Autor: Alcaraz, Felipe. 
 Campaña al Parlamento andaluz. Tribuna Libre. 
 Unidad de izquierdas para el Gobierno andaluz     
 
 El País.    21/05/1982.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

18/NACIONAL

POLÍTICA

EL PAÍS, viernes 21 de mayo de 1982

Campaña al Parlamento andaluz

Unidad de izquierdas para el Gobierno andaluz

FELIPE ALCARAZ

"El PSOE", dice el autor, "al tratar de presentarse como una alternativa autónoma y pretender gobernar en

solitario tras su posible victoria en las elecciones andaluzas, puede frustrar el proyecto de un auténtico

cambio para Andalucía. Cambio que podría llevarse a cabo", afirma, "si el primer Gobierno andaluz

estuviera integrado por socialistas y comunistas."

Lo que a primera vista destaca en la campaña electoral andaluza es la sensibilidad política a flor de piel de

los ciudadanos y su sentido de la movilización y la unidad. Precisamente esta es la imagen que mejor

retrata aquella fecha inolvidable, impagable, del 28 de febrero de 1980. El pueblo andaluz, que de todas

formas ya lo tenía claro, terminó de comprender sobre los hechos la capacidad de movilización y

transfomación de la unidad; el pueblo andaluz, desde entonces, día a día, viene demostrando que ha

comprendido que la única esperanza de cara a un futuro más justo se basa en la organización de sus

propias fuerzas.

Es decir, sin unidad social y política en torno a un programa de cambio y transformación no hay

esperanza para Andalucía. Por eso los comunistas insistimos en ese tema y no dejamos de reiterarle al

PSOE que juntos iremos más deprisa, juntos iremos más seguros, juntos iremos más lejos.

El PSOE solo, por su parte, como alternativa autónoma y, a la vez, intentando ocupar todo el espacio de la

izquierda, no hace sino recaer a diario en uno de los errores que le han puesto plomo a las alas de la

transición. Ni el PSOE en solitario podría aplicar una política de izquierda en Andalucía ni los

comunistas, desde la oposición, tendríamos aún fuerzas para imponer una política de cambio y, por tanto,

de aplicación rigurosa del Estatuto andaluz.

En este sentido, a la hora de hablar acerca del primer Gobierno de Andalucía, es inevitable, si se quiere

abrir de verdad la puerta del futuro, hablar de un Gobierno con mayoría de izquierda, que sea fiel reflejo

de la composición del Parlamento autónomo y que, por tanto, cuente con presencia comunista.

Andalucía, efectivamente, necesita un Gobierno mayoritario, apoyado en una amplia base parlamentaria y

social, al margen, pues, de pactos circunstanciales y componendas esterilizantes.

El PSOE, si de verdad quiere aplicar una política de cambio que levante Andalucía sobre la base de

sus propias riquezas y potencialidades, en el marco de un Estado solidario, no puede gobernar en minoría.

Sobre todo si esta minoría es tal porque no acepta ser mayoría con los comunistas. Cuando el equipo

dirigente del PSOE mantiene que va a gobernar en minoría, en realidad está diciendo que, en la práctica,

no le desagradaría gobernar junto a UCD o con la bendición, al menos, de los centristas.

En definitiva, un partido de izquierdas que quiera aplicar una política de progreso y cambio no puede

gobernar en minoría, sobre todo cuando puede conseguir una mayoría de izquierda, a menos que el PSOE

intente basarse en la idea, enervante para el pueblo, de que "nada se va a poder hacer en los próximos

veinticinco años".

Así pues, o el PSOE gobierna con el PCA o lo hace con UCD y AP, o bien, en todo caso, gobierna en

solitario aplicando la política del centro y la derecha.

Un nacionalismo errático

¿Y qué pinta, entonces, en este esquema, el PSA-PA, partido del señor Rojas Marcos? Don Alejandro

dice que la unidad de la derecha suena a movimiento nacional, y la de la izquierda, a frente popular, e

intenta situar a su partido, a la vez, al margen de la derecha y de la izquierda, como si esto fuese posible.

En realidad, y dicho muy claramente, la misión histórica del PSA, trabajada en base a un cierto

bandolerismo electoral, consiste hoy en robarle votos a la izquierda para poner después sus diputados a

los pies de la derecha, tal como ha venido ocurriendo en el Congreso de los Diputados, donde el

PSA-PA ha funcionado más como una sucursal andaluza de UCD que como un partido andalucista y de

clase.

