Autor: Figueroa, Emilio de. 
   Necesidad urgente de una acción económica     
 
 Ya.    22/09/1976.  Página: 44. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

NECESIDAD URGENTE DE UNA ACCIÓN ECONÓMICA

El deterioro progresivo de la situación económica puede dar al traste con la democracia.

No existe orden de prelación entre acciones políticas y económicas.

Las tensiones sociales hacen muy difícil un clima dé responsabilidad y de libertad políticas.

No compartimos la opinión de, loa que creen Ni que la acción, del Gobierno en el campo económico

puede esperar hasta que se haya llevado a cabo el proceso de transformación política hacia la democracia.

Y ello por tres razones fundamentales: en primer término, porque el deterioro progresivo de la situación

económica puede dar al traste eon la propia democracia; en^ segundo, porque no existe ningún orden de

prelación entre las acciones políticas y las económicas, al influirse ambas mutuamente, y tercero, porque

las tensiones sociales que se originan en Una situación económica grave hacen muy difícil la existencia

de un clima de responsabilidad y d* libertad políticas, indispensable para la consulta electoral.

LOS. principales indicadores económicos disponibles actualmente sitúan a nuestro país,. dentro del

panorama europeo, en un lugar muy destacado en lo concerniente al ritmo de inflación, al nivel de paro

forzoso y al desequilibrio exterior. En efecto, .de continuar las tendencias actuales, la tasa de inflación

será este año en España del 20 por 100, superando la de Italia (16 por 100), Irlanda (16 por 100), Grecia

(.15 por 100), Reino Unido (13,5 por 100) y Francia (9,5 por 100), para no citar nada más que aquellos

países europeos donde la inflación es más fuerte. La tasa de aumento del paro forzoso será en el presente

año del 54 por 100 (tasa sólo superada en nuestro continente por Portugal, con un 88 por 100). En lo que

concierne a la balanza de pagos, el déficit comercial ascenderá este año hasta el punto dé no poder cubrir

con nuestras exportaciones nada, más que el 41 por 100 de las importaciones. Agotado el ´."ábrete

sésamo" del crecimiento ctel turismo y de las remesas de emigrantes, el único recurso que nos queda es el

endeudamiento exterior y el agotamiento paulatino de las reservas.

Esta grave situación debería hacernos cornil/ prender la necesidad urgente de iniciar una política

económica, coherente y vigorosa,- dado que, nuestros problemas económicos presentes no se resolverán

adoptando medidas aisladas de limitado alcance, ni con parches circunstanciales, sino con un

planteamiento riguroso y realista de nuestras deficiencias y fallos actuales. Al ser la situación muy

compleja, no caben propuestas ni ´soluciones simplistas y parciales.

SIEMPRE nos ha parecido inútil y demagógico el pretender desmontar rápidamente todo lo hecho (bueno

o malo) en el pasado sin contar previamente con los sustitutivos adecuados. Este grave error se cometió,

sto duda, en nuestra Patria en los años treinta, después de la caída de la dictadura del general Primo de

Rivera, cuya política económica tuvo algunos aciertos- destacados. Entonces—como ahora—hubo quien

pensara que todos los males económicos se debían a una falta de austeridad en el gasto y que las políticas

de obras públicas y de fomento de las inversiones d-e los años veinte constituyeron un grave despilfarro

de recursos, cuando fueron, por el contrario, el primer paradigma de aplicación práctica de la famosa

teoría del "multiplicador" expuesta por Keynes en 1936.

EN el período de 1950-1973, España ha recibido un gran impulso en su desarrollo económico, y si bien es

cierto que nuestro crecimiento ha adolecido de graves defectos estructurales e institucionales

(desequilibrio regional, desigual distribución de la riqueza y de la renta, emigración excesiva" y deterioro

de la balanza de pagos, entre otros), muestra tarea fundamental en el presente y en el futuro deberá

consistir eii corregirlos y superarlos y no en desmantelar irreflexivamente, por mero prurito

revolucionario, toda nuestra obra económica, anterior.

Lo primero y principal d« dicha tarea política y ciudadana será restaurar el equilibrio económico perdido,

tanto en el interior como en el exterior. Para ello conviene desterrar la infausta manía de querer proteger y

mantener la ineficiencia y el despilfarro de que hacen gala muchos sectores públicos y privados de la

economía nacional, a través del círculo vicioso de las continuas alzas autorizadas de precios. Ayer se sube

el precio de la gasolina; hoy, las tarifas de los transportes, los teléfonos y la electricidad; mañana, el

precio del pan, y pasado mañana, los

D. EMILIO FÍGUEROA MARTÍNEZ.—De sesenta y cuatro años. Doctor en Ciencias Económicas y

catedrático por oposición de Política Económica en la Universidad Complutense de Madrid.

Publicaciones más notables: "Teoría dé los ciclos económicos", "Política coyuntura!", "Hegemonía y

declinación económica de Europa", "Curso de Política Económica".

sueldos y salarios, y así sucesivamente. Con esto no se consigue más que el fomentar el "mecanismo de

propagación inflacionista", haciendo inútiles las medidas estabilizadoras de política monetaria y fiscal y

la devaluación de la peseta. Se olvida también que la misión de los precios en una economía de mercado

es no sólo igualar la oferta y la demanda, sino también llevar .a cabo una. asignación racional de los

recursos disponibles, cuya función se desvirtúa cuando los precios se manipulan y administran

arbitrariamente.

La inflación galopante que padecemos (en seis años la peseta ha perdido la mitad de su valor) da origen a

una injusta y arbitraria distribución.de la renta y de la riqueza nacionales, fomenta por doquier la

desconfianza y el nihilismo, creando un clima propició a la subversión d« todos los valores. El paro

forzoso, por su parte, genera tensiones políticas antidemocráticas, enemigas de la libertad y del progreso

social.

A los fanáticos de la revolución política, que consideran lo económico como un mero corolario de

aquélla, convendría recordarles lo que sucedió en Alemania a principios de los años treinta y lo que ha

ocurrido más recientemente en dos países hermanos del otro lado del Atlántico.

AUNQUE metodológicamente sea imposible establecer en las ciencias sociales (a las cuales

pertenecen—como es sabido—la economía y la política) "relaciones de causa a efecto, no cabe la menor

duda de que cuando la situación económica, y, por tanto, la social, se deterioran progresivamente, lo más

sensato es enfrentarse a las mismas sin demora alguna, y no esperar, ad calendas graecas, a que se alcance

una situación política ideal después de auscultar la opinión del pueblo por medio lie las urnas.

Si en lo fundamental no estamos ahora de acuerdo, ¿lo estaremos, acaso, después del sufragio?

Emilio DE FIGUEROA

 

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