Autor: Alcaide Inchausti, Julio. 
   La distribución de la renta en España: Injusta  :   
 Cuarenta años de inoperancia fiscal han concentrado la riqueza en pocas manos. 
 Ya.    13/10/1976.  Páginas: 2. Párrafos: 15. 

LA DISTRIBUCIÓN DE LA RENTA EN ESPAÑA: INJUSTA

El problema socioeconómico español de! otoño de 1976 se ha complicado excesivamente. Se está creando

un clima de enfrentamiento entre obreros y empresarios carente de razón, pues ambos grupos están siendo

perjudicados por la actual situación. La tan desigual distribución de la renta en España, caracterizada por

una acusadísima concentración en el 10 por 100 de la población de renta más alta, incide de forma

impórtente en esta situación conflictiva. Hería necesario, para alcanzar una estructura equilibrada y

coherente dé la distribución personal de la renta española, que la cuarta parte de la que percibe ese 10 por

100 de nuestra población fuera transferida al resto a través de un sistema impositivo más justo y eficaz.

CUARENTA AÑOS DE INOPERANCIA FISCAL HAN CONCENTRADO

Lo "tarta nacional", mal repartida Los pobres, cada vez más pobres, y jos ricos, cada vez más ricos

La clave de la futura democracia española tiene un nombre:

JUSTICIA FISCAL

Hmi entender, el problema socio-económico español del otoño de 1976 se ha complicado excesivamente,

Y lo está haciendo en. forma alarmante, de tal manera que ha dañado al incipiente proceso de

recuperación •económica .que vivimos. Es más: se está creando un clima de enfrentamiento entre

obreros y empresarios, caréate totalmente de base, ya qu«f aunque parezca paradójico, obreros y

empresarios pueden tener razón y, ¡por supuesto, son ruedas del mismo carro. " Éa el momento

presente de ia coyuntura socioeconómica que vivimos hay dos; aspectos que es absolutamente necesario

destacar:

a) La inflación padecida por la economía española, especialmente por lo que se refiere a los bienes de

consumo, ha erosionado significativamente el poder adquisitivo de las rentas salariales. Es inevitable,

por tanto, el restablecimiento de la capacidad de compra de los asalariados.

b) A consecuencia de la Inflación de costes qué gravita sobre la producción, ej excedente neto de

explotación de la mayor parte >Je Jas •empresas españoles, y de forma casi inapelable de los

industriales, se ha, reducido a niveles alarmantes.

Bajo esta premisa resulta evidente que .ambas partes tienen razón o buena parte de ella. Si ed trabajador

ha soportado un crecimiento del coste de la vida del 18 por 100 y eí producto interior bruto, en términos

reales, ha aumentado e! 2 por 100, es obvio que en conjunto, para Mantener su participación real en la

renta nacional, debe obtener aumento del 20 .por 100 en sus ingresos de trateajo. En otro caso se habría

cargado sobre sus hombros la parte mas onerosa d« ía crisis económica.

El empresario, sin embargo, sobre todo él empresario industrial y, en algunos casos, ej empresario agríco-

la y de servicios, comprende que el valor añadido generado en la explotación de su empresa no permite,

sin grave riesgo de quiebra, satisfacer salarios mas elevados. La caída de Ja produc tividad, derivada de la

debilidad de la demanda, y la imposibilidad de trasladar, vía precios, los más altos costes de producción,

da lugar a que el valor añadido obtenido no crezca, o si lo hace sea en términos muy contenidos,

incompatibles con una participación más alta del factor trabajo.

El factor trabajo

En 1975 la participación del factor trabajo en la renta, nacional aumento dos puntos respecto a 1974. En

1976 se repite tal situación, de forma, que la participación del trabajo asalariado en la renta nacional,

evaluada por el INE en el 61,9 por 100 en 1974, pasa al 65,9 por 100 en 1976. Simultáneamente, y por

idénticas razones, el excedente neto de explotación de las empresas, antes de ia distribución de

dividendos, que era equivalente a1 11,4 spor 100 de la renta nacional en 1974, se deprime basta el 6,6 por

100 en 1976. Él excedente neto del sector industrial, evaluado en pesetas constantes, decreció en 1975 el

37,9 por 100, y en 1976 es seguro: que se apreciará también en un decrecimiento considerable.

Ante el dilema, planteado, la conflictividad surge inevitable. Si la distribución personal de la renta

española adoptase un esquema aceptable no habría inconveniente en sostener que el crecimiento de los

salarios habría que adaptado al crecimiento del valor añadido de las empresas, puesto que la acción

contraria supondría inevitablemente ía crisis económica en las empresas y el estimuló de la inflación.

