Autor: Foncillas Casaus, Santiago. 
   Dos años para el futuro     
 
 Cambio 16.    13/12/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Dos años para el futuro

Santiago Foncillas (*)

La característica del tiempo en que vivimos es el cambio: cambio político, cambio sociológico, cambio

imparable que se percibe en los menores detalles de nuestra vida cotidiana. El mundo de la empresa está

inmerso también en esa ola de alteraciones sustanciales y aspira a encontrar una situación de equilibrio y

de consolidación que le permita cumplir con su papel básico de creación de puestos de trabajo y de un

futuro mejor para todos.

En este sentido, al hacer balance de los dos últimos años de la vida empresarial española no aparecen en

el horizonte excesivos motivos para el optimismo. Esto es así, y hay que decirlo así sin que ello quiera

significar que se deje uno ganar por el desencanto y que no ve posibilidades para la superación de algunas

de las dificultades que nos agobian.

Una de esas dificultades la compartimos prácticamente todos los países de Occidente: es la crisis

energética que ha puesto a muchas economías en su situación crítica y nos obliga a hacer cada día un

alarde de imaginación. Los esquemas utilizados hasta ahora no nos sirven. La prospectiva se

ha mostrado muy poco rigurosa en la materia: desde 1973, el ayer parece siempre mejor que el hoy, y el

hoy mejor que el mañana. Pero justamente el rigor de esta crisis nos fuerza a extremar la actuación en la

corrección de algunos problemas que todavía tenemos los españoles.

Estos días se discute precisamente el acuerdo marco que haga posible una negociación más sosegada de

las relaciones laborales. Todos estamos de acuerdo ya en que el consenso, que tan eficaz ha resultado en

algunos temas políticos y que hizo posible los importantes pactos de la Moncloa, no es çuna fórmula

mágica que solucione todos los problemas de una democracia. Parece más bien que la democracia es un

sistema de Gobierno que puede desdramatizar la vida política sin que la confrontación desemboque en

tragedia.

Desde hace más de un año, tenemos una Constitución que enmarca, inequívocamente, el modelo

económico escogido por la mayoría de los ciudadanos: la economía de mercado; pero existen en nuestra

Constitución determinados puntos ambiguos que no han podido especificarse, con objeto

de facilitar el gobierno a las distintas opciones políticas que se mueven en España. Esos puntos están

pendientes de su desarrollo pormenorizado en las leyes que manda desarrollar la propia Constitución. Y

es en esa situación en la que nos encontramos, con una serie de cuestiones legales fundamentales todavía

sin resolver y en las que el empresario español tiene puestas gran parte de sus esperanzas.

De una forma concreta, he de referirme a ese proyecto de ley a punto de salir del Parlamento, que es el

Estatuto de los Trabajadores, y que va a configurar las líneas maestras de la reforma laboral de nuestro

país, indispensable complemento de la reforma política, y que hubiera sido de desear estuviese

plenamente realizada ya en esta fecha.

Con este panorama las perspectivas de la empresa en el futuro dependen mucho de ese marco de

relaciones laborales, de esas leyes que prevé nuestra Constitución (estatuto de la empresa pública, consejo

económico-social, etcétera) y, en general, de la paz social que debe alcanzarse en el mayor grado posible,

una vez que las mismas estén vigentes. Sólo así los empresarios, que estamos conformes con cualquier

fórmula democrática, podremos asumir, al servicio de todos, plenamente nuestras responsabilidades.

(*) Presidente del Circulo de Empresarios.

 

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