Autor: Dávila, Carlos. 
 Los socialistas obtienen mayoría absoluta en el Parlamento regional. 
 Alianza Popular reemplaza a UCD como segunda fuerza política en Andalucía     
 
 ABC.    24/05/1982.  Página: 17-27. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

Alianza Popular reemplaza a UGD como segunda fuerza política en Andalucía

A las cuatro de la madrugada y aún a falta de los últimos porcentajes totales, la distribución de

escaños en el Parlamento andaluz era el que figura en el gráfico. A esa hora, Sevilla y Málaga,

con el 94,07 y el 60,8 por 100, respectivamente, de censo escrutado, eran las provincias en las

que no había concluido el escrutinio.

SEVILLA (Carlos Dávila, enviado especial). Las elecciones andaluzas han dibujado, muy

posiblemente, un nuevo mapa político para toda España. Dos grandes trazos han modificado

sustancialmente este mapa que, a trancas y barrancas, ha permanecido incólume desde las

elecciones generales. Las de hoy en esta región han sido decisivas; por un lado, por la victoria

apabullante del Partido Socialista y, por otro, por el hundimiento de UCD, que ha producido el

ascenso espectacular de Alianza Popular. Andalucía ha cambiado y España entera, sin lugar a

dudas, también lo ha hecho.

Lo de menos para mí, con ser muy importante, es la práctica desaparición del Partido Socialista

Andaluz, un grupo nacionalista de izquierda que ha quedado borrado de este mapa en uns

elecciones que eran, precisamente, las suyas. Tampoco el fracaso del Partido Comunista ha

supuesto sorpresa alguna; era esperado y viene a confirmar la crisis de una formación

envejecida, que ha perdido constantemente credibilidad desde las primeras elecciones

generales. ¿Qué resulta pues más importante, el triunfo del PSOE o la derrota espectacular de

UCD? Si se mide por sus consecuencias inmediatas las que, posiblemente vaya a tener en los

próximos días, el fracaso centrista. No hay en esta ocasión, siquiera, disculpas técnicas de las

que echar mano, porque la campaña no ha sido mala. La verdad incontrovertible de tas urnas

proclama que este electorado andaluz ha negado fiabilidad política a UCD. Ni más ni menos.

La clave, a mi juicjo, de este fracaso, radica en la deplorable política autonómica de UCD, que

ha sido en Andalucía aún peor que en el resto de España. El fiasco de aquel desgraciado 28 de

febrero del 80 en el que UCD quedó, como partido, desautorizado ante la mayoría de los

Andaluces, ha sido determinante para entender el voto de castigo —asi cabe calificarlo— que

hoy ha recibido en toda la región. UCD ha querido rectificar, pero ya no ha sido a tiempo y

como, además, sus permanentes crisis internas han destrozado su imagen de equipo serio y

confiable, el electorado le ha dado la espalda. Quizá algún día lamente la forma y la

espectacularidad con que ha penado a tos centristas, pero eso, ahora, es lo de menos.

Los socialistas han arrollado en mayor proporción de la que cabía pensar hace unos días. El

PSOE es en Andalucía un partido andaluz y ésta no es ninguna perogrullada. Sus grandes

dirigentes son de esta tierra y los que le proporcionan mayor relevancia. Por eso se entiende su

triunfo. Cualquiera que presenciara en directo el pasado viernes el mitin, entre político y

folclórico, del PSOE, hubiera podido deducir este resultado. Cabía algunas dudas porque, en

ocasiones, los apoyos públicos no se corresponden con los sufragios en las urnas. Pero esta

vez sí. El PSOE, que gobernará con tranquilidad y en solitario en Andalucía, se encuentra en

una tesitura de tremenda responsabilidad. Se ha convertido quizá en el partido-eje de la política

general española, en la única formación que na resistido estos años de democracia. Cabe

pensar si aprovechará la coyuntura para moderar su estrategia y su pensamiento y sabrá estar

a la altura de las circunstancias sin forzar los acontecimientos, táctica esta que sería, a mi

juicio, enormemente perjudicial en estos momentos.

Pero si triunfal ha sido el día, éste 23 de mayo, inolvidable para el PSOE, tanto o más lo será

para Alianza Popular, un partido hasta ahora testimonial en Andalucía, que ha recogido el gran

voto de los descontentos de ÜCD, los sufragios útiles que hace cuatro años apoyaron la opción

entonces representada por Adolfo Suárez. Es evidente, pero no indiscutible, quo con este

resultado tan ventajoso para Fraga Iribarne, sus tesis sobre la «mayoría natural», identificada a

menudo con la gran derecha, ha quedado reforzada. Habrá, sin embargo, que vivir las fechas

venideras para conocer hasta qué punto la teoría fraguista se abre camino en la política

general, porque existe una franja cierta y de dos o tres millones de votantes que están ahora

mismo necesariamente identificados con esta opción. Es posible, desde luego, que el tráfico

UCD-AP, visible y corriente en tos últimos tiempos, se haga ahora más intenso y que el grupo

de Fraga, mínimo cuantitativamente en el Parlamento español vaya engordando sucesivamente

a la vez que, claro está, adelgaza el de UCD. Para conocer las consecuencias decisivas de

este lanzamiento aliancista hay que esperar unos días. No demasiados porque el nuevo mapa

va a terminarse de dibujar antes de que el balón eche á rodar en el Mundial futbolístico.

De los detalles técnicos de esta noche, el más destacable es la nula efectividad del entramado

informativo que se ha montado en Andalucía. No sé —aunque lo sospecho— de quién o

quiénes serán las culpas, pero lo cierto es que se ha vuelto a repetir, con de-graciada

coincidencia, la noche de las primeras elecciones generales, cuando los datos que todo el

mundo parecía poseer oficiosamente eran retenidos oficialmente en algunos despachos. Al

final esta técnica dilatoria no sirve, desde luego, para nada. Cómo un aviso a tos navegantes

que no creen el nivel cívico de un pueblo en democracia, el ejemplo de tranquilidad dado hoy

por los andaluces no puede echarse en el saco del olvido. Las elecciones han sido un modelo

de convivencia en la libertad. La abstención, con ser importante, no me parece cuestión sobre

la que haya que construir una teoría desencantada, por tres razones: primero, porque son las

primeras regionales celebradas con este grado de participación; segundo, porque,

desgraciadamente, el censo aún deja mucho que desear (si no que se lo pregunten al propio

delegado del Gobierro, Pérez Miyares, que no ha podido votar), y tercero, porque en domingo y

con este calor (cuarenta grados en Sevilla) los ciudadanos escasamente concienciados suelen

preferir el campo o la playa.

En esta crónica de urgencia, escrita cuando las manifestaciones de gozo socialistas y

aliancistas son notables en las calles de Sevilla, no caben muchas más cosas que el voto,

como decía, se ha bipolarizado en dos fuerzas parece que conformadas, que al final la gran

polémica de los empresarios ha favorecido a Alianza Popular y no perjudicado al PSOE.

 

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