Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   O ilusión o apatía     
 
 ABC.     Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

O ILUSIÓN O APATIA

No es impaciencia, es necesidad. Al constituirse el nuevo Gobierno, en su solemne primera declaración se

nos prometió a los españoles proseguir el camino de la apertura para la mayor participación de todos en la

cosa pública. Sin embargo, han pasado casi cien días y ningún síntoma se observa que permita deducir

que se trabaja en este sentido. ¿Qué ocurre? ¿Qué frenos insospechados desaceleran lo que fue esperanza

para muchos? ¿Por qué no se ha iniciado ya y francamente la tarea aperturista?

E1 nuevo Gobierno fue recibido con general satisfacción. La separación entre Jefatura del Estado y

Jefatura de Gobierno, sin merma de ninguna de las facultades atribuidas a aquélla, suponía un paso más

en la puesta en marcha de la Ley Orgánica del Estado. Satisfacción que expresó la Prensa cuando, por

ejemplo, sobre la declaración programática inicial, esperada con notable ansiedad, dijo un editorial de

ABC: «A la tarea de vitalizar nuestro orden institucional, caracterizado por los principios de unidad de

poder y coordinación de funciones, se llama a todos los españoles. Se trata nada menos que de acentuar la

participación en las tareas políticas abriendo cauces cada vez más amplios. Cuantos hemos defendido y

propugnado la apertura progresiva, profunda y ordenada de nuestro sistema, aplaudimos la formulación

gubernamental de llamada a colaborar en régimen de concurrencia de criterios en su puesta en práctica.

Porque, así está dicho, el Gobierno está abierto a cuantas medidas tengan por objetivo el

perfeccionamiento del sistema. Continuidad, sí, pero continuidad dinámica.»

Un Gobierno que se estime debe tener la confianza de todos o del máximo número posible de ciudadanos.

Esa confianza se logra, en primer lugar, mediante el puntual cumplimiento de lo prometido. Y cuando lo

prometido es nada menos que ampliar la base del Régimen, hacer más ágil, activa y positiva la

participación de los gobernados; en definitiva, llevar a la práctica las previsiones de la Ley Orgánica del

Estado, entonces el cumplimiento de lo que se prometió adquiere carácter urgente y prioritario. Y,

precisamente, para quitar armas a los enemigos del sistema, siempre reticentes y siempre afirmando la

insinceridad de nuestros gobernantes. Enemigos que ya enarbolan frases como ésta; «¿Veis? No era

verdad. No quieren la apertura. Quieren seguir gobernando de espaldas a la opinión pública.»

Porque sabemos que ello no es cierto nos atrevemos a asumir esta tarea de recordatorio. Es de sobra

conocido el cúmulo de problemas urgentes que pesan sobre nuestros gobernantes, Pero este que

planteamos también lo es, y quienes nos sentimos dentro de la legalidad constitucional necesitamos

hechos sobre los que apoyar nuestra adhesión. Uno de estos hechos, el más importante quizá, es la

adopción de esas medidas tantas veces prometidas que hagan posible, positiva y atrayente, la

participación ciudadana en las tareas de gobierno.

Y no se trata solo de confirmar una adhesión sincera. Se trata también, y antes que nada, de captar

adeptos, sobre todo en la juventud. A ésta, o se le ofrecen cauces hábiles de participación auténtica o se

margina y aun se pasa al enemigo. La universitaria y la que no lo es. Y hay que precisar que en

manos de los jóvenes está el futuro, un futuro que todos hoy queremos pacífico y esperanzado. Hay,

pues, que crear ilusión y crearla pronto.

Porque en otro caso será la apatía quien sustituya a la ilusión. Un ejemplo; Tenemos señalada para dentro

de unas semanas decisiones municipales. Con la actual legislación electoral es casi seguro que serán muy

pocos los votantes. ¿Por qué no se ha enviado ya a las Cortes un Proyecto de Ley Electoral que se sabe

está en manos del Gobierno? Uno de los peores males que en política puedan darse es el

desentendimiento de los ciudadanos. No es ello señal de paz, sino señal de indiferencia. Y amputar la

dimensión política del hombre es dejarle sin contenido. Por eso hay que gobernar de cara y de acuerdo

con la opinión pública, máxime si se han recogido sus aspiraciones en un programa de Gobierno. Frente

al desentendimiento, la participación. Eso es lo que pedimos, porque eso fue lo que se nos prometió.

Y volvemos a insistir en que de alguna manera debe estructurarse esa participación de forma colectiva.

La política no es tema individual, sino de grupo. Y precisamente ahora en que, bajo la presidencia de un

Jefe de Gobierno, se constituye el máximo organismo ejecutivo de la Nación es necesario no sólo

autorizar, sino fomentar la existencia de otros grupos que en su día puedan ser el relevo indispensable

del que hoy nos rige.

Entenderlo así es potenciar las adhesiones ciudadanas y facilitar la tarea del futuro. Futuro que se nos

presentará atrayente si desde ahora se ponen en juego todas las instituciones, porque es ahora y no luego

cuando se pueden corregir los defectos.

La declaración del Gobierno del mes de junio debe, pues, cumplirse y de forma integra. No podemos a

estas alturas confiar sólo en la Providencia, que, como es sabido, sólo ayuda a quienes se ayudan a sí

mismos.

José María RUIZ GALLARDON

 

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