Pero el esquema de distribución de 1a renta personal en España es muy injusto y nada equitativo.

El problema que se plantea, aquí y ahora, a la sociedad española es un problema heredado. Cuarenta años

de Inoperancia fiscal han proporcionado tina acusada concentración de la riqueza entre un reducido

número de españoles. El nivel de vida, medio de los españoles se ha elevado considerablemente a la

sombra de «sos 2.500 dólares de renta per cápita. J?ero la cantidad de riqueza acumulada en pocas manos

es excesiva. La falta de un sistema fiscal ftexibte y progresivo ha contribuido notablemente a esta

cristalización de la sociedad española, conflictiva desde cualquier punto que se mire.

La "tarta nacional"

´No queremos ni deseamos hacer demagogia, pero es justo que los españoles sepan la verdad de como se

reparte la "tarta nacional". Desde hace muchos años, junto- con mi hermano el profesor Ángel Alcaide,

nos hemos ocupado de descifrar los oscuros recónditos de la distribución personal de la renta en España.

En un artículo atribuido a mi, pero que realmente redactó "Cambio 16", se pone en mi boca la afirmación

de que no, hay en España estudios sobre distribución personal de to renta. En realidad, lo que yo había

dicho o que al menos quise decir es que en la publicación del INE titulada "Renta nacional en 1975 y su

distribución" no se trata debidamente el tema de la distribución personal de la renta, porque en España no

hay datos oficiales sobre este aspecto tan fundamental de nuestro esquema socioeconómico.

Existen, por supuesto, estimaciones muy valiosas, entre las que pueden citarse las de José Luis Urquijo,

González Quijano y Pena Trapero, aparte de las que elaboramos aislada o conjuntamente Ángel y Julio

Alcaide.

El Departamento de Asuntos Económicos y Estadísticas dé la OCDE ha vuelto a cometer, respecto a

España, uno de sus habituales deslices. Acaba de publicar en su serie de Estudios Especiales, en julio de

1976, el titulado "La distribución de rentas en los países de la OCDE". El trabajo, cuyo mérito y utilidad

LA RIQUEZA EN POCAS MANOS

global e| innegable, comete la ligereza de analizar los datos españoles sin profundizar en el alcance y

fiabilidad de loe datos utilizados. Concretamente, en la distribución por decilos de hogares de la renta

personal, después del pago de los impuestos, toma para España los resultados de ingresos familiares

deducidos de la encuesta de presupuestos familiares del INE de julio 1973-junio 1974. El propio INE ha

reconocido la falta de fiabilidad de dicha encuesta a estos fines, cosa, por otro lado, implícita en ´ella

misma al superar el gasto corriente de las familias al ingreso obtenido, lo que supondría desahorro

familiar, hecho que contradice la evolución de los depósitos de ahorro en cajas y bancos y la inversión en

vivienda de la familia española. También los datos de contabilidad nacional del propio INE.

La tabla 4 del comentado estudio, que contempla la distribución personal de la renta familiar, presenta los

siguientes resultados.

El estudio que en 1971 publicó el INE, titulado "Diferencias relativas de renta", tiene metodológicamente

el inconveniente de que sólo contempla las familias en que el sustentador principal es asalariado o

inactivo. Es decir, se excluyen los hogares en que el sustentador principal recibe sus ingresos por su

condición de empresario, autónomo o ejerciendo una profesión libre. Los resultados que se citan,

estimados por Ángel y Julio Alcaide, corresponden a un trabajo, todavía no publicado, realizado por

encargo del Instituto de Estudios Fiscales. Resulta de absoluta evidencia que la deficiente estructura de la

distribución personal de la renta española se caracteriza por una acusadísima concentración de la renta en

el 10 por 100 de la población española de renta más alta. Frente a una participación que ronda en torno al

30 por v 100 en los países del antiguo Mercado Común y notablemente inferior en los países nórdicos y

Reino Unido, en España se detecta una participación del orden del 40 por 100. Es decir, que para alcanzar

una estructura equilibrada y coherente con la europea menos avanzada sería necesario que la cuarta parte

de la renta percibida por el 10 por 100 de población con renta más elevada se transfiera, vía impuestos, al

resto de 1» sociedad española. Aquí está, para mi, la clave de la futura democracia española.

Julio Alcaide Inchausti

Director de Coyuntura y Politica Económica del Banco de Bilbao

 

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