El PSA-PA no apoya la posibilidad de un Gobierno de izquierdas o con hegemonía de la izquierda, e

incluso ha declarado que nunca votará a un candidato de la izquierda. Por su prte, los grandes capitostes

de la CEOE se han atrevido a adelantar que el PSA nunca votará al candidato del PSOE. ¿Qué Andalucía

quiere entonces el PSA-PA? ¿En qué consiste su andalucismo? Hasta ahora el único contenido claro que

han dado es que los andaluces somos muy andaluces. Dicen también defender la reforma agraria, pero,

por lo visto, su programa con respecto a este tema se reduce a que su presidenciable, don Luis Uruñuela,

baile en la feria unas sevillanas con la duquesa de Alba, mientras los colonos, en Olivares, andan a la

gresca con la casa ducal, que intenta imponer condiciones leoninas a unos colonos que cultivan sus tierras

desde tiempo inmemorial a veces.

Así pues, en la práctica, y con respecto a los contenidos políticos, el PSA-PA está hoy más cerca del

centro y la derecha que de la izquierda.

La operación gran derecha y el centralismo

Navegando en el río revuelto de los errores, la pareja que alimenta la operación gran derecha, Fraga Calvo

Sotelo, intenta llevarse al gato al agua o, al menos, mantener las posibilidades de su operación. Sin

embargo, la memoria de los andaluces es muy buena y su cultura política también.

El 28-F de 1980 los andaluces rompimos las previsiones que, con respecto a la configuración del Estado

español, había elaborado el centralismo y la derecha eterna. Se trataba, en principio, según estas

previsiones, de conceder la autonomía plena, exclusivamente, al País Vasco y Cataluña, que,

históricamente, la habían alcanzado ya. Ni siquiera Galicia, en iguales circunstancias, obtendría su

autonomía plena, dada la falta de pulso político que el centralismo allí había documentado. Para el resto

de los pueblos de España se preveía una simple descentralización administrativa y, acto continuo, sobre la

clave política de los agravios comparativos, orquestar un enfrentamiento de todos los pueblos de España

con las autonomías vasca y catalana, posibilitando así el recorte de sus estatutos y, en definitiva, acabando

con el proyecto constitucional dé la construcción de un Estado más justo y solidario: el Estado de las

autonomías.

En este trance del sueño de la razón (de los centralistas), engendrando monstruos (y la LOAPA, algo

después, será uno de ellos), se produce la victoria andaluza del 28-F. La conquista de la autonomía plena

de los andaluces, a contracorriente y contra todo pronóstico (las encuestas fallaron estrepitosamente), abre

una dinámica de aplicación rigurosa y urgente de la Constitución y, en concreto, del título VIII, referido a

las autonomías.

Pero la contraofensiva centralista y monopolista no dejaba de maquinar y trabajar. La derechización

creciente de UCD expulsa a Suárez de su silla y, de inmediato, le abre las puertas del Congreso a Tejeray

los suyos. En efecto, cuando Tejero entra en el Congreso no se trata de la simple aparición de un golpista

más o menos trasnochado, sino de alguien que personifica la contraofensiva de una derecha, más que

dura, berroqueña.

A la sombra del intento golpista, la serpiente prehistórica de la LOAPA aparece con toda su intensidad

castrense, logrando incluso hechizar al compañero Felipe González.

Simultáneamente, don Leopoldo Calvo Sotelo, desechando la política de concertación adecuada al

momento y que se le había recomendado desde las más altas instancias, logra embarcar al compañero

González en una política bipersonal que, según los indicios, se orienta por la perspectiva del bipartidismo

y el reparto de los espacios electorales y políticos.

El bipartidismo

En este sentido, los comunistas decimos tranquilamente (ojalá no tuviéramos nunca que criticar a los

compañeros socialistas): el PSOE, analizando sus errores a lo largo de la transición, errores que le han

restado espacio y capacidad de decisión a los trabajadores españoles, debe comprender que no es una

alternativa autónoma de gobierno y, mucho menos, de poder; y que, por otra parte, a pesar de las

pretensiones del equipo dirigente del partido hermano, nunca ocuparán, ellos solos, todo el espacio de la

izquierda española.

Se trata de una operación peligrosa que, por demás, no va a tener ningún éxito, tal como sentenciarán los

resultados del 23 de mayo. Resultados que, creo yo, van a jubilar a Fraga y Calvo Sotelo posibilitando en

el centrismo la aparición de nuevas opciones menos reaccionarias, y resultados electorales que. van a

reforzar al partido que, en el interior de la izquierda más ardorosamente defienda la unidad, ya que la

unidad social y política en torno a un programa de cambio es, quizá, la última oportunidad de Andalucía.

Felipe Aicaraz es secretario general del PCA y candidato a la Presidencia.

 

< Volver