Autor: Peregrino, Rafael. 
   Aquellos tiempos en el S.E.U.     
 
 Informaciones.    13/04/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Aquellos tiempos del S. E. U.

Por Rafael PEREGRINO

AQUELLOS tiempos del S. E. U. fueron muy divertidos. Por lo menos entre 1956 y 1964. Las Jefaturas

Provinciales de aquel Sindicato—que nunca se entendió muy bien cómo podía ser el único «horizontal»

en un sistema sindical «vertical» y, además, no depender de Sindicatos— campeaban por sus respetos en

un reino de taifas a veces delicioso y no pocas veces liberal. La Jefatura Nacional era un poco el

exponente de la situación. Los chicos de la F. U. D. E., que se ganaban unas perras en las secciones

culturales del S. E. U. para paliar sus maltrecha:, economías, salían de los locales de Quevedo, número 8,

para sumarse a los manifestantes que daban vueltas y más vueltas a la glorieta al grito monótono de

«¡S. E. U., no!».

Uno cogía los panfletos en los que se atacaba al S. E. U., o en los que se hacía profesión de una

contestación poco grata al Poder, se miraban al trasluz, y aparecía el filtro de agua dibujando el cisne de

Cisneros con su tablero ajedrezado. El símbolo del S. E. U., cuyas remesas de folios alimentaban las

panfletadoras de todos los colores. Hasta en la sala de Juntas de la Jefatura Nacional había una pesada

biblioteca de madera adosada a una pared, y que permitía abrir uno de sus elementos para dejar paso a

una habitacioncita camuflada. Quizá todavía esté allí aquel curioso escondrijo, que probablemente ni

quien lo mandó construir sabía muy bien cuál pudiera ser su utilidad.

El S. E. U. acabó por resultar simpático porque cumplía su tarea asistencia! y políticamente era un

organismo mártir. El último S.E.U. fue una entidad-colchón entre la Universidad y la Administración, que

se llevaba todas las patadas. Sus últimos cuadros de mando lo entendían así y pasaban por el

Sindicato en «rodaje» hacia un cargo de funcionario en Televisión Española o —los más ambiciosos polí-

ticamente— hacia las esferas del Movimiento o de la Organización Sindical.

A aquel S. E. U. le preocupaban mucho «Caceta Universitaria» y sacaba adelante sus propias revistas.

«Signo» y su directo Rafael González también inquietaban algo, no fuera a ser que hicieran buenas migas

con la U. N. E. F. Unión Nacio-nal de Estudiantes Franceses). Pero luego todo quedaba en agua de

borrajas, porque resultaba que algún mando del S. E. U era colaborador de «Signo» o porque Andrés

Garrigó —-quizá el mejor director de "Gaceta Universitaria"— se paseaba de visita amigable por la

Redacción de «El Estudiante», del S. E. U.

El penúltimo jefe nacional del S. E. U. —Daniel Regalado— quiso hacer algo y duró cincuenta y cinco

días en el cargo. Tenía que ser así, porque el Sindicato ya no estaba "para bromas". Se equivoca Regalado

cuando afirma que el S. E. U. murió por la derecha y no por la izquierda. El S. E. U. se hundió en su

propio centro y el Gobierno hizo muy bien en desvalorizarlo a mera comisario asistencia!. Daniel

Regalado sólo fue el catalizador del derribo. Desde luego tuvo un mérito: lograr que su discurso de

apertura académica en 1964 fuera —por vez primera— aplaudido por los estudiantes y pateado por los

catedráticos. Pero Daniel Regalado, que creo quería denunciar honestamente una serie de problemas

estructúrales de la Universidad que ahora se patentizan, cometió un error de apreciación: creer que el S.

E. U. seguía teniendo la fuerza y el crédito de antaño ante la Administración y ante la Universidad.

Así murió el S. E. U. (como le correspondía, con un canto de cisne), sin lágrimas ni inquina. NI los más

exaltados antiseuistas descorcharon una botella por el deceso, porque no merecía la pena el gasto. Aquel

último S. E. U., dicho sea en su honor, ni despertaba fervor ni suscitaba odio. Estaba fuera de época..

A mí me merecen mucho respeto los epígonos del cisne de Cisneros que ahora tocan la música nostálgica

de aquellos tiempos del S.E.U. De entrada tienen nn mérito: reconocen que al S. E. U. una hay quien lo

resucite. Pero argumentan sobre el espíritu de aquel original Sindicato, añorándolo y hasta proponiéndolo

como solución válida a algunos de los problemas que ahora padece la Universidad. Lo malo de este

asunto es que, por pura casualidad cronológica, la última crisis de la Universidad vino a renglón seguido

de la desaparición del S. E. U. Y, claro, resulta de lo más fácil relaciona. lo uno con lo otro. «No hay S. E.

U., "ergo" la Universidad se viene abajo.»

Pues, no. En la Universidad no hay ningún vacío —el presuntamente dejado por el S. E. U. -, sino un

«lleno» completo. Un «lleno» de problemas administrativos, docentes, económicos, organizativos, so-

ciales y profesionales, que ni el mejor S. E. U. del mundo podría resolver. Que sólo resolverá la acción

coordinada del Gobierno y de muchos estamentos de la sociedad hasta ahora desinteresados de a

Universidad junto con una representación estudiantil simple y sincera.

Avocar el fantasma del cisne es una nostalgia que respetó, pero que me parece una forma como otra

cualquiera de perder el tiempo o de escamotear los verdaderos problemas de la Universidad. Dejemos a

los muertos en paz, sus cuerpos y sus espíritus.

 

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