, si la

segregación se hace solo con un lado, en este casa con la parte izquierda del espectro, y no con la derecha,

pues encima plantea más problemas, como es natural...

—También la derecha parece unida, aunque sea en los aspectos contrarios.

—A la derecha la unen siempre los intereses. Y yo plenso que, al final, la derecha, en el sentido en que

me estás preguntando, es decir, la derecha conservadora, o tradicional, acabará uniéndose efectiva y

eficazmente.

—¿Hay mucha gente de derechos que en lo actualidad estén en la oposición?

—La derecha, entendido en sentido soclológico, yo entiendo que ha estado mas integrada en el

franquismo. La oposición, en su sentido general, ha recogido más a los grupos de izquierda que de

derecha. Y el franquismo es evidente que ahora está en la oposición. En la oposición no democrática.

—Al Gobierno parece molestarle que la oposición de izquierdas se autodenomine democrática. Dice que

está por ver...

—Pero es verdad que es democrática. Lo es porque pide, pedimos, elecciones libres y proceso

democrático. En este momento es cierto que todavía no hay libertades políticas ni sindicales en España.

Entonces todavía hay un sector de ciudadanos que está pidiendo que se den... Aunque me remito a lo que

decía al comienzo de esta conversación: a la necesidad de desmitificar la oposición como sustantivo.

—Por lo general se considera que el PC está, o podría estar, en el límite de las ideologías legalizables.

Parece, en cambio, que hay otra serie de grupos a la izquierde del «pecé» ¿Se les desprecia, o es que no

tienen mayor valor de consideración?

—No conozco la implantacion real de los grupos de la llamada extrema izquierda, ni se su fuerza real o

sus posibilidades... Lo que sucede es que muchos de estos grupos están fuera del juego parlamentario

porque se autoexcluyen. Muchos de ellos son auténticamente extraparlamentorios por voluntad propia.

EL LUJO DE LA POLÍTICA

—Asistimos a una auténtica plétora de líderes políticos. ¿Tan atractiva es la actividad política? ¿Es, tal

vez, por su rentabilidad?

—Bueno, en mi caso, yo no estoy dedicado a la política. Es decir, tengo un trabajo profesional y sólo una

parte de mi tiempo puedo dedicarlo a esa actividad pública. No me puedo permitir el lujo de dedicarme a

la política. ¿Un lujo?. Bueno, por lo menos en España, si uno quiere estar limpiamente en la política sin

ocupar cargos públicos, evidentemente es un lujo.

—¿En tal caso, a lo que aspiran los políticos es a un escaño de diputado o senador?

—Si yo aspirara a un escaño de diputado no me ocuparía de estos temas. Es decir, que... Yo pienso que en

mi vida he tenido prácticamente lo que he querido; he podido tener otras oportunidades, que he

rechazado; he renunciado incluso a lo que tenía y, por tanto, el ser diputado por cualquier provincia

española no es algo que me fascine especialmente. Yo he luchado, y seguiré luchando, por una cierta idea

de la sociedad española, y eso es lo que me importa. Realmente yo me veo a mí mismo bastante

despojado de ambiciones personales.

—Personas de ideología tan diversa como Licinio, Fraga o Tierno se han referido recientemente a la

corrupción pasada. ¿Tanta hubo?

—Yo creo que la palabra corrupción se puede convertir en una palabra vacía o en una palabra con

sentido, según se interprete. Es decir, ha habido

—yo así lo entiendo— inmoralidades administrativas, situaciones de abuso del poder, todas estas cosas;

pero también las hoy en otros paises abiertamente democráticos. Llega, incluso, a extremos inconcebibles.

Es decir, que yo no extraería ninguna conclusion general. Lo que sí parece claro es que en un sistema de

control público de la gestión pública, parece más dificil la inmoralidad y el abuso de poder que en un

sistema donde este control no exista.

—Desde su propia ideología socialdemócrata, ¿mantendría los actuales esquemos del INI, Instituto

Nacional de Industria, que en otro tiempo presidió?

EL INI

—Si. Yo he dicho muchas veces que el INI va a seguir siendo una pieza importante en la economía

española, porque responde a la idea de la economía mixta, porque sigue respondiendo a unas necesidades

evidentes; ahora bien, también está claro —y me remito a mis propias palabras, cuando presenté por

primera vez un proyecto sobre el INI en la economía y en la sociedad espanola—. Era un documento

donde se explicaba como interpretaba yo el Instituto, cuáles eran sus misiones, donde tenía que estar y

donde tenía que no estar y como tenía que estar. Y yo me atengo a aquel programa. Fundamentalmente yo

diría que el INI, así lo entiendo, debe conservar su misión, redefinida pero sobre las líneas del control

democrático de su gestión y de su actuación.

—¿Para empresas con mala salud y exclusivamente durante esa etapa de mala salud?

—No. Ni mucho menos. La empresa pública tiene una función mucho más amplia que lo de recoger los

enfermos e impedidos. Tiene una función de presencia, para cubrir zonas donde la empresa privada no

llega, para entrar en sitios donde la empresa privada llega mal, para romper situaciones de monopolio...

—Pero también, y siempre, para ser rentable. ¿O no?

—Yo presenté el concepto de rentabilidad social. La empresa pública tiene que tener en cuenta, junto con

el criterio de rentabilidad económica clásico de la empresa privada, un criterio de rentabilidad social.

—Por ejemplo, ¿incluiría en el INI a la actual cadena de Prensa del Movimiento, según se ha dicho?

—No. No la veo ahí como tal Prensa del Movimiento.

—Ampliaría los actuales campos de actividad del INI?

—No, no los ampliaría. Creo que están suficientemente definidos. Lo que mejoraría es la gestión, si es

posible. Y utilizaría también la empresa pública para hacer una serie de ensayos, como laboratorio de

determinadas experiencias, con fines sociales, en el sentido de que puede ser la empresa pública el primer

campo de acción de la llamada democracia económica.

—¿Qué imagen pública va consiguiendo la socialdemocracia española?

—Pienso que caemos bastante simpáticos a la gente, porque no somos agresivos, porque no atacamos a

nadie. No tenemos acritud. Somos gente pacífica. Buscamos un sitio al sol...

(«Ya debes tener bastante. ¿no crees?», dice, al cabo de tres cuartos de hora de conversación y de un café.

Le digo la dificultad que tiene para el periodista el que su interilocutor responda tan concisa y

brevemente. Obliga a buscar cuestión tras cuestión, pregunta tras pregunta. Al teléfono. Pio Cabanillas,

Lasúen, Cercós. El flamante Presidente de la FSD, en la sala de juntas, atiende al periodista, al político, a

la empresa privada, con los nervios distendidos y los ojos vivaces de siempre...)

José CAVERO

(Fotos de Julio MARTÍNEZ. Caricatura de Caros VIGUERAS)

 

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