Autor: Gordon Pérez, Mercedes. 
   El consumidor  :   
 Panorama del credito en los grandes almacenes. 
 Ya.    19/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

PANORAMA DEL CRÉDITO EN LOS GRANDES ALMACENES

Su utilización es masiva y popular • La diéntela que antes pertenecía a la clase media y baja y a la obrera

se incrementa hacia la clase media alta • El 70 por 100 de las tarjetas de crédito se conceden a

matrimonios.

La mujer casada que trabaja fuera del hogar tiene acceso al crédito; la que no trabaja, no, si no es con

consentimiento del marido.

También tienen dificultad de crédito los varones que no han cumplido el servicio militar y están en edad

de ser llamados a filas.

Los grandes establecimientos vigilan para que sus clientes no caigan en endeudamiento excesivo.

EN las grandes ciudades, como Madrid, Barcelona, Bilbao y otras, el crédito que los grandes comercios.

facilitan al consumidor es utilizado muy masivamente por clases trabajadoras. Por esto nos parece

necesario referirnos a ellos.

La mayoría tiene el negocio montado sobre la venta al contado y a treinta días para los bienes de consumo

no recuperable. Desde hace un par de años se ha iniciado la venta con pago

aplazado de rapa con un recargo del 1 al 1,50 por 100. En electrodomésticos, mobiliario y equipamiento

de hogar la financiación se hace con letras. Cada vez se atienen menos (esto ocurre en todo el comercio,

grande y mediano) a la ley de ventas a plazos, que obliga a una entrada inicial del 35 por 100 del importe

total, y el resto, con pago aplazado ¡hasta dieciocho meses.

Las tarjetas de Jos grandes almacenes como medio de crédito tienen un interés del 1,50 .por 100 sobre el

saldo deudor facturado. Es un crédito caro, reconocen, pero es donde se corre más riesgos y no hay

posibilidad de recuperar lo comprado: mercancía ligera, como ropa, regalos, perfumería, etc.

En el crédito de los grandes comercios, según parece, no rige el juego de la libre competencia. Se pone de

acuerdo respecto al interés a aplicar en las distintas modalidades. ¿Es esto un pacto colusorio? Por lo me-

nos es un atentado contra la libre competencia, que supongo debe regir también en el mercado del crédito

al consumidor.

La clientela

Es interesante conocer quiénes son los clientes del crédito de los grandes comercios. He llegado a con-

clusiones que considero válidas.

La edad del consumidor cliente del crédito de los grandes establecimientos comerciales oscila entre los

veinticinco y los cincuenta años, pero ía mayoría está entre los veinticinco y los cuarenta. La distribución

puede hacerse así:

• 70 por 100, matrimonios. El titular del crédito es siempre el marido.

• 10 por 100, mujeres casadas con trabajo fijo fuera del hogar.

• 15 por 100, solteros, divorciados, separados.

• 5 por 100, varios: viudos, jubilados.

Es el momento oportuno de referirnos a los problemas del acceso al crédito. Entre las discriminaciones

practicadas en España está en primer lugar la de la mujer casada que no tiene trabajo fijo fuera del hogar

y, por tanto, no se le acepta ni se le da crédito si no es con la equiescencia del marido, aunque tenga ella

bienes propios. Esto ocurre a nivel bancario y a nivel de gran almacén, tanto sobre un crédito personal

como sobre una tarjeta de crédito.

Una discriminación singular es la que se practica para con los varones menores de veintún años, por

aquello de la inseguridad en su solvencia a la hora del servicio militar. La joven menor de veintiún años,

con trabajo fijo y estable, no tiene el menor problema de crédito, si es soltera, en los grandes almacenes.

Hemos visto algunas fichas modelo .para la selección del crédito en algunos grandes comercios. Se piden

innumerables datos con el fin de saber el grado de estabilidad monetaria de la familia y el individuo. No

me ha parecido que entre nosotros se produzcan discriminaciones por razón de religión o raza. Pero des-

conozco la capacidad de crédito que pueda tener un gitano que trabaja.

Dentro de la ordenación

del crédito, el tema de las discriminaciones es digno de revisión, regulación y mayor justicia. El libre

acceso al crédito hay que enfocarlo, por encima de los derechos del consumidor, como uno de los

derechos de la persona humana.

El endeudamiento excesivo

El peligro de que el consumidor se endeude por encima de sus posibilidades es tema muy serio que causa

muchos perjuicios al inconsciente consumidor.

El endeudamiento excesivo" por uso simultáneo de diferentes tipos de crédito que lo provocan y seducen

y le ofertan bienes y servicios apetecibles sin exigirle entrada, inicial siquiera, puede poner en peligro la

solvencia del c o n s umidor consciente en épocas de crisis y recesión, cuando en un momento dado los

ingresos ipueden fallar y la fuente de crédito personal ser cortada.

El endeudamiento excesivo puede convertir al consumidor buen pagador en un mal cliente, calificado de

moroso primero y miembro de ese club amarillo o negro, cuyas listas se intercambian los grandes comer-

ciantes entre si.

¡Ah, si los consumidores llegaran a organizarse! Podrían montar una central de información sobre el

crédito: tasas de interés, imposición de cláusulas abusivas, contratos incorrectos y entidades que practican

contra los derechos del consumidor.

Los gran des establecimientos se preocupan al máximo, en interés propio, cosa obvia, porque un cliente

no se les tuerza, no pase a moroso y se llegue a tener que descargar su cuenta. Un cliente así no es ren-

table. Para lograrlo son capaces de volverlo loco. Hay que lograr—dicen—que pague su mensualidad sin

que se le acumule con la siguiente.

Una evolución

Hasta hace un par de años, los clientes del crédito en los grandes almacenes pertenecían a la clase media

baja y a la clase obrera alta. En esta dimensión social se está produciendo una evolución digna de

mención por cuanto desnivela la función social del crédito. Desde hace tres o cuatro años, la clase media

alta está engrosando considerablemente los ficheros. May clientes hasta económicamente fuertes que

compran a plazos por aquello que decíamos de defender el poder adquisitivo del dinero: comprar con

precio de hoy y pagar con dinero de dos años después es hacer una inversión.

Últimamente, con la acentuación de la inflación y de la inseguridad económica. se han restringido no sólo

las compras a plazos, sino los movimientos de otras fórmulas de crédito popular al consumidor. La

situación afecta doblemente al mercado. El consumidor se retrae y el dador del crédito restringe y exige

cada vez más garantías.

La situación de inflación continuada y acelerada que sufrimos discrimina a los consumidores en dos

grupos: familias con altos ingresos que compran anticipadamente por temor a mayores alzas. Y familias

con bajos ingresos que no pueden comprar aunque lo deseen por no disponer de dinero.

Mercedes Gordon

 

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