Las ganancias de los bancos en 1976. 
 La economía mal, los bancos bien     
 
 Diario 16.    13/12/1976.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

La economía mal, los bancos bien

MADRID, 13 (D16).—En España, los destinos de la Banca y del resto de la economía española no

siempre están atados. A un año bueno para la economía, corresponde un año bueno para la Banca. Pero a

uno malo para la primera, también corresponde un año bueno para los bancos. Y, a veces, hasta

espléndido.

Mil novecientos setenta y seis no es un año espléndido para la Banca. Es, simplemente, bueno. Tanto

como el pasado, para la mayor parte de los bancos consultados por D16. Sin embargo, económicamente,

1976 pasará a la historia como un año negro.

1975: Peligran las tabernas

El ejercicio que está a punto de terminar es un periodo de difícil definición. Mil novecientos setenta y

cinco fue el de la carrera de las sucursales. Muchos ciudadanos llegaron a temer que no quedara sitio para

instalar tabernas.

Al empezar ese año había en España 5.625 oficinas ^bancarias. Doce meses después estaban abiertas

7.569. En 1976 la tendencia expansionista se detuvo. Tampoco se reproducían en 1976 absorciones de

bancos menores por los grandes grupos. La única excepción fue la compra del Banco Industrial de León

por el de Fomento, una operación que venía •íísrcte negociada desde un año antes. Fuentes del sector sólo

se atrevieron a calificar el año que concluye como de "transición", que no es comprometerse mucho.

Añadieron que está marcado por la búsqueda de forma diversificadas de operación.

~~ ¿Quién es el culpable?

Descrito a trazos muy gruesos, el negocio de la Banca consiste en prestar dinero ajeno, ganando la di-

ferencia entre los intereses que paga y los que cobra.

Hasta no hace mucho, la Banca española gozaba de amplios márgenes de rentabilidad, gracias a los tipos

de- interés bajos y rígidos que pagaba a los ahorradores. Pero, desde 1974, cuando fueron liberados los

tipos de interés para créditos a dos o más años de plazo, el costo del dinero se encareció para los bancos.

Un encarecimiento sólo relativo, porque los mismos bancos que clamaban por condiciones de

competencias, se concertaron entre ellos para fijar tasas de interés uniformes, que en un año y medio se

elevaron del 7 al 8 por 100.

Los banqueros se quejan, cifras en mano, de la declinación en las ganancias. Para unos, la culpa la tiene el

Banco de España, que les somete a una regulación innecesaria, en nombre de una política monetaria que

podría valerse de otros instrumentos. Para otros, aunque comparten esa apreciación, existe un fantasma

adicional: la inflación, que deteriora los activos de los bancos y, al retraer a la masa de ahorradores,

reduce los recursos prestables 3,5 millones en depósitos.

De acuerdo a las cifras disponibles, al 31 de octubre pasado la suma de los depósitos en la Banca ascendía

a 3,5 billones de pesetas. Desde finales de 1975, el crecimiento fue de poco más del 8 por 100, mientras

que la inflación trepaba en el mismo período al 16,3 por 100. O sea, que una parte sustancial de los

ahorros confiados a los bancos se disipó, en términos reales, por obra y gracia del alza de precios.

No son los bancos quienes sufren ese deterioro, si no los ahorradores. De continuar como hasta ahora, la

inflación puede dislocar el negocio bancario, al traducirse en presiones sobre la tasa de interés y en un

cambio de actitud de los depositantes, que buscarán colocaciones más atractivas para sus ahorros.

Los bancos reclaman Las empresas se quejan de que los bancos dan menos créditos. Y los banqueros

descargan la responsabilidad sobre la línea trazada por el Banco de España que —dicen— reduce su

capacidad prestable.

Uno de los blancos de la crítica es el coeficiente de caja, proporción mínima de los depósitos que cada

banco debe conservar en sus arcas, en previsión de una eventual retirada masiva de recursos.

La mayoría de los bancos opina que ese coeficiente, qué actualmente es del 6,75 por 100, debería

reducirse al 6,25, o, quizás, al 6 por 100. En este último caso —siguiendo los datos de finales de octubre

la masa crediticia hubiera podido ampliarse en 350 millones de pesetas. Lo que no cambiaría demasiado

el panorama de asfixia financiera de muchas empresas.

Otro motivo de queja es el coeficiente de inversión, que obliga a los bancos a inmovilizar una parte de los

recursos en títulos públicos ú otras obligaciones asimilables, que pagan intereses inferiores al costo medio

del dinero.

La suma de ambos coeficientes deja en manos de la Banca una masa prestable equivalente al 67,2 por 100

de los recursos captados. Al 31 de octubre ello representaba un volumen de crédito de 2,3 billones de

pesetas.

En este cuadro, la Banca privada afronta el inicio de 1977 en condiciones de endurecimiento del mercado,

que exigirán toda sus virtudes de adaptación. Sobresaldrán aquellos bancos que exhiban mejor capacidad

para captar fondos. Serán más rentables los que con más habilidad apliquen las líneas, que ya se esbozan,

de diversificación de operaciones financieras.

 

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