Autor: Cortezo, Jaime. 
   Reflexión demócrata-cristiana     
 
 Ya.    16/11/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 8. 

REFLEXION DEMOCRATA – CRISTIANA

Hasta el 25 de septiembre pasado, Jaime Cortezo, autor de este artículo, fue secretario general de

Izquierda Democrática, vicepresidente de la Federación de la Democracia Cristiana y vocal del Equipo

DC. Las razones por las que ahora milita en el sector democristiano de UCD están expuestas por él

mismo:

Deliberadamente llevo más de tres meses sin haber publicado ningún artículo periodístico. Ello es debido

a haberme impuesto un período de reflexión después del fracaso electoral que tuvimos en la Federación

de la Democracia Cristiana y a no querer dar la impresión de pretender provocar escisiones en el partido

al que pertenecí durante casi veinte años. Pero superado ya lo anteriormente expuesto, mi vocación

política me lleva a hacer unas personales consideraciones demócrata-cristianas ante el porvenir que se nos

abre después de las elecciones del mes de junio. Estas reflexiones no son meras especulaciones, sino que

se basan en datos que he conocido por el puesto de observación tan privilegiado que tuve en la campaña

electoral y los meses que siguieron a la misma.

En la época de tolerancia y de legalidad creímos muy sinceramente que la opción DC tendría una gran

acogida por el pueblo español. No era sólo la cierta similitud con los casos de Italia y de Alemania al

desprenderse de sus respectivos totalitarismos, sino las cifras favorables que nos daban algunas encuestas

de los últimos años del franquismo y, muy especialmente, la que encargó el Equipo DC en diciembre de

1976. Esta última estaba avalada por el prestigio del profesor Linz, quien dispuso de una base de 8.000

encuestados y arrojaba una votación demo-cristiana del orden del 16 por 100.

A pesar de estas buenas perspectivas y del sistema proporcional para el Congreso, el Consejo Político de

la FDC de últimos de abril consideró necesario—por 33 votos contra 30—presentarnos a las elecciones

dentro de la coalición del Centro Democrático; pero una cláusula de la Federación nos impidió dar

cumplimiento a esta votación por no haber alcanzado el quórum de dos tercios. De esta suerte, estábamos

condenados a presentarnos en solitario, lo que hizo que el público se escandalizase por nuestra arrogancia

y, en su consecuencia, tuvimos un fuerte descenso en los índices de las encuestas y que no íbamos a

remontar, sino incluso a empeorar, reflejándose en la votación tan bajísima del 15 de junio que todos

conocemos.

No creo equivocarme si digo que los electores demócrata-cristianos que no votaron a la FDC (es decir, un

14 por 100 del total del electorado, según la encuesta del doctor Linz) lo hicieron a favor de la Unión del

Centro Democrático en razón a figurar en ella el Partido Demócrata Cristiano y presentar un programa

electoral que no difería del de cualquier partido DC de Europa.

Se ha ponderado hasta la saciedad la limpieza y la serenidad de aquellos comicios; pero yo quiero señalar

aquí, también, que la tendencia muy mayoritaria de los electores fue la de optar por partidos o coaliciones

con posibilidades de alcanzar el triunfo. Creo que esta tendencia será un componente constante a la hora

de decidir los votos en varias elecciones venideras, y esto priva de futuro a una solución de signo

exclusivamente demócrata-cristiana a causa del fracaso de la Federación de la Democracia Cristiana. El

pretender mantener esa línea es apartarse de la fidelidad a la democracia, ya que los políticos

verdaderamente democráticos tenemos que seguir las pautas que nos marca nuestro propio electorado;

otra cosa sería elitismo.

Siendo que los votos demo-cristianos (aproximadamente un 14 por 100 del electorado total, según lo

dicho anteriormente) han preferido la UCD, es en ella donde debemos aportar nuestros esfuerzos y

nuestra experiencia, con la humildad propia de los vencidos, para que esta Unión tenga el mayor grado

democristiano posible y respaldándonos para ello en esta gran aportación de electores que fueron

encuestados como demócrata-cristianos y que, sin duda, mantienen su filosofía política después de las

elecciones.

Me alivia el pensar que al no haber podido nunca alcanzar una mayoría la DC hubiese tenido que pactar

en el Parlamento; mientras que ahora— : los democristianos de la UCD—tendremos que contrastar nuestra

ideología y fuerza dentro de este partido, que es —y que puede seguir siendo— mayoritario. Por ello

creo que, amortiguando añoranzas muy queridas, debemos reforzar la UCD, mediante la cual podemos ver

cumplida gran parte de nuestra ideología política, máxime cuando en ella figura un partido con el que

siempre hemos estado hermanados, aunque, para nuestra desgracia y por culpa, de un sector minoritario

de la FDC, lucharemos en candidaturas diferentes.

Jaime CORTEZO

 